Archivos Mensuales: septiembre 2014

Digiriendo el camino


Tomamos un bus y en poco tiempo (unas tres o cuatro horas) el clima y el paisaje cambian repentinamente, dejamos la selva para llegar a Baños de Agua Santa, un pueblito en la sierra a las faldas del volcán Tungurahua, que en Quichua significa “ardor en la garganta” y el cual se encuentra todavía ferozmente activo. Es un lugar tranquilo y turístico al mismo tiempo con mucha naturaleza por conocer a nuestro alrededor. Algo cansad@s, paseamos por el pueblo, es pequeñito y se levanta al borde de un precipicio, se encuentra rodeado de cascadas y en su centro destaca la iglesia, pero no por su arquitectura, sino por los pinturescos cuadros que la decoran y en los que se pueden leer extraños relatos de los cientos de milagros que la Virgen de Agua Santa realizó acá, historias curiosas sobre burros que atraviesan ríos, casas que sobreviven a inundaciones,… y destacando como la Virgen con su mano frenó la furia del volcán.

Un malestar que se contagia nos invade, no sabemos si los cientos de picadas que llevamos, el agua de la selva, las emociones, las salsas de la cena, el cansancio,… nos hacen que todas las excursiones programadas se resuman a quedarse en la camita comiendo arroz… digerir el mundo, a veces, no es tarea fácil…

Han pasado cuatro días desde que nuestro cuerpo nos dijo ¡pará! y queremos seguir cuidándolo aunque ya se encuentre mejor. Nos damos un regalito y vamos a las termas que dicen que sus aguas tienen poderes curativos. Éstas se encuentran en un lugar privilegiado, bajo una cascada y con vistas al volcán.Todas las “piscinas” son exteriores, la primera es de un agua templada y muy agradable, lástima que niñ@s y sus familias se lo tomen como  zona de juegos. Las otras dos son extremos termales, primero te sumerges en un agua helada, muy helada, donde llega un punto que sólo sientes cosquilleos que suben por tu cuerpo, esto es la preparación para poder sumergirte en la otra piscina, donde el agua es muy caliente, cuesta de soportar, toda la piel se pone rojiza y parece que vayas a hervir. Son sensaciones extrañas rodeadas de vistas hermosas.

Renovad@s nos despedimos de Baños y aunque apenad@s por no haber podido disfrutar del lugar seguimos nuestro viaje, nos esperan en Riobambaconocida también como “el sultán de los Andes” , a sus 2750 msnm y rodeada por varios volcanes como el Chimborazo, el Tungurahua, el Altar y el Carihuariuazo.

Riobamba tieneun encanto muy especial, mires donde mires, encuentras majestuosos volcanes cubiertos de nieve, que al amanecer y atardecer toman unas tonalidades rojizas que te dejan encandilad@. Al norte de este lugar visitamos Guano conocido por sus artesanías de cuero y poco más. Con otra buseta, que hay quien tiene que ir encorbado, porque la altura de estas combis es para gente pequeñita, llegamos a Cajabamba. Un pueblo indígena y tradicional de nombre muy curioso donde bordeamos la laguna de Colta y parte de las vías del tren turístico que se dirigen a la Nariz del Diablo. Otro día más de mundos distintos… que diferente puede ser tu vida si naces acá,…

Un intercambio de comidas siempre es rico, tortilla de patatas y “pà amb tomàquet” por buñuelos de viento, bolón de verde y dulce morocho, nos encanta… disfrutar de las comidas en casa de alguien del lugar siempre es enriquecedor y más si viene acompañado con una buena conversación y consejos para el soroche.

El sol aún no ha salido y el agua hierve, preparamos mate de coca con bastante panela, la coca es bastante amarga y no muy agradable, pero hoy vamos a las Lagunas de Atillo que se encuentran a 3526 msnm y aún sentiremos más la falta de oxígeno. Tras unas dos horas de viaje bajamos del bus, hace frío, mucho frío, llueve y esta nublado. Estamos en el punto más alto, en la Laguna Negra, pero no vemos nada 😦 la densa niebla nos oculta el paraje. Empezamos a descender por la carretera ya que los caminos son moquetas de agua. Todo es verde y no para de llover, es una lluvia fina pero nos cala hasta los huesos, la humedad del ambiente es enorme y el frío empieza a ser pesado.

“¡Para, para, saca la cámara! Ha despejado un poco y vemos tres lagunas que están conectadas. Es relindo. Pero la niebla vuelve de nuevo y nos oculta toda esa maravilla. ¡Qué pena! Helados seguimos caminando y encontramos unas casitas que parecen barecitos. Miramos, parece que está todo cerrado, pero en una de ellas sale humo por la chimenea. “Toc, toc”. Una señora nativa con sus trenzas y bien abrigada nos abre la puerta. Sentimos el calorcito. Con una sonrisa pone más leña y nos prepara un café muy caliente. Nuestro cuerpo empieza a aclimatarse mmm… que agradable. El gatito corretea por el suelo de madera. Nos quedaríamos gustosamente más tiempo pero mejor seguir caminando. De nuevo en la carretera, parece que la niebla nos deja ver algo más, las montañas y algunas vacas se aprecian en nuestro camino. A pesar de la lluvia disfrutamos, tomamos fotos,… y sin darnos cuenta llegamos a Atillo donde cogemos el bus de regreso.

De nuevo en Riobamba, ¿pero en latinoamérica no ibamos a pasar calor? cuantas cosas no sabíamos y cuanto nos queda por conocer…

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La vida en la selva


Ya no recordamos muy bien como, pero llegamos  a Tena, la entrada a la selva amazónica desde Ecuador. El bochorno es intenso, la humedad y el calor se palpan en el ambiente. El pueblito está atravesado por los rios Tena y Pano, dos afluentes más del inconquistable Amazonas. En la plaza nos esperan, nos acoge una familia de raíces indígenas bien peculiar. Su casa está a las afueras y llegamos en un taxi-van. Se trata de un gran terreno, lleno de árboles inmensos y en el centro una estructura circular con techo hecho de palma donde estan las “habitaciones”. El lugar es muy lindo. Poco a poco vamos sintiendo en nuestra piel la gran vida que acá  se respira.

El día pasa rápido, y la pareja de chilenos que también se encuentran allá hospedados, nos dicen que mañana van a limpiar la poza porque el agua ha perdido presión y hay que desembozarla y nos piden si les acompañamos. Aceptamos gustosamente sin exactamente saber lo que nos espera. Por la noche, caemos rendidos, estamos agotad@s, pero no podemos dormir. El techo de palma es un ecosistema donde viven toda clase de bichos, y todos, de una manera u otra pican.  Es más, tienen libre circulación con el exterior, las mosquiteras no nos sirven de mucho, ya que están rotas y si no, pueden pasar tranquilamente, entre el gran espacio entre la pared y el techo. Probamos con la citronela, pero parece que los mosquitos la usan de perfume , el repelente tampoco les causa mucho efecto, ¿será que lo usan a modo de ungüento?,… en fin, hasta que no descubramos el inmenso poder del palo santo, intentamos dormir, cubriéndonos bien con el saco. Es muy de noche, todo está oscuro, pero necesito ir al baño. Al salir de la “habitación” sigo el sendero que lleva hasta el lavabo que por “suerte” se encuentra iluminado. ¡Pero qué es esto! ¡Si parece una reunión de bichos! Hay de todos los tipos, que vuelan, que saltan, que se arrastran, que se cuelgan, que suenan, que dan luz… también los hay de diferentes tamaños y tonalidades. Cuanta variedad… no sé si podré ir al baño con tanta gente… tomo aire… y descubro a una superaraña gigante peluda que me mira… tomo más aire… yo quería intimidad… Acabo lo antes posible y regreso a la cama. ¡Menuda aventura nocturna!

Amanece, lo hemos intentado, pero estamos llenos de picadas, y lo que nos queda,… ¡no tienen piedad! A la gente de acá no les pican, será que huelen sangre nueva y les gusta variar,…

Tras el desayuno, cogemos fuerzas, vamos a adentrarnos en la selva y la sorpresa… ¡lo haremos descalz@s! La tierra es tan fangosa que te hundes hasta casi la rodilla, así que, ir con nuestras preciadas zapatillas, sería una perdida irrecuperable, ya que al hundir el pie y tratar de sacarlo, nuestro calzado quedaría irremediablemente sepultado. Empezamos a caminar, nos sentimos desnud@s, es  una sensación muy extraña, el contacto total con la pachamama debería remitirnos a nuestros ancestros, pero en su lugar, sentimos miedo, sorpresa, angustia, suavidad,… un saco de emociones. A cada paso, por nuestra cabeza pasan pensamientos como: en cualquier momento me pica un bicho, me muerde una serpiente,  me pincho con una planta venenosa,… Vamos bromeando, y para nuestra propia seguridad queremos creer que si pican a alguien será al primero así que no pasará nada. Llevamos unos 40 minutos caminando y ahora toca ir por agua. De nuevo sensaciones ambivalentes, el frescor del agua, el suavecito del barro, los árboles tropicales de verde intenso, el cantar de los pájaros, los insectos revoloteándo,… y el desconcierto de no saber donde pones los pies. Llegamos, las hojas y ramas habían taponado la tubería que abastece de agua la casa. Lo limpiamos e inexplicablemente el regreso lo realizamos en muy poco tiempo. ¡Cómo cambian las perspectivas! Lo desconocido nos produce extrañeza y temor, y sólo con experimentarlo una sóla vez las capacidades aumentan y la sensación de logro y disfrute nos invaden.

Tenemos hambre y compartiremos la comida, los chilenos preparan ensalada y un ají picantísimo, nosotr@s arroz con verduras en el fuego a tierra y el plato fuerte de la casa: “chontakuros” (chonta: es un tipo de árbol y kuro: gusano) es decir están preparando gusanos. Sí, si, ¡gusanos!. 😯 Los acaban de traer bien frescos, vaya, vivos. No paran de moverse. Son de unos cinco centímetros, blancos y regordetes. Y la receta es muy fácil, se ponen en la sarten y se cocinan con su propia grasa.A pesar de que verlos retorcerse en el fuego es bastante desagradable para ellos es un verdadero manjar y para los valientes que lo prueban… ¡no sabe a pollo! tienen una cascara dura, un interior viscoso y la cabeza como un kiko. Todo un cóctel de texturas…

Los días pasan, las picadas aumentan,… y queremos conocer un poco más de los secretos de la selva. Nos vamos a Misahuallí , tierra de monos, estos pequeños ladronzuelos están por todas partes, se han apoderado de la plaza del pueblo, convirtiéndose en reclamo turístico, y también están por todo los alrededores de los ríos Misahualli y Napo (dos afluentes más del Amazonas) . Estos traviesos monos no son muy grandes, tienen un lindo pelaje gris, corren de un lado para otro e incluso podemos ver como algunas mama-mono llevan a sus crías. Los miramos, nos divertimos, pero siempre conservando las distancias porque en cuanto te descuidas estan muy cerca y… ¡zas! ya no tienes cámara de fotos, gafas de sol,… se te llevan cualquier cosa que brille o sea comestible. ¡Menudos son!

Sonidos, aromas, calor, mosquitos, humedad, estrellas,… nos quedamos con su esencia…

Paseando por Quito


Llegamos a Quito, capital de Ecuador, una ciudad espeluznantemente inmensa , de norte a sur aproximadamente unos 40 km (mínimo dos días a pie para atravesarla). Una locura de ciudad con 3 millones de habitantes a 2800 m.s.n.m. Lo primero que nos llama la atención, un montón de carteles que indican “punto de encuentro” y “lugar seguro” ¿qué será? preguntamos al taxista y con total naturalidad nos dice “no, nada… sólo para terremotos o cuando haya una erupción” ¿en serio? ¡nos vamos por patas de aquí! Por suerte, ahora la actividad volcánica se encuentra monitorizada y los terremotos son poco frecuentes, es más prevención que otra cosa.

En el Quito viejo se respira solemnidad, los edificios se muestran majestuosos. Hoy es domingo, y cierran el tráfico en casitodo el centro. Es precioso ver las grandes plazas con ferias, las calles llenas de gente deambulando de aquí para allá,… el trajetreo del disfrutar de su día libre. Pegados al centro hay dos grandes parques, de una extensión de más de seis cuadras de Barcelona. En estos se respira mucha vida cada día, hay un sinfín de actuaciones callejeras, mercadillos de artesanías y un sinfín de toboganes y columpios. Realmente es muy agradable. Al costado de uno de ellos, se encuentra el Museo del Banco Central. En verdad, es un conjunto de tesoros. Explican detalladamente las diferentes culturas pre-incas del país, así como, muestra un sinfín de maravillas funerarias, objetos cotidianos, piezas para rituales,… y múltiples representaciones pictóricas de la denominada “Escuela de Quito”. Se trata de pinturas religiosas realizadas por indígenas “discípulos” de los colonizadores. Por lo que las obras tienen características peculiares como el hecho de representar a Dios mediante el uso del triángulo y el ojo. Cuanta historia, necesitamos descansar, para nuestra vuelta usamos la Ecovía. Es una línea de bus que atraviesa la ciudad de norte a sur, tiene un carril propio y estaciones de acceso como si fuera un metro. El problema que para entrar tienes que hacerlo como sardina en lata y el seguridad sólo sirve para empujar aún más a la gente embutiéndola y cerrar la puerta.

 

Un nuevo amanecer, vamos a subir el Rucu Pichincha, un volcán inactivo de 4696 metros que se encuentra al lado del Guagua Pichincha el cual puede sorprender a la ciudad con su energía de fuego. Para hacerlo tomamos el teleférico, subimos de los 2950 a los 4050 metros, las vistas son sorprendentes, Quito es enorme, apenas se alcanza ver el final. Hace frío, el aire es helado, pero no nos importa, el lugar se merece el esfuerzo. Empezamos a caminar, es realmente agotador, la falta de oxígeno hace que cada paso sea un gran logro. Contínuamos, hay que tomar aire, cien metros, un descanso, cincuenta, otro descanso, diez, descanso, uno, descanso,… el cuerpo se queja, un malestar general, dolor de cabeza y una especie sensación de mareo,… el Rucu a lo lejos, pero hay que parar la altura no nos deja avanzar. Hemos hecho un poco más de la mitad de la caminata pero no podemos continuar, decidimos descansar, reponemos fuerzas, pero decidimos que es mejor volver hacía atrás ¡qué pena! la próxima vez habrá que aclimatarse mejor. 😦 quizás aún no era nuestro momento para subir un volcán…

A poca distancia de acá se encuentra la mitad del mundo. Hay todo un monumento que marca con una línea el hemisferio Sur y el hemisferio Norte, como también un museo que relata toda la misión geodésica, paradas de artesania, restaurantes,… miramos a nuestro alrededor, apenados, vemos esto como una especie de parque temático porque en realidad la mitad del mundo 0º 0′ 0″ se encuentra a unos metros de este lugar sin que nadie le preste atención. Nos despedimos de Quito, cuyo significado es “lugar de encuentro”, no sabemos si nos hemos encontrado… pero el camino continua…