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Adiós Colombia


Un largo viaje, desde Salento pasando por Cali, llegamos a Popayán. Un pueblo lleno de edificios blancos, de un par o tres de plantas y con fachadas realmente lisas, tienen un aire de sencillez que las hace especialmente bellas.

En el centro, muy cerca de la plaza principal, dos puentes, uno junto al otro, que curioso. Resulta que el grande, de piedra y algo señorial sólo podia ser atravesado por los nobles y eclesiásticos de cierto nivel, era una manera de hacer, a nuestro parecer, más visibles las diferencias.

Un detalle que es imposible pasar por alto es que casi nos chocamos con una figura situada en la plaza, se trata de Sebastián de Belalcázar, que recuerdos… me evoca a la infancia, cuantas veces no habré visto ese mismo busto en el pueblo y no comprendía nada; lo miraba y pensaba, ¿quién será? y ahora lo veo y comprendo que es otro de los muchos colonizadores… ¿Quién sabe cómo sería hoy la historia sin ellos?

El día siguiente es 1 de mayo, y nos lanzamos con plena uriosidad de como sale colombia a la calle con sus reivindicaciones. Demasiadas expectativas. Escuchamos sonido de tambores, vemos un rastro de cera en el suelo,… no hay pancartas, ni banderas,… muy a nuestro pesar, nos encontramos con una procesión. Es un dia de celebración religiosa :/ ¡Que distinto todo! ¡Que desilusión!

Nuestros planes se ven truncados, nuestra visita a Popayán era un alto en el camino para llegar a San Agustín, un parque arqueológico en el que se encuentra una gran necrópols donde diferentes étnias de suramérica sepultaban a sus seres queridos. Las contradicciones de la vida,… el primero de mayo es una festividad religiosa pero en cambio no podemos llegar a San Agustín porque hay paro en el país desde hace 4 ó 5 días y en esta zona en particular han cortado muchas carreteras.

Nos quedan unos 15 días de visado y nos cuentan que el anterior paro o huelga duró unos tres meses. Por lo que decidimos continuar nuestro viaje.

Última parada en Colombia, Ipiales, un pueblo sin mucho que hacer ni que contar. Es simplemente el paso entre fronteras. Colombia se acaba, una etapa cerrada, un montón de cosas vividas, recuerdos, gentes y lugares,… nuestra última noche, mariposas en el estómago, mañana nos espera Ecuador…

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Entre cafetales y nevados


Para variar llegamos tarde, por suerte nos esperan, hemos quedado en la cafetería de Juan Valdez, uno de los mayores productores de café. Al ver la cafetería nos asombramos, estufa en la terraza, máquinas de café espresso (las primeras que vemos en Colombia) y precios desorbitados, ¡parece una cafetería de las ramblas de Barcelona! Manizales es una ciudad con tan sólo 150 años de historia y de mucho dinero.

En si la ciudad no tiene mucho que ver, eso sí, ponen chocolate en bol y café muy rico. Lo que hemos venido a ver es el Nevado del Ruiz.

Nos despertamos muy temprano, todavía de noche, el nevado sólo se puede visitar las primeras horas de la mañana sino el riesgo de aludes por deshielo y por pequeños temblores es demasiado elevado. Así como también subir o acercarse a la cima está prohibido por la posible actividad volcánica. La última grave erupción fué el noviembre de 1985 y arrasó un pueblo entero.

FrailejonesSubimos en coche, ventanillas bajadas, hay que ir acostumbrándose a la altura, llegaremos a 5000 m.s.n.m. Por el camino vemos como el paisaje va cambiando, estamos llegando al páramo, un paisaje similar a la tundra, con mucha niebla y plantas con flores vistosas y de intensos colores. La pachamama es muy sabia, en un clima tan húmedo y frío de poco sirve oler mucho, es más útil gastar la energía en que te vean a través de la niebla. Muchas de éstas plantas son preciadas por su uso medicinal, como la equinacea. Algo nos llama la atención, una planta para nosotr@s bien curiosa, una especie de tronco de color marrón-verdoso con una flor inmensa, del tamaño del tronco, y con un centro musgoso que le permite recoger el agua del aire. Acá la mayoría de plantas cogen el agua del aire, en tales cantidades que parece que toda la tierra sea río.

Llegamos a la entrada del parque, una gran puerta se abre, la visita sólo se puede realizar en coche y con guía por prevención, para poder evacuar rápido en caso de mal de altura o movimientos sísmicos. Probamos una infusión de coca esperando que nos caliente y nos ayude. Subimos, el paisaje poco a poco se va transformando y si no fuera porque vamos en coche y no en cohete diríamos que estamos en la luna. La tierra se encuentra tan suelta que se deshace bajo nuestros pies, es de un color marrón-grisáceo, un paisaje bien extraño: dunas, riachuelos y una finísima capa de nieve que a los primeros rayos de sol desaparece. La niebla va y viene y a cada momento parece que estés en un lugar diferente. Tiene un encanto muy especial, la Luna en la DSCN6886Tierra. Es un clima extremo, la vida aquí es imposible, únicamente algunos pájaros se aventuran a sobrevolar el superpáramo. Cuesta respirar, el cuerpo ha de realizar un sobresfuerzo, hay poco oxigeno en el aire, caminamos despacio y divisamos por donde bajó el tremendo río de fuego… La guía nos indica que hay que regresar ¡Que pena! La naturaleza, que fuerza, que potencia,… Uno de los coches se encalla en el terreno, manos a la obra, tod@s a empujar, el esfuerzo nos agota ¡Pero lo conseguimos! el coche podrá continuar el camino.

Hacemos una pequeña parada en el refugio, otro mate de coca y continuamos. Salimos de la zona restringida del parque y decidimos descender por otro camino, conocemos un recinto con aguas termales, ahora está cerrado, pero muy montado para el turismo. Piscinas de agua muy caliente y con un fuerte olor a azufre. Debemos continuar, mejor llegar a casa de día.

   

El camino se va estrechando, precipicio a un lado y mucha vegetación, apenas el camino tiene la anchura del coche. La espesura de las plantas y el color verde nos maravilla, pero la sensación de no saber por donde estamos y que en caso de que viniera un coche de cara no podemos dar media vuelta, nos asusta un poco.

Una hora, quizás dos, las vistas magníficas y en el trayecto una virgen que recordaba la muerte de unos jóvenes scouts que se comió una alud de tierra. Ésto nos hace recordar que la montaña siempre se ha de respetar. Continuamos… por fin el camino se ensancha y unas paraditas de comida nos hacen pensar que aún no almorzamos. Merecido descanso, tras la mezcla de sensaciones, esplendor natural, miedo, aventura, desconocido,… probamos el plátano con queso, no está mal.

Al fin en casa, lo único que podemos hacer es descansar, nos dormimos, la altura agota.

La ruta del eje cafetero continúa en Pereira, así que, allá vamos. Nos acoge una familia muy agradable que trabajan en una fundación situada justo al lado de uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Incluso nos explican que hace poco en una trifulca se escuchaban los balazos. Chicos de diferentes edades encuentran un futuro mejor en este hogar. Se trata de niños y jóvenes que provienen ya sea de familias desestructuradas, o bien, en situación de abandono. Pasan de crecer en la calle rodeados de trabajo infantil, delincuencia, drogas,… a tener una alimentación, educación y un trabajo emocional con arteterapia. Muchos de éstos chicos desafortunadamente han crecido demasiado rápido.

¿Y la chicas? ¿Dónde están? En la fundación también tienen lugar, pero cuando llegan, entre amenazas de proxenetas, coacciones,… deciden escapar, incluso algunas por agujeros en el techo, para regresar a sus vidas (si se les puede llamar vidas). Que temor deben tener éstas chicas, cambiar las muñecas y otros juegos por calle y prostitución.

Se necesita tiempo para digerir la cruda realidad. Por suerte, hay quien pone esa gotita que hace del mundo un lugar mejor.

Aprendemos mucho, valoramos y tenemos interesantes conversaciones con la familia, puede que ahora comprendamos un poco más.

Continuamos, siguiente parada Salento, un pequeño pueblo rodeado de montañas al pie del Valle de Cocora, la entrada al Parque Nacional Natural de los Nevados. Aquí casi tod@s viven del turismo, pero ni así, no ha perdido su encanto, conservando muchos de sus oficios como la ganadería o el cultivo del café y el cacao. Después de visitar el pueblo, entre sus callejones de casas de dos plantas, con sus tejados de tejas rojas, nos vamos de excursión al Valle de Cocora. El valle tiene muchos senderos, elegimos uno de ellos que nos lleva a una “reserva de colibríes”. Tras cruzar el puente comienza un camino embarrado, con muchas piedras, angosto y que debido al constante paso de caballos con turistas se encuentra en muy mal estado y esto lo hace muy difícil de caminar. Aún y así, lo disfrutamos, las enormemente altas palmeras de cera nos acompañan y a cada poco diferentes vaquitas nos saludan con su “muu”. Es un agradable y largo camino, aunque siempre en subida.

Al cabo de una horita y media echamos una vista al cielo, unas gotitas nos salpican, las nubes juegan y se mueven rápidamente, decidimos descansar y comer mientras observamos cómo evoluciona el tiempo. Se nubla cada vez más y parece que pueda arrancar a llover y no nos gustaría volver por un camino aún más embarrado.

Sin darnos cuenta nuestros pies levan andados unos quince kilómetros, la vuelta será larga y dura, suerte que ahora vamos de bajada. Aunque cansad@s, felices de disfrutar este paisaje. Esperamos que las imágenes de éste lindo valle no se nos olviden. Si tuviéramos que escoger un lugar para vivir en Colombia posiblemente sería aquí, pero el viaje continúa…

   

La ciudad de la eterna primavera


Nos dirigimos al sur, nuestra próxima parada Medellín, la cuál es conocida como la ciudad de la eterna primavera.

El lugar tiene el romanticismo de Cartagena mezclado con el aire sofisticado de Bogotá. Sentimos que es un lugar tranquilo y ordenado.

El clima sosegado nos permite conocer la ciudad, para continuar la tónica, es un valle con calles en unas cuestas indescriptibles. La mejor manera de conocerla: el teleférico. Así que decidimos hacer un tour por cable, Medellín desde el aire. Desde esta perspectiva podemos divisar las diferencias de  clases sociales, aunque desde aquí no vemos los barrios más adinerados, vemos lugares con “casas” fabricadas con 4 paredes de hormigón y a modo de techo una especie de uralita que ni siquiera se encuentra clavada; sólo los mas “afortunados” poseen neumáticos para sostenerlo.

Medellín, entre figuras de Botero (sin el gato del Raval), lindo jardín botánico, un metro nuevo y limpio, con parada de Sant Antoni incluida y el parque Arví. A este verde parque normalmente se accede en teleférico pero como queríamos que no hubiera tanta gente decidimos ir en lunes. ¡Oups! Nuestra sorpresa, en lugar de 15 minutos , debemos coger un bus que tarda más de una hora ya que el teleférico se encuentra cerrado. En fin… la aventura es la aventura. Un precioso recorrido en buseta subiendo la montaña que deja tras de sí unas vistas espectaculares. Allá estamos decidid@s a recorrer el parque ¿Qué ocurre? Otra vez nos dicen los carabineros que se necesita guía, que si no es peligroso, que nos pueden robar,… :/ Resignad@s nos “creemos” lo que nos dicen… ya no sabemos si es cierto o si es esta estupenda manía de sacar dinero que tienen por acá. Elegimos un sendero, se confunde con otro, se cruza con el siguiente… no importa, comeremos entre arboles y naturaleza, el camino de vuelta no estará muy lejos. Y así disfrutando de la energía de la tierra, del nuevo camino, gotas del cielo, llueve, pero la buseta de vuelta ya llegó.

El viaje continúa por Colombia pero con una gran pérdida, Agus ha de volver… lo echaremos de menos, pero nos quedamos con su esencia…

 

A orillas del mar


Amanece y la “brisa” de Sta. Marta azota, tenemos las mochilas preparadas y aunque todavía cansad@s  cogemos otra buseta hacia Cartagena de Indias. Un viaje de cuatro horas se convierte en todo el dia, hambrientos pero por fin en nuestro destino.

Cartagena de Indias en realidad son dos Cartagenas, existe el centro histórico, bien chévere, limpio, con edificaciones coloniales, plazas, iglesias, incluso con una fuente de Canaletas donada por Barcelona y una Moreneta (la segunda en Colombia). Pero, existe otra realidad, tras la muralla que envuelve esta linda ciudad encontramos suciedad, calles sin asfaltar, gente malviviendo en la calle, mercados con olores indescriptibles,… pobreza. La dualidad colombiana en todo su esplendor.

En nuestra búsqueda indígena lo poco que encontramos fue un monumento a la India Catalina. Sorprendid@s, un monumento a una mujer indígena, pero tras conocer la
historia viene nuestra decepción. Resultó ser esposa de un colonizador español, y la labor de ella era traducir todo aquello necesario para la conquista, “pacificando” así los dos pueblos.

La historia de ésta ciudad nos envuelve, ojalá que las piedras pudiesen contar… Intentamos imaginar lo que las comunidades de acá podrían sentir al ver a lo lejos esas velas de galeones que quizás podrían ser “nubes blancas”…

Queremos playa, el calor caribeño es algo asfixiante, y nos dirigimos hacia Isla Barú, que en realidad es una especie de península. Boleto en mano nos subimos a un ferry, al alejarnos de la costa el agua se hace más brava y disfrutamos de los pequeños saltos del barco. La gran sorpresa, los delfines, preciosos, nos maravillan, nos acompañan danzando al borde de la proa, juegan, saltan, danzan,… pero del mismo modo que aparecen deciden marchar. ¡Que linda experiencia! Navegar junto a delfines.

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El ferry no puede acercarse a la orilla así que tenemos que llegar en catamarán. Más bien una plancha con barandilla. Se mueve, a pesar de que el mar no se encontraba agitado, se necesitaba un buen salto para llegar a él. Algo asustad@s, el peso de la mochila desequilibra. Un salto decidido en el mar, ya lo tenemos, llegamos.

La isla es relinda, pero al igual que Cartagena, tiene dos caras, la de delante, realmente muy cuidada y preciosa: playa blanca; y la parte de detrás, un manglar que se ha convertido en el basurero de los “restaurantes” locales: playa negra. Es un lugar muy turístico, por el día hay una zona que se llena de turistas y lugareños que venden collares, trenzas, masajes, bebidas,… pero al atardecer los turistas se van y se convierte en otro lugar. Nosotr@s por suerte, caminamos y acampamos bajo una pequeña sombra, lejos de la muchedumbre y disfrutamos de una playa blanca, de aguas turquesas cristalinas, de amaneceres y atardeceres con un sol rojo, enorme, como una bola de fuego y, cuando se escondía en el horizonte, las estrellas inundaban el cielo ¿Qué hay más lindo? Dormir, y al abrir los ojos, ver el mar mientras escuchas las pequeñas olas romper.

Días plácidos, envolventes, energía del mar…

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A la cerca de “Ciudad Perdida”


8 a.m. ens venen a recollir en 4×4, carreguem les motxilles, s’ha acabat el descans, comença una travessia de 6 dies per anar a Ciudad Perdida i tornar-ne.

Després de recollir a la resta del grup, en serem cinc, i de fer una horeta per carretera, arribem a un control militar, ben armats, per variar, és l’entrada a la reserva indígena. Continuem una hora més en “carro” per un camí de carros, sort que anem en tot-terreny. Hem arribat a Machete Pelao, poble que rep el nom de lo “brutos” que eren. Comença l’odissea.

DSCN6344Dinem, agafem energies, encara no sabem el que ens espera. Motxilla a l’esquena comencem a caminar, el camí és agradable, al costat d’un riu que de tant en tant va formant piscines naturals amb petites caigudes d’aigua cristalina. Al cap d’una horeta de camí ens aturem per prendre un bany, primera aturada. Mentre descansem veiem com pel camí pujen les mules carregades amb diferents indígenes que després ens anirem trobant pel camí. Reprenem el camí, ara toca creuar el riu, a petits saltirons entre les pedretes. I comença la pujada, i quina pujada!! Sol directe, gairebé sense ombres, pols, molta pols, ni que fós el desert! Però no estàvem a la Sierra Nevada de Santa Marta? Això sembla el Sàhara! Portem mitja hora pujant, uff… seguim cap amunt i trobem un cartell que marca que hem fet el 25% del camí, amb resignació i suor continuem. Quinze minuts més de pujada i trobem un altre cartell que ens indica que estem al… 25%? Altre cop? Se’n riuen de nosaltres? Encara amb més resignació i suor, seguim cap amunt. La pols del terra se’ns fica als pulmons i cada poquet anem fent aturadetes per respirar i gaudir de les vistes. Pujem i pujem quasi una horeta més; segons el rellotge, que segons el cos en semblen cinc! I per fi al cim, toca un descans, uns trossos de sindria entre gallines que els encanten les nostres llavors i burres que els encanten les peles.

Continuem caminant per la carena amb precioses vistes a banda i banda, la verdor del paissatge ens fa oblidar l’esforç de la pujada. En poc més d’una hora arribem a on passarem la nit, només ens falta creuar un pont que tambaleja a cada petjada. Aquesta nit dormirem en hamaques, amb un sostre però sense parets, a la llum de la lluna, escoltant gripaus i ves a saber tu què més que no sabíem identificar, a la vora del riu, toca dosi extra d’antimosquits i cobrir-se bé amb la mosquitera. Busquem la postura per dormir i després de molts intents ens adonem que les hamaques estan fetes per a fer-hi la migdiada però no per a dormir-hi, i menys si t’ataquen les etiquetes (pregunteu-li a l’Agus 😆 ).

DSCN6372S’escolta un gall, ens llevem, mal al cos, definitivament les hamaques són tan sols per una estoneta. Esmorzar a punt, no només en sóm cinc, quatre periquitos ens acompanyen, són ben petits però s’ho mengen tot, fins i tot la xancleta i entre rialles ens toca començar a caminar.

Per la nostra sorpresa, bona part del camí es troba envoltat d’arbres cremats recentment. Resulta que els indígenes ho fan per a tenir més terres de pastura. Volen tenir ingressos de la venda dels ramats. El contacte amb tant de turisme els està creant falses necessitats i estan “perdent” una part de la seva essència. Ens preguntem si és millor no tindre-hi cap contacte…

Continuem i les nostres mirades es meravellen, anem veient cases dels indígenes, ben rodones simbolitzant el cosmos i amb un sostre amb dos petits pics els quals representen els dos cims permanentment nevats de la Sierra Nevada de Santa Marta, els més alts. Al cap d’una estona arriben al poblat de “Mutanyi”, els ulls dels més menuts ens observen, són ben boniques, cabell llis, molt negre, pell fosca, vestits blancs i uns petits somriures tímids.

Els qui habiten aquest poblat són la tribu dels “Kogui”, una de les quatre tribus que habiten la zona juntament amb els “Arsarios” o “Wiwas”(els més comerciants, tenen fins i tot la seva agència de guies), els “Arhuakos” i els “Kankuamos” (desgraciadament aquests dos darrers ni els coneixerem ja que habiten zones més llunyanes del camí turístic).

Respirem, és una petita immersió en altres cultures, còm serien les nostres vides si haguéssim nascut aquí? Qui ho sap?!

Caminem i entre arbres ancestrals no ens n’adonem i ja hem arribat al segon refugi. Un bany al riu d’aigües cristal·lines, ens relaxem, gaudim, la mare terra ens acull.

Sopem, volem conèixer més de la seva cultura. Als nens no se’ls considera homes fins que en la seva adolescència realitzen la cerimònia sagrada del “poporo”. Aquesta consisteix en 3 dies consumint fulles de coca amb cal, que els cremarà la boca i els llavis, juntament amb el xaman, o com ells l’anomenen “mamo”. A partir d’aquesta cerimònia els homes ja poden casar-se. Tant homes com dones es casaran amb qui els ho ordeni el mamo. Tot i així, no dormiran junts, no ho fan mai per no caure en la temptació. El sexe és únicament reproductiu i quan mantenen relacions ho fan de dia i fora del poblat. I a més a més la dona ha d’estar quieta, ja que encarna la pachamama i creuen que el seu moviment podria convertir-se en tremolors de la terra.

El poporo és el recipient on fiquen la cal que utilitzen per absorbir millor les propietats de la coca, que seguiràn prenent la resta de la seva vida. La dona no prendrà coca sinó que serà l’encarregada de preparar-la.

Entre històries i cuques de llum se’ns ha fet tard. Avui dormirem “a lo princesa tropical”. Lliteres completament cobertes amb mosquiteres a mode de dosser de color blanc que transmet aire de conte.

DSCN6411Un altre dia, cames preparades i continuem la marxa. Entre moltíssima vegetació anem trobant “bohios”, són les cases dels indígenes. Algunes d’elles estan habitades, d’altres buides, La propietat és diferent, no és privada, qualsevol pot habitar qualsevol espai buit i conrear camps que estiguin en desús. No existeixen les herències.

Gaudim del dia, encara que de vegades les forces minven una mica. Sempre  ben acompanyats del riu, atravessant-lo a cada poquet, a vegades sobre les pedretes, d’altres descalços amb els peus a l’aigua, d’altres en ponts, que era el que més por feia.

Arribem al refugi, bany al riu ben merescut, papallones a la panxa, després de tres dies caminant demà arribem a “Ciudad Perdida” o “Teyuna”, com la coneixen els indígenes, que en llengua Chibcha significa “origen dels pobles de la Terra”. El nom de “Ciudad Perdida” ve donat perquè no va ser descoberta fins al 1975 per assaltadors de tombes.  Teyuna va ser creada aproximadament cap al s. XI per la tribu del Tayrona i va anar augmentant de volum i importància quan moltes altres tribus de la zona van anar-hi a refugiar-se de la conquesta espanyola. Després va ser abandonada, sobre el 1600, es creu que per epidèmies que van obligar a la població a disperasar-se en petits assentaments.

Anem a dormir, aquesta nit en tenda de campanya, hem de descansar, demà serà un gran dia.

DSCN6479Ens llevem abans que el sòl i emprenem el camí. Vint minuts a la vora del riu i arribem a l’inici de les escales: 1200 graons ens esperen. No n’hi ha dos d’iguals, alguns són de l’alçada d’un pam, d’altres d’una cama sencera. Ben bé una hora pujant graons entre la densa jungla. Per fí ja hi sóm!! 🙂

Arribem a les primeres “terrasses”, són una extensió rodona de terra delimitades per petites parets de pedra, són les bases sobre les quals construïen els habitatges i també disposaven de sistemes per conduir l’aigua. Estaven diferenciades per zones segons oficis i posició social. De terrassa en terrassa anem pujant, tot el camí és empedrat.

Arribem a la prat més alta, les vistes són espectaculars, és un lloc realment privilegiat. Les dues terrasses que hi han aquí són diferents. Una ovalada molt gran i una de rodona al cim, des de la que antigament es podia divisar tot el poblat, ambdues eren espais de reunió.DSCN6519

Un petit problema per a la vista,  quan en girar al cap des d’aquí veiem com a cincuanta metres cap amunt hi ha una caserna militar, 😯 😡 😥 Suposadament era per “protegir-nos” de possibles assalts. Definitivament, el motiu per el que s’ha de venir amb tour guiat per una empresa és perquè la zona està controlada militarment i cal pagar el tribut. La gran part del que hem pagat s’ho quedaràn ells, l’altra intermediàris, agències, guies, transportistes,… i els indígenes només en veuràn les engrunes. És una pena perquè és un camí que podries fer en solitari, i els indígenes que en són els més afectats, perquè són les seves terres les que s’atravessen, en són els menys beneficiats.

Malgrat tot, hem pogut conèixer una mica d’una cultura indígena que encara sobreviu i a on es rememoren històries ancestrals com “Serankwa”, o el Déu Sol. Diu la llegenda que Serankwa era un nen molt i molt lleig, tant que el seu pare n’estava avergonyit i buscant una manera d’embellir-lo el va banyar en or. Tal va ser la sorpresa en quant els raigs del sol el van tocar i el nen va resplendir que el van creure part del mateix sol.

Quina aventura…

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En ruta al Caribe


Nos dirigimos hacia tierra aún más caliente sin saber lo que nos esperaba. Bucaramanga, media anual de temperatura 33ºC. Es una ciudad con muy poco que explicar, capital del departamento de Santander. Lo único que creemos que se podría resaltar es el pequeño jardín botánico poblado de montones de tortugas.

Si no teniamos suficiente con la calor, nos fuimos en busca de la humedad.
Barrancabermeja, a orillas del río Magdalena,el más caudaloso de Colombia, la capital colombiana del petróleo: extracción, refinerías, fabricas de fertilizantes químicos,… y por si eso oliera poco mal, las calles llenas de basura. Hasta ahorita la ciudad más sucia que hemos visto, no había papeleras y cuando increíblemente encontramos una, no tenia fondo :/ ¿Qué hacemos aquí? Queremos conocer la OFP (Organización Femenina Popular). Fundada el año 1972 dentro de la iglesia católica con el objetivo de capacitar a las mujeres y que éstas pudieran “liberarse y defenderse en la vida”. En 1988 inicia un proceso de separación de la iglesia y con los años deja de ser una organización exclusiva de apoyo a la mujer para acoger también otros movimientos tales cómo: el apoyo a familias desplazadas por el conflicto político, el Movimiento Juvenil Universitario, la Resistencia Civil Contra la Guerra,… y la apertura de varias “Casas de la Mujer” en Colombia.

La sede se encuentra en uno de los barrios más desfavorecidos de Barranca. Cuenta con un comedor social, espacio de intercambio para las mujeres, cursos de capacitación, un punto de información y atención a la mujer dónde ofrecen los recursos necesarios, etc.

Allí nos explicaron la grave situación de la mujer, 9 asesinatos por año contabilizados sólo en Barranca (320.000 habitantes). También pudimos ver los pósters de la campaña de sensibilización del pasado 25 de noviembre. Todos contaban con frases dichas por las propias mujeres que habían sido atendidas en la OFP. Todos empezaban con “Él me dice que me quiere mucho” y continuaban con palabras espeluznantes como “No joda que las puñaladas están de moda”. Sólo escribirlo se os pone la piel de gallina. ¡Cuánta barbarie! No hay palabras… Cuánto camino por recorrer… Hay que respirar profundamente para seguir luchando.

Que pena que haya costado tanto contactar con ellas. No pudimos colaborar cómo nos hubiese gustado. Quizás más adelante.

Nos despedimos de Barranca con el corazón dolido por la cruda realidad.

Nos espera un largo y frío viaje de una noche entera en una buseta congelador cubiert@s con manta nos preguntamos ¿No sabe que el aire acondicionado se puede graduar?

A la 6 de la mañana por fin en el Caribe, que desilusión que en Santa Marta la poca playa que hay está pegada al puerto industrial. Al atardecer, mirando el mar, un sol enorme de color rojizo ocupaba el cielo, maravillándonos con su luz especial, los tonos naranjas nos hacían perder la mirada en el horizonte. Pero el sol imponente en unos instantes desapareció en las tímidas olas, dando paso a una noche sin luna.

Nos despertamos con el sonido del fuerte viento, los elíseos, acá conocidos como “brisa”, que nos llevó a coger otra buseta dirección a Taganga.

Taganga es un pequeño pueblo pesquero, de 5 carreras y unas 15 calles. La principal, dónde se encontraba la iglesia, asfaltada, el resto de tierra. Ahorita este lugar vive del turismo y se encuentra sumergido en un grave problema: la falta de agua. El hecho de que hace más de un año que no llueve, y a nuestro modo de ver, la mala gestión, provoca grandes desigualdades entre quienes pueden pagar tanques de agua y aquellos que no. Y si le sumamos también la gran “picardía” de Colombia vemos quién se enriquece con las dificultades de los demás. En medio de un cabildo abierto, l@s lugareñ@s de Taganga intentaban buscar soluciones a esta situación.

El agua es uno de los mayores tesoros y comprendiendo lo que ocurre, nuestras duchas eran un pequeño hilo de agua que había que apreciar. Los baños de verdad eran en la playa.

Entre dos secas colinas una playita de arena suave y con algunas sombras que nos aliviaban del calor. El agua clara, para algunas tan fría y que les costaba de entrar, pero cuándo te decidías rápidamente el cuerpo se acostumbraba a la temperatura con la dulce caricia del mar.

Si mirabas tan sólo un momento, podías ver como pequeños pececitos de plata saltaban, brillando como si quisieran saltar al sol, como si supieran que tocando al ecuador el sol está más cerca de la tierra.

Unos días de descanso… ¡Esto es el caribe mi amor!

El primer baño


10 a.m. Cojemos el colectivo hacia Arcabuco, un pueblo perdido en medio de la montaña. ¿Qué tiene? Una carretera nacional (bueno, así le llaman). Después de una larga hora a pie de carretera, entre gallinas, perros y mariposas y viendo pasar camiones, de repente pasa el colectivo que necesitamos, ¡pero qué rápido! Un poco más y o lo vemos; le hacemos señales, y con dos narices echa marcha atrás en carril único para recogernos. ¡Toma ya! Éste será el bus que nos llevará hasta San Gil ¡Menudo viajecito nos espera! Curva, curva, curva ¡ahh! y curva, minirecta, curva. No sabemos a qué velocidad pero demasiado rápido seguro. Se pueden contar con los dedos de una mano las personas que no se marearon. Mantenerse en el asiento era difícil e intentar dormir ya os imaginaréis… Buff… no puede ser adelantamiento en continua casi sin espacio. ¡Gracias al Cosmos que hemos llegado!

Terminal de San Gil, miramos el mapa. Un taxi nos cuesta unos 3.500 pesos (1.40€). El hostal parece cerca, nos parece excesivo, vamos caminando. Esto es tierra recaliente. Seguimos caminando. Sudor. Dolor de espalda. Seguimos caminando. Como pesan las mochilas, suerte que almorzamos (comimos) en la terminal ¿pero qué llevamos? Seguimos caminando. Al final llegamos. Quizás nuestro modo ahorro es excesivo. En el hostal sólo queda una habitación pero, descubrimos que acampar en el patio es más barato. ¿Adivináis?

San Gil es un lugar tranquilo pero con mucha vida. Y mucha religión, la hay en todo el país pero acá quizás donde ha sido más visible. Una iglesia enorme, a la salida de la eucaristía una marea de gente.

La plaza nunca estaba vacía. Costaba encontrar un banco vacío para sentarse (y más a la sombra) . El único inconveniente del lugar las cuestas, si hasta ahorita nos quejábamos de las pendientes de otros pueblos ¡qué ilus@s!

No nos fijamos si bajo la tienda había piedras, pero da igual, esta noche nada nos quita el sueño.

Por la mañana decidimos ir de excursión, San Gil es muy lindo pero queremos conocer más. Cogemos una buseta, ¡qué calor! y en media horita llegamos a un pueblo colonial. Barichara un lugar con bonitas calles, fachadas limpias, bien pintadas, resplandecientes, una plaza central grande como medio pueblo, mucho sol y una catedral estilo Notre Dame.  Descansamos en un banquito con un “Postobon”, la Fanta colombiana de acá con gustos de todo y alguna cosa más (piña, manzana, cola, uva, mora,…) y de colores que no dirías que son bebibles (amarillo chillón, rosa naranjoso y rosa chicle, lila cantón,…) Pero… y la gente ¿dónde está? Resulta ser un pueblo muy cuidado porque es la segunda residencia de la gente con dinero. ¡Qué pena!   podría ser un bello lugar para vivir.
Otra buseta, nos vamos a Guane. El poblado donde habitó la última de las 10 tribus. Guane llegó hasta aquí desplazada a causa de la colonización.  Queremos conocer más y vamos al pequeño museo arqueológico que hay. Como todo lo indígena el museo es escaso parece que los 100.000 guanes que habitaban aquí antes  de la llegada de los españoles no hubiesen existido nunca. Se hace muy difícil aprender de las culturas prehispánicas. (Aunque no nos gusta esta palabra aún no sabemos como decirlo. Nos resulta muy egocentrista medir el tiempo según la llegada de Colón).

Lo poco que pudimos sacar de este museo es la leyenda de como el Cacique de la tribu, de nombre Guanentá luchó hasta el final sin rendirse hasta el momento que acorralado por los colonizadores decidió tirarse por el precipicio al río antes que dejarse atrapar. Dice la leyenda que en ese momento un cóndor, uno de los animales que consideraban sagrados, se  lo impidió atravesándole el pecho.  Esta imagen se encuentra en medio de la plaza de San Gil.

¡Qué pena que tanta historia y sabiduría haya caído en un olvido tan profundo !

Un nuevo amanecer, hoy toca refrescarse por fin. El primer baño que no es de lluvia. Buseta hasta Curití y allá empezamos a caminar hacia el Pescaderito. Caminito, carretera, sol,… parece que no llegamos ¿nos habremos perdido? Un señor en moto nos indica que está a 500m, pero se hace eterno, ¿será que las distancias en moto son distintas?

¡Qué chévere! Empezamos a andar a orillas del río, a medida que avanzamos van apareciendo preciosas piscinas naturales. Esta nos gusta “La playita” en medio de la naturaleza con aguas cristalinas y piedras calientes que nos recargan y pequeños peces que alimentamos a base de lentejas. Un paraje de naturaleza humilde. No es una naturaleza exuberante pero si muy acogedora. Nos relajamos, disfrutamos,… el día se hizo corto.

Con energías renovadas cargamos las mochilas otra vez…