Archivos Mensuales: enero 2015

Entre ballenas y cangrejos


Volvemos rumbo al norte, tenemos mucha burocracia que realizar en Santa Elena, pero en esta ocasión si que nos paramos en Guayaquil. Guayaquil está situada a orillas del río Guayas y es la ciudad más grande y poblada del Ecuador. A pesar de su orígen de aura romántica, donde el cacique Guayas y su esposa Quil decidieron resistir hasta morir antes que someterse a los españoles, es un lugar de clima bochornoso, de mucho tráfico y sin mucho que hacer. Lo poco a destacar es el Malecon 2000, un paseo peatonal a orillas del rio, y el barrio de las Peñas, centro histórico de la ciudad que con los años se convirtió en un barrio bohemio lleno de galerias de arte y casitas de colores.

Continuamos nuestro viaje y llegamos a Capaes, una urbanización a las afueras de Santa Elena, allá nos acoge una ecuatoriana de gran corazón y dos argentinas, con bandera incluida 🙂 . Entre risas y mates, obvio, nos sentimos como en casa así que, planeamos una excursión a los Frailes, una playa perteneciente al Parque Nacional de Machalilla. Amanece, y salimos a la carretera para tomar el bus, mientras esperamos fotos y más fotos, corremos,… ¡casi lo perdemos! y esta aventura no ha hecho más que empezar.

Tras una hora y media de viaje, hacemos parar el bus en la entrada del parque, en la puerta nos registramos, y empezamos a caminar. La playa de los Frailes se encuentra a unos veinte minutos caminando pero al llegar a la primera bifucarcación decidimos hacer el camino largo. Una pequeña subida, muchos árboles resecos a nuestro alrededor y unos pájaros negros, parece que estemos en medio de una película de terror, menos mal que estamos a plena luz del día. Seguimos caminando y el verde del paisaje empieza a aparecer… sorprendid@s llegamos a un mirador… es precioso… el oceáno, las rocas y al fondo un pueblito llamado Puerto Cayo, parece una postal. El camino sigue y poco a poco llegamos a una primera playa,  es linda, no es de arena sino de piedritas y si paras a mirar, un sinfin de conchitas, caracolillos, pequeños erizos… que le dan un color peculiar. Corremos, queremos mojar nuestros pies en el Pacífico… ¡aargg! ¡cuántas algas! una sensación extraña… las algas nos acarician los pies, nos hacen cosquillas,… El mundo entra por los sentidos…

Avanzamos, y al poco rato otra cala desértica, bueno en realidad no tanto… a la orilla un montón de cangrejos que parecen asustadizos, corremos a perseguirlos, parece que la arena se mueva de tantos que hay,… pero de repente uno de ellos se para, se pone bravo y nos muestra las pinzas, sus ojos sobre las antenas nos miran fijamente, suerte que somos cincuenta veces más grande que él que sino ¡hoy eramos su plato principal!

Esta ruta alternativa es un no parar de sorpresas, de nuevo entre árboles y de nuevo otra playa, ésta bien curiosa, el oceáno lucha contra si mismo, hay un punto en que llegan dos corrientes, valientes nos bañamos, salto por aquí, ola por acá,… disfrutamos como enan@s, la marea nos mece de un lugar al otro, las olas llegan con fuerza, pero es tan divertido,… Ya estamos agotad@s… mejor salir a descansar…

Ya debe faltar poco para llegar a la playa… proseguimos la marcha… el camino no está tan claro… avanzamos, retrocedemos,… ¿por dónde será? ya casi nos dabamos por perdid@s… pero nuestra estrellita o mejor dicho, cangrejito de la suerte, nos acompaña… Llegamos, tras una hora y media o dos, ya no sabemos, a los Frailes, un playa espectacular, linda, de ensueño, como de cuento,… La disfrutamos, la miramos, la percibimos,… nos enamora.

Se ha hecho tarde y debemos regresar a la entrada, esta vez por el camino corto 😉 , sorpresa… nos han cerrado la puerta… ¡toca saltar! Lo conseguimos pero ya no hay buses de vuelta desde acá, tenemos que llegar al siguiente pueblo, Puerto López, pero está algo lejos,… mejor hacer dedo. En diez minutos, sin saber como estamos l@s cinco, en la parte de atrás de un pick up y dando botes por los baches.

Llegamos a Puerto López, es un pueblito costero muy lindo y tranquilo. Grrr… nuestros estómagos rugen, son más de las 6 y no hemos ni comido. Un sandwich en la playa, pero rápido, porque las argentinas se quedan pero el resto del equipo regresa a Capaes, y el último transporte nos han dicho que es a las 19h. Corremos, y para asegurar nuestra llegada, tomamos un mototaxi, ¡Apúrese, apúrese! Ahora toca esperar en la terminal, y esperar, y esperar y seguir esperando… resulta que estamos esperando en la terminal y el bus ha decidido no entrar y coger los pasajeros en la misma carretera. Primero enfado, pero luego nos reímos, toca pasar la noche en Puerto López y ya que nos quedamos iremos a ver las ballenas 🙂 Caminamos al pueblo, y parece que estemos jugando al gato y el ratón con las argentinas, y eso que el lugar es bien pequeñito… en fin,… habrá que buscar un lugar dónde dormir, encontramos una preciosa cabañita con vistas al océano, ¡que hermoso! Estrellas en el cielo, el sonido de las olas, el olor,… y de repente ¡las argentinas! ¡ja, ja, ja! Tras risas, cervecitas en la playa, algún que otro bailoteo sobre la arena,  a descansar, que el día ha sido largo.

Los primeros rayos de sol se cuelan por las rendijas de la cabañita… estamos emocionad@s ¡Vamos a ver ballenas!

El barquito no es muy grande, unas 15 personas a bordo, nos paramos, una primera ballena nos muestra el lomo, unos 13 metros y 30 toneladas. Al cabo de poco otra, y otra,… y ¡una de ellas salta! No hay palabras, el corazón late con fuerza, ¡que emoción! Que bueno que perdieramos el bus… Estas ballenas jorobadas vienen del sur del continente, haciendo miles de kilómetros para, en estas aguas más calentitas, aparearse ¡Que locos son estos lindos animales!

Como parte del tour podemos hacer snorkel pero para nuestra sorpresa el barquito no se acerca mucho a las islitas de enfrente. Pero habrá que probar ¡Plooof! Al agua ¡Que fria! Nos ponemos las gafas y ¡Que impresión! solo se ve azul, azul oscuro casi negro, es una sensación muy extraña, la immensidad, asusta, sorprende… Toca regresar, de vuelta a tierra frime, jamás olvidaremos la preciosidad y grandeza de las ballenas, ¡Que experiencia!

Abandonamos Ecuador, un país de volcanes, selva, grandes ciudades, montañas y lagunas donde hemos reído, soñado y llorado. Nos despedimos de éste país deseos@s de seguir conociendo.

 

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Una linda ciudad


Llegamos a Cuenca pasando por Guayaquil, un montón de horas, dos buses, casi ya ni recordamos… Es de noche y hace frío, con cambios de temperatura y aturdid@s hay que situarse. Tras el regateo con el taxista, llegamos a un hostal, por fin descansamos en una cama.

Amanece, salimos al mundo, es precioso, calles adoquinadas, iglesias espectaculares, casas con balcones que enamoran, no es de extrañar que le llamen la Atenas del Ecuador y que fuera declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Al costado de la linda iglesia del centro histórico el mercado de flores que nos sorprende con sus colores y al atardecer, como es festivo, la plaza se llena de un sinfín de paraditas de dulces, ¡los queremos probar todos!

Cuenca o Tomebamba, como era conocida durante la cultura Cañari y tras la invasión incaica, es especial, se respira historia y por eso, nos dejamos deslumbrar por el Museo Pumapungo. En la parte exterior, encontramos el Parque Arqueólogico que consta de unas ruinas con forma de terrazas escalonadas y el vestigio de un Templo de culto al Sol, la estampa nos encanta, las llamas que pasean plácidamente nos trasladan en el tiempo.  Un poquito más abajo, la entrada a un túnel, el cual hacía más de 30 metros, simbolizaba el mundo subterráneo, hogar de las Wacas los espírutus de los antepasados.  En el interior del museo descubrimos que la ciudad de Tomebamba fue destruida antes de la llegada de los españoles, en el tiempo de Atahuallpa y Huascar,  fundada por Túpac Yupanqui, tras la victoria contra los cañaris, considerándola la cuna de Huayna Capac (antepenúltimo emperador Inka) y por consiguente, un espacio sagrado donde se levantaron templos y palacios.

Queremos seguir descubriendo, culturas ancestrales y la presencia incaica. Todo es sabiduría, otra cosmovisión. A unos 70 kilómetros, Ingapirca, que en quichua significa Muro del Inca, es la construcción arqueológica de origen Inca-Cañari más importante del Ecuador. Se desconoce cual fue la verdadera finalidad de este edificio, se cree que fue construido por órdenes de Huayna Capac como lugar estratégico para el avance inca por Ecuador y como lugar de adoración y veneración a Inti (el Sol). Las ruinas tienen esa esencia mística, de piedras perfectamente talladas y con esa especial forma que caracteriza la arquitectura inca.  Allá, descubrimos el Acllahuasi, un lugar especial para las Acllas o Vírgenes del Sol, estas eran las mujeres escogidas para adorar al Dios Sol, mujeres de gran belleza que a los 8 o 10 años iniciaban una educación especial y se encargaban de tareas refinadas bajo la tutela de las mamacomas.

   

Muchas cosas que aprender, mucho camino que recorrer…

PD: Bon any a tot@s!!!! I que els vostres somnis es facin realitat!!✨ 🌟 🎇 🎉 🎊 🎈 Molts petons i abraçades! Se us troba a faltar!