Archivos Mensuales: abril 2015

Los tesoros ocultos del Perú


Son las cuatro de la mañana, tomamos un bus para ir a Celendín, llegamos a las siete, esperamos una hora, unas galletitas y nos subimos a otro bus, esta vez más pequeño para ir a Chachapoyas. ¿Por qué un bus más pequeño? Ilus@s, aún no sabíamos lo que nos esperaba…

El camino está lleno de curvas, pero durante una hora, mas o menos, es tranquilo, vamos bajando hasta llegar a un río y ahí empieza todo… Subimos y seguimos ascendiendo, la carretera es muy estrecha, cuando decimos muy estrecha nos referimos a que no cabía casi ni el bus. ¡Ay! ¡Cuándo venga un bus de frente! El asfalto nos dicen que hace dos años que lo pusieron, al menos no es trocha… pero, no sabemos porque hay muchos trozos rotos y que aún hacen más estrecha la calzada.
Esto no para de subir, y el conductor va muy rápido :?, y se tambalea en cada momento. Estamos en pleno páramo. Y por la ventanilla unos precipicios de vértigo, que si al menos hubiera árboles pararían un poco el golpe si nos caemos… Empieza a llover y la subida sigue, no sabemos a cuantos metros estamos pero el suelo se ve lejísimos. Un bus de cara. ¡Qué miedo! ¡Si se ha quedado una rueda en el aire! ¡Baja la velocidad! ¡Parece un barco! ¿Estamos loc@s o que pasa?

Parada a comer, es una casita en medio de la nada… el paisaje es hermoso… una parada viene bien… ¿no quieres comer? no, tengo el estómago cerrado… Un chico y su padre se acercan, ¿qué les parece el viaje? yo es la segunda vez que lo hago pero por mi hijo que quería conocer… normalmente damos la vuelta por la ruta larga desde Chiclayo, bastante más largo pero buena carretera. ¿Cómo? ¿En serio? ¿Había alternativa? Y yo acá sufriendo… Nos llaman, hay que seguir el viaje…

Subimos y lloviznea, el barco-bus avanza rápidamente, todo es precioso, pero tanta altura por la ventanilla marea… Parece no acabar y nada nos distrae… la próxima vez me drogo para dormir y no sentir nada… Empieza a descender, poco a poco, curvas alternadas con precipicio, ¡menuda mezcla! Nos dicen que no queda mucho… y así es, una vez bajado el páramo, la carretera (si se le podía llamar así) se ensancha y la lejanía de la ventanilla se convierte en un lindo río. Dormimos del susto, las emociones agotan… ¡Ya hemos llegado! ¡Y viv@s! Esto es la carretera de la muerte peruana… con una vez en la vida es suficiente…

Aún con el susto en el cuerpo, encontramos hostal, algo de comer y descanso. Mañana algo tranquilo…

Amanece, remoloneamos, son como las once  pero hoy vamos de paseo, queremos ir a la catarata Gocta… Tomamos un bus hasta el pie de San Pablo, una hora hacía arriba hasta un cartel que nos dice, “para continuar regístrese en San Pablo”. Nos desviamos, una gallina en la plaza y poco más, turísmo cerrado, continuamos, y ya saliendo del pueblo una mujer que nos persigue medio enfadada ¡han de pagar! ¡vale, vale! Estaba todo cerrado… Pagamos la entrada y para variar ninguna información,… Algo más de camino y parada a comer, tenemos hambre, son más de las dos… El lugar es precioso, miradores con bellas vistas, pájaros que planean, árboles que transforman el camino en un pequeño sendero, mariposas que revolotean,… Y tras unas dos o tres horas, ahí está, Gocta, majestuosa, una catarata de unos 750 metros, dividida en dos saltos, uno de 220 metros y el otro de 530 metros. La segunda más alta del mundo, después del Salto del Ángel en Venezuela. Es increíble. Las gotitas que juegan con los rayos de sol están heladas. El ruido de la caída nos resuena en los oídos. Es impresionante. Una de esas maravillas del mundo escondidas… y acá estamos contemplando todo su esplendor, no hay palabras… Queremos hacer una foto, pero con el corazón, así nunca se borrará esta imagen…

¿Qué hora debe ser? ¡Son más de las cinco! Sólo nos queda, como mucho una hora de sol… El descenso rápido, bajamos por unas piedras, es un camino muy empinado, los escalones que se forman son muy altos y estrechos. Es muy angosto. Ya queda poca luz y todo parece más peligroso de lo que es… De nuevo en el camino, se ha hecho profundamente oscuro, no tenemos luz, en teoría era un paseo tranquilo… Pero, la linterna de nuestro celular marca “ring” nos ilumina un poco. Parece que hemos cruzado el río, y ahora ¿derecha o izquierda? parece derecha… no vemos mucho y empezamos a ascender, no sabemos ni reconocer como de ancho es el camino… ¿otro puente? ¿no estaremos cruzando el río de nuevo? estamos desorientad@s… pero decidimos seguir.

Pss… pss… pss… ¿qué es eso? pss… parece como si nos llamaran… pss… ¿hay alguien? pss… bueno… será algun bicho… aunque nos da mal rollo… Este camino es eterno, aunque ya hemos dejado de subir, estamos como rodeando una loma. Una luz. ¡Holaaaaa! ¡Holaaaaaa! Parece que se mueve… nadie contesta. Nunca supimos que fue esa luz…

Caminamos… no nos habíamos dado cuenta de lo precioso que está el cielo, al tener luna nueva, hay millones de estrellas, tantas, que no dejan libre ni un cachito…  Pero, ¡qué pena! como estamos algo asustad@s no las podemos disfrutar…

Esto no se acaba nunca… es interminable… ya no sabemos si estamos en el camino correcto… nos planteamos si parar a dormir en algun sitio que quede recogido… ¡Por fin! ¡Ueeeeeee! ¡Vemos un pueblo! ¡En veinte minutos estamos allí! El pueblo, desértico… no hay nada, todo cerrado, picamos en la puerta de un hospedaje y nada… al final dormiremos al raso… Un señor… Le pedimos para dormir una noche y amablemente nos acompaña al hostal de su amigo. Un plato de arroz y un huevo, un poco de pan y una infusión. ¡Es lo más rico que hemos comido en nuestras vidas! Nos estiramos en la cama y en segundos nos quedamos dormid@s…

El sol entra por la ventana… y nos despedimos de Cocachimba, un bonito pueblo desde donde se ve la cascada, ¡qué distinto se ve todo con luz! Caminamos unos cuatro quilómetros hasta llegar a la carretera y en el ramal, esperamos una micro para regresar a Chachapoyas.

¡Hoy sí! Ducha y día tranquilo, conoceremos Chachapoyas, que están de fiestas, y no haremos nada más.  Están adornado el pueblo y en las calles de alrededor de la plaza dibujan bonitas alfombras con motivos florales y religiosos elaboradas con serrín teñido de vistosos colores. Y en la plaza… molinos, ruedas y tracas de fuegos artificiales hechos de manera algo rudimentaria. Música y mucha gente alegre por las calles. Pero nada de trasnochar, mañana a las seis queremos tomar una micro.

Puntuales, tomamos un taxi-colectivo hasta Tingo un pueblito al pie de Kuélap, las ruinas de  la que fue la capital de la cultura preincaica Chachapoyas. El camino son unos ocho kilómetros pero superando un desnivel de mil metros. Nos lo tomamos con calma, hay que subir y subir, pero no tenemos prisa, es temprano, tenemos todo el día y hasta traemos luz. 😉 Las vistas son lindas, las disfrutamos, se siente el soroche, llegaremos a unos 3000 msnm. Tras cuatro horas de ascenso, allá estamos.

Sobre un cerro, una plataforma de más de 600 metros, muros de una altura de más de diez metros,… es una estructura colosal, podríacompararse a Machu Picchu. Accedemos por la entrada principal, la de alto estatus, un montón de estructuras con piedras talladas, al fondo el “Templo Mayor”, que tiene forma de cono invertido, lugar altamente sagrado, donde realizaban rituales y colocaban huesos. Al otro lado de las ruinas se abre un abismo colosal, un acantilado altísimo, y en una de sus esquinas, justo en el mismo borde, un torreon ceremonial, se cree que para rituales funerarios. Todas las edificaciones son circulares, excepto una de rectangular realizada en el período de dominación Inka, se desconoce su uso… Una verdadera maravilla, ignorada hasta el 1850, debido a que es una zona boscosa, lluviosa y poco accesible. Kuélap está llena de interrogantes, no hay respuestas claras sobre si era una fortaleza o más bien si se trataba de un centro ceremonial, cuando y porque los Chachapoyas lo abandonaron, como subieron el material y un sinfín de preguntas más… Lo único que podemos afirmar es que es un lugar especial, con mucha fuerza, con unas vistas y panorámica impresionante… pero sobretodo que la cultura Chachapoyas fueron una cultura extraordinaria.

 

El lugar nos atrapa pero hemos de volver. Casi sin palabras por todo lo que hemos visto descendemos, sin darnos cuenta, en algo más de dos horas estamos de nuevo en Tingo, ¡con lo qué costo subir!

 

Tras un descanso, una nueva jornada, pero con tiempo límite que ya tenemos los boletos para el bus de esta noche. Queremos conocer los sarcófagos funerarios de Karajía, que a pesar de que nos han dicho que es algo complicado llegar por libre, nosotr@s lo probamos. Tomamos una combi hasta Luya, y para seguir adelante un taxi. El taxi se detiene, recoje dos personas, baja una, suben tres más,… y así todo el trayecto. Pero, nadie paga al bajar… ¿qué pasa? ¿hoy nos toca subvencionar a nosotr@s la ruta? Sorprendid@s, enfadad@s,… o quizá mejor en shock, no entendemos, pagamos un taxi para hacer un viaje tranquil@s pero acabamos bien achuchad@s… no sabiamos que podían caber hasta cinco personas en la parte de atrás… 😯

Llegamos al pueblo de Cruzpata y negociamos la hora para que regrese el taxi. Empezamos a caminar, nos habían dicho que habían como mucho dos kilómetros. Nos paran dos mujeres, para variar nos quieren cobrar boleto. Pero, ¿por qué? Están pasando por el camino, 5 soles cada uno. ¿Cómo? De acuerdo… pero ¿un mapa o información del lugar? ¿Quieren caballos? No… Pués el camino es por allá… Esto de pagar porque sí… nos empieza a molestar un poco… si al menos informaran o cuidaran el lugar…

En veinte minutos, una quebrada descomunal, de unos 200 metros, ¡qué vértigo! y si alzamos la vista, allá están, en lo alto del barranco, una grutita natural, los sarcófagos de Karajía, ¡qué valor ponerlos ahí arriba! ¡es obvio que no le temían a las alturas! Son seis ataúdes con semblante antropomorfico, en realidad habían siete, pero uno de ellos se cree que durante un terremoto se desplomó. En su interior estaban sus momias con diferentes ofrendas. ¡Qué curiosos y extraños son! La pintura roja les dan una presencia fuerte, parece como si los hubiesen colocado allá para vigilar tanto el mundo de los vivos como el de los muertos… quien sabe…

Ya es la hora, el taxi nos espera… ¡pués no! acá no hay nadie… puede haberse retrasado… esperamos… ¿quizá no viene? pues empezamos la marcha de vuelta a pie, algo encontraremos ¿no? ¡Hoy nada de dormir en otro pueblo que nuestro bus sale a las ocho! El camino se hace pesado, será que estos días son un no parar… ¡Mira nuestro taxi! Disculpe… no estaba a la hora acordada… ¡Ahhh, estaba en casa! ¿No vieron el coche? Mmm… como reconocerlo… si todos son iguales y cualquier auto puede ser un taxi… Mejor no renegar más… Podremos tomar nuestro bus…

El lugar nos ha enamorado, muchas emociones y mucha historia,… queremos que nos acompañe o al menos hasta el próximo lugar…

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Donde murió el último Inka


Son las cuatro y media de la mañana y llegamos a Cajamarca, el bus nos deja en plena calle. Vemos una lucecita, parece un hostal. Nos acercamos, ¡qué bueno, es un hostal! Un poco caro,… pero mejor quedarse acá una noche a dar vueltas a estas horas con las mochilas.

Amanece, toca cambio de hostal y conocer la ciudad. Cajamarca es linda de recorrer, calles de piedra, numerosas iglesias, algunas enormes, otras recargadas,… y mucha historia. Subimos al cerrito, el camino está muy cuidado, lleno de flores de colores y alguna que otra tiendita de artesanía. Llegamos a lo más alto y allá encontramos el “Sillón del Inka”, dicen que el Inka desde acá divisaba toda la ciudad y sus alrededores.

En la sociedad inka lo social, lo religioso y lo militar es todo uno, no hay diferencias. Por eso este lugar es al mismo tiempo: un trono de los emperadores Inkas, un lugar donde estar más cerca de su Dios Inti (el Sol) y un lugar de vigía militar.

Haciendo un pequeño inciso sobre la historia inka: A la llegada de los españoles el imperio inka se encontraba dividido. Huayna Capác había repartido el imperio entre sus dos hijos: el sur se lo concedió a Huascar y el norte a Atahualpa. Los dos hermanos estaban enfrentados por el control de todo el imperio y Francisco Pizarro utiliza esta situación para hacer creer a Atahualpa que estaba de su parte.

Cuantas cosas aprendidas, estamos agotad@s, así que regresamos al hostal que en verdad se trata de un centro de apoyo a la infancia que también ofrece alojamiento, pero como ahorita no hay nadie, tenemos una habitación de catorce camas para nosotr@s solit@s.

Un nuevo día, y hoy vamos de excursión, vamos caminando hasta las Ventanillas de Otuzco, son un par de horas, pero por suerte el camino es bastante llano. Se trata de una necrópolis anterior a los inkas. Es un pequeño cerro con excavaciones en la roca y cada ventanilla era como un pequeño nicho familiar. La estructura no es muy grande pero si bien curiosa nos hace recordar a los picapiedra. 🙂

Descansamos un poco y paramos a comer en las mismas ruinas y de repente estamos rodead@s de niños guía, los cuales se cuelan en ellas  y se ofrecen para explicarnos la historia del lugar, cantarnos canciones o hacer cualquier cosa a cambio de dinero. Nos negamos y conversamos con ellos. ¿Algo a destacar? ¡Pués sí! Nos preguntan si tenemos hijos y cuando les contestamos que no, la siguiente pregunta es ¡Ah! ¿La señorita no puede tener hijos? Grrrrrrrrrrrrr 👿

Toca continuar la caminata,  un par de horas más y llegamos a los Baños del Inka. Un lugar de descanso del Inka, aún está su pileta, y donde hay aguas termales ya que se trata de un punto geotérmico.

Volviendo a la historia, una vez derrotado a Huayna Capác, Atahualpa se encontraba en Cajamarca haciendo un descanso en su camino hacia el Cusco. Pizarro y Atahualpa decidieron encontrarse en los Baños. Atahualpa, al igual que el resto de inkas, era considerado como un Dios, así como se creyó también que lo eran los conquistadores, y para demostrar su poder como dios y que nada le podía pasar se citó con Pizarro sin su guardia. Pizarro aprovechó esta situación para capturar a Atahualpa y lo encarceló en el conocido como “Cuarto del rescate”, donde este ofreció dos cuartos llenos de plata y uno de oro por su libertad. Aún así, cuando Pizarro recibió todo este tesero mató a Atahualpa.

¡Bufff! ¡Cuánta energía en este lugar! Preferimos pensar en cuando el Inka disfrutaba de sus baños… Así que, vamos a relajarnos en una de las pozas con agua calentita. ¡Qué a gustito! La vuelta mejor en combi y pronto a la cama.

Nos levantamos bien temprano para ir a Cumbemayo y empezamos a caminar. En teoría parecía fácil, o eso nos habían dicho en información turística. Subimos y subimos, y un montón de cruces, ¿quizás hacia la derecha? ¿o izquierda? ¿o recto? por suerte nos encontramos a la Sra María que iba a una reunión sobre la gestión del agua de regadío, y nos indica el camino. Conversamos con ella, entre otras cosas ¿de dónde sois?,  ¿de qué trabajais?, ¿sabes de tecnología? ¡qué bueno! ¿me arreglas el celular? y así, favor por favor, seguimos el camino.

De nuevo subimos, parece que vemos llano, pero… ¡no! seguimos subiendo… Y tras cuatro horas de subida llegamos a Cumbemayo. Se trata de una especie de canalización pre-inkaica atribuidas a una cultura a la que llaman Caxamarca, y que se cree que podría ser un monumento de adoración al agua ya que Cajamarca es una región de lluvias abundantes y sin problemas de agua ¿para qué entonces hacer todos estos canales?

El lugar posee una magia especial, estructuras hechas en la piedra es lo primero que encontramos, pero al atravesar una pequeña rendija aparecemos en unos caminos, rodead@s de linda vegetación, piedras con diferentes formas a las que se les atribuyen diferentes imagenes como la fertilidad. Siguiendo el recorrido una piedra de sacrificio… y numerosos canales que hacen jugar al agua con sus diferentes y curiosas formas. También, algunas de ellas grabadas con serpientes y otros místicos animales. ¡Qué hermoso lugar! ¡Y qué lindo tributo! Cuantas veces nos olvidamos de su gran valor…

Ya empieza a ser tarde, y aunque el regreso sea bajada, unas tres horas de caminata nos esperan. Una pick-up ¿probamos dedo? Afortunad@s al momento nos subimos en la parte de atrás con un chico y su hija, que agradable la vuelta en coche y más todavía con un chico todo ilusionado porque, según nos cuenta, es la primera vez en su vida que habla con extrangeros y los entiende 🙂

Cuanta fuerza en este lugar seguro que nos acompañará en nuestro nuevo destino…

 

PD: Las fotos de este post también se escaparon, nos preguntamos si deben estar montando una fiesta en algún lugar…