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Entre ballenas y cangrejos


Volvemos rumbo al norte, tenemos mucha burocracia que realizar en Santa Elena, pero en esta ocasión si que nos paramos en Guayaquil. Guayaquil está situada a orillas del río Guayas y es la ciudad más grande y poblada del Ecuador. A pesar de su orígen de aura romántica, donde el cacique Guayas y su esposa Quil decidieron resistir hasta morir antes que someterse a los españoles, es un lugar de clima bochornoso, de mucho tráfico y sin mucho que hacer. Lo poco a destacar es el Malecon 2000, un paseo peatonal a orillas del rio, y el barrio de las Peñas, centro histórico de la ciudad que con los años se convirtió en un barrio bohemio lleno de galerias de arte y casitas de colores.

Continuamos nuestro viaje y llegamos a Capaes, una urbanización a las afueras de Santa Elena, allá nos acoge una ecuatoriana de gran corazón y dos argentinas, con bandera incluida 🙂 . Entre risas y mates, obvio, nos sentimos como en casa así que, planeamos una excursión a los Frailes, una playa perteneciente al Parque Nacional de Machalilla. Amanece, y salimos a la carretera para tomar el bus, mientras esperamos fotos y más fotos, corremos,… ¡casi lo perdemos! y esta aventura no ha hecho más que empezar.

Tras una hora y media de viaje, hacemos parar el bus en la entrada del parque, en la puerta nos registramos, y empezamos a caminar. La playa de los Frailes se encuentra a unos veinte minutos caminando pero al llegar a la primera bifucarcación decidimos hacer el camino largo. Una pequeña subida, muchos árboles resecos a nuestro alrededor y unos pájaros negros, parece que estemos en medio de una película de terror, menos mal que estamos a plena luz del día. Seguimos caminando y el verde del paisaje empieza a aparecer… sorprendid@s llegamos a un mirador… es precioso… el oceáno, las rocas y al fondo un pueblito llamado Puerto Cayo, parece una postal. El camino sigue y poco a poco llegamos a una primera playa,  es linda, no es de arena sino de piedritas y si paras a mirar, un sinfin de conchitas, caracolillos, pequeños erizos… que le dan un color peculiar. Corremos, queremos mojar nuestros pies en el Pacífico… ¡aargg! ¡cuántas algas! una sensación extraña… las algas nos acarician los pies, nos hacen cosquillas,… El mundo entra por los sentidos…

Avanzamos, y al poco rato otra cala desértica, bueno en realidad no tanto… a la orilla un montón de cangrejos que parecen asustadizos, corremos a perseguirlos, parece que la arena se mueva de tantos que hay,… pero de repente uno de ellos se para, se pone bravo y nos muestra las pinzas, sus ojos sobre las antenas nos miran fijamente, suerte que somos cincuenta veces más grande que él que sino ¡hoy eramos su plato principal!

Esta ruta alternativa es un no parar de sorpresas, de nuevo entre árboles y de nuevo otra playa, ésta bien curiosa, el oceáno lucha contra si mismo, hay un punto en que llegan dos corrientes, valientes nos bañamos, salto por aquí, ola por acá,… disfrutamos como enan@s, la marea nos mece de un lugar al otro, las olas llegan con fuerza, pero es tan divertido,… Ya estamos agotad@s… mejor salir a descansar…

Ya debe faltar poco para llegar a la playa… proseguimos la marcha… el camino no está tan claro… avanzamos, retrocedemos,… ¿por dónde será? ya casi nos dabamos por perdid@s… pero nuestra estrellita o mejor dicho, cangrejito de la suerte, nos acompaña… Llegamos, tras una hora y media o dos, ya no sabemos, a los Frailes, un playa espectacular, linda, de ensueño, como de cuento,… La disfrutamos, la miramos, la percibimos,… nos enamora.

Se ha hecho tarde y debemos regresar a la entrada, esta vez por el camino corto 😉 , sorpresa… nos han cerrado la puerta… ¡toca saltar! Lo conseguimos pero ya no hay buses de vuelta desde acá, tenemos que llegar al siguiente pueblo, Puerto López, pero está algo lejos,… mejor hacer dedo. En diez minutos, sin saber como estamos l@s cinco, en la parte de atrás de un pick up y dando botes por los baches.

Llegamos a Puerto López, es un pueblito costero muy lindo y tranquilo. Grrr… nuestros estómagos rugen, son más de las 6 y no hemos ni comido. Un sandwich en la playa, pero rápido, porque las argentinas se quedan pero el resto del equipo regresa a Capaes, y el último transporte nos han dicho que es a las 19h. Corremos, y para asegurar nuestra llegada, tomamos un mototaxi, ¡Apúrese, apúrese! Ahora toca esperar en la terminal, y esperar, y esperar y seguir esperando… resulta que estamos esperando en la terminal y el bus ha decidido no entrar y coger los pasajeros en la misma carretera. Primero enfado, pero luego nos reímos, toca pasar la noche en Puerto López y ya que nos quedamos iremos a ver las ballenas 🙂 Caminamos al pueblo, y parece que estemos jugando al gato y el ratón con las argentinas, y eso que el lugar es bien pequeñito… en fin,… habrá que buscar un lugar dónde dormir, encontramos una preciosa cabañita con vistas al océano, ¡que hermoso! Estrellas en el cielo, el sonido de las olas, el olor,… y de repente ¡las argentinas! ¡ja, ja, ja! Tras risas, cervecitas en la playa, algún que otro bailoteo sobre la arena,  a descansar, que el día ha sido largo.

Los primeros rayos de sol se cuelan por las rendijas de la cabañita… estamos emocionad@s ¡Vamos a ver ballenas!

El barquito no es muy grande, unas 15 personas a bordo, nos paramos, una primera ballena nos muestra el lomo, unos 13 metros y 30 toneladas. Al cabo de poco otra, y otra,… y ¡una de ellas salta! No hay palabras, el corazón late con fuerza, ¡que emoción! Que bueno que perdieramos el bus… Estas ballenas jorobadas vienen del sur del continente, haciendo miles de kilómetros para, en estas aguas más calentitas, aparearse ¡Que locos son estos lindos animales!

Como parte del tour podemos hacer snorkel pero para nuestra sorpresa el barquito no se acerca mucho a las islitas de enfrente. Pero habrá que probar ¡Plooof! Al agua ¡Que fria! Nos ponemos las gafas y ¡Que impresión! solo se ve azul, azul oscuro casi negro, es una sensación muy extraña, la immensidad, asusta, sorprende… Toca regresar, de vuelta a tierra frime, jamás olvidaremos la preciosidad y grandeza de las ballenas, ¡Que experiencia!

Abandonamos Ecuador, un país de volcanes, selva, grandes ciudades, montañas y lagunas donde hemos reído, soñado y llorado. Nos despedimos de éste país deseos@s de seguir conociendo.

 

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Una linda ciudad


Llegamos a Cuenca pasando por Guayaquil, un montón de horas, dos buses, casi ya ni recordamos… Es de noche y hace frío, con cambios de temperatura y aturdid@s hay que situarse. Tras el regateo con el taxista, llegamos a un hostal, por fin descansamos en una cama.

Amanece, salimos al mundo, es precioso, calles adoquinadas, iglesias espectaculares, casas con balcones que enamoran, no es de extrañar que le llamen la Atenas del Ecuador y que fuera declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Al costado de la linda iglesia del centro histórico el mercado de flores que nos sorprende con sus colores y al atardecer, como es festivo, la plaza se llena de un sinfín de paraditas de dulces, ¡los queremos probar todos!

Cuenca o Tomebamba, como era conocida durante la cultura Cañari y tras la invasión incaica, es especial, se respira historia y por eso, nos dejamos deslumbrar por el Museo Pumapungo. En la parte exterior, encontramos el Parque Arqueólogico que consta de unas ruinas con forma de terrazas escalonadas y el vestigio de un Templo de culto al Sol, la estampa nos encanta, las llamas que pasean plácidamente nos trasladan en el tiempo.  Un poquito más abajo, la entrada a un túnel, el cual hacía más de 30 metros, simbolizaba el mundo subterráneo, hogar de las Wacas los espírutus de los antepasados.  En el interior del museo descubrimos que la ciudad de Tomebamba fue destruida antes de la llegada de los españoles, en el tiempo de Atahuallpa y Huascar,  fundada por Túpac Yupanqui, tras la victoria contra los cañaris, considerándola la cuna de Huayna Capac (antepenúltimo emperador Inka) y por consiguente, un espacio sagrado donde se levantaron templos y palacios.

Queremos seguir descubriendo, culturas ancestrales y la presencia incaica. Todo es sabiduría, otra cosmovisión. A unos 70 kilómetros, Ingapirca, que en quichua significa Muro del Inca, es la construcción arqueológica de origen Inca-Cañari más importante del Ecuador. Se desconoce cual fue la verdadera finalidad de este edificio, se cree que fue construido por órdenes de Huayna Capac como lugar estratégico para el avance inca por Ecuador y como lugar de adoración y veneración a Inti (el Sol). Las ruinas tienen esa esencia mística, de piedras perfectamente talladas y con esa especial forma que caracteriza la arquitectura inca.  Allá, descubrimos el Acllahuasi, un lugar especial para las Acllas o Vírgenes del Sol, estas eran las mujeres escogidas para adorar al Dios Sol, mujeres de gran belleza que a los 8 o 10 años iniciaban una educación especial y se encargaban de tareas refinadas bajo la tutela de las mamacomas.

   

Muchas cosas que aprender, mucho camino que recorrer…

PD: Bon any a tot@s!!!! I que els vostres somnis es facin realitat!!✨ 🌟 🎇 🎉 🎊 🎈 Molts petons i abraçades! Se us troba a faltar!

De bruces con la realidad ecuatoriana


La montaña nos atrapa pero nos apetece calor y mar, nos vamos a Manta, a unos 400 kilómetros de Riobamba. En la terminal de autobuses, no cumplen con el horario previsto así que en lugar de salir por la mañana tendremos que esperar a las ocho y viajar toda la noche. Las horas pasan… lentas… el reloj decidió avanzar despacio. La aguja apunta nuestra hora, por fin en marcha.

Ya es de día y salimos del bus, un golpe de calor, dormidos vamos a desayunar a una “panadería” donde hacen los mejores donuts, o como les llaman acá: donas, de chocolate rellenos de arequipe que jamás había probado, mmm…. Y mientras conversamos con el encargado, sorprendido y con cierta envidia sana por nuestro viaje, nos anima a continuar y colabora con nosotr@s regalándonos una bolsa de panes y dulces. 🙂

De nuevo nos acogen en una casa donde probamos nuestro primer cebiche, pescado encurtido a base de limón, y como siempre los gustos varían hay quien siente algo blando medio crudo en su boca… y hay quien lo irá convirtiendo en un rico plato que seguir degustando.

Manta, es un pueblo costero donde existía la cultura del mismo nombre los cuales se dedicaban a la pesca y tenían tradiciones que se han ido perdiendo con el paso de los años. Ahora el pueblo de Manta se ha convertido en un lugar de destino vacacional con algunos  grandes hoteles a la orilla del mar pero en nuestro intento de ver más allá queremos conocer… una salida matutina para  ver los barcos pesqueros y como subastan la mercancia, así como la construcción de los barcos, hace que el lugar tenga algo de encanto. Aunque en realidad los verdaderos pescadores son los alcatraces, unos pájaros con verdadera técnica. Vuelan miles de ellos en círculo acorralando los bancos de peces y en un determinado momento y de forma ordenada se lanzan al mar cual aviones kamikazes sumergiéndose en el agua. Un verdadero espectáculo.

Abandonamos Manta y seguimos bordeando la costa pacífica por la ruta del Spondylus, un concha difícil de conseguir, muy hermosa y preciada por las diferentes culturas tanto pre-colombinas como también la Inca. Esta concha era usada como moneda o se usaba para hacer ornamentos que indicaban estatus social e incluso se han encontrado muchas de ellas en tumbas de personajes de cierto poder como sacerdotes, caciques,…

Llegamos a nuestro destino, Montañita, un lugar donde poder descansar y ver lindas puestas de sol. En general, el lugar no nos agrada mucho… se trata de un pueblo creado para el turismo, donde hostels y discotecas conforman las calles. Algunos artesan@s nos sorprenden con sus manualidades pero quedan enmascarados por las tiendas recaras a las que acuden los surfers. Ya algo decepcionad@s nos toca sentir uno de los grandes aprendizajes de este viaje: “el no apego por lo material”.

Una tarde, con las estrellas ya en el cielo, mientras estabamos en el hostal nos percatamos que nuestra habitación tiene la luz encendida, extrañad@s acudimos a mirar. Ropa en el suelo y algo revuelto y lo peor… ¡se han llevado las mochilas! ¡no puede ser! Salimos corriendo y un rastro de nuestras cosas por el suelo… hasta la parada del autobus donde perdemos el rastro. Acudimos a la policia y la ineficacia e incompetencia de ellos nos despera y aún más  cuando te disuaden para no denunciar…

Paramos, respiramos, nos enfadamos, lloramos, sentimos,…rabia interior ¿qué le pasa a este mundo? ¿envidia? ¿pobreza? ¿egoísmo? no sabemos… pero la sensación de que nos han roto un sueño aparece. Por suerte, la documentación se les cayó… caos  de emociones.

Una noche extraña, ánimos bajos,… El hostel no se responsabiliza de nada y encima trabaja sin licencia. Empieza nuestra peregrinación. Empezamos por poner la denuncia en Santa  Elena, que se encuentra a una hora de montañita, policia judicial, fiscales, ministerio de turismo, declaraciones juradas,… como una pelota la legislación juega con nosotr@s durante más de un mes (y casi con lo puesto). Poco a poco vamos viendo que no sirve de mucho, o de nada… además Montañita es como un territorio comanche donde hay robos contínuos y tod@s son complices. Para terminar, cuando ya solo nos quede una semana de visado, el fiscal nos dirá que al caso le faltan unas investigaciones y que debemos ir pasándonos por la fiscalía cada mes para “motivarlos” que si no lo hacemos el caso se cerrará (palabras textuales), a lo que respondemos nuestra incapacidad por la visa y nos dice que podemos hacerlo por correo electrónico, pero a día de hoy todavía no han respondido ni uno solo de los múltiples correos que les enviamos.

Momentos duros pero energías del Mediterraneo nos regeneran poco a poco… lo que en realidad importa no se compra, lo material es etéreo, es una falsa felicidad y es reemplazable. La vida es mucho más que todo eso, es amistad, es fuerza, es cariño, es lucha, es aprender, es reconstrucción, es amor, es equivocarse, es sentir, es continuar, es soñar… es Vivir.

El azul Quilotoa


Aún no ha salido el sol, pero ya tenemos nuestras mochilas pequeñas preparadas: mallas y camiseta térmica, calcetines bien gorditos, guantes y algo más. Nos vamos a Quilotoa, una laguna en el cráter de un volcán apagado a 3910 msnm, y seguro hará frío. Tomamos el primer bus desde Riobamba a Ambato el cual se demora unas tres horas. Allá, un segundo transporte que nos lleva hasta el lugar. Es una pequeña buseta abarrotada de lugareñ@s y mochiler@s. El paisaje es hermoso, montañas al fondo, nevados,… son de luz. Curvas, zig-zag, carretera, pequeñas comunas, pastos, ovejas,… y unas tostadas de arequipe que nos endulzan el trayecto.

Es mediodía y recién llegamos a Quilotoa, hace sol, pero el aire es helado. El pueblo, en realidad no es un pueblo, se trata de un conjunto de pequeños hostales y restaurantes destinados a que l@s mochiler@s puedan hacer senderismo por la zona. Acampar en este lugar es impensable, ¡qué frío!

Subimos un poco, no hay palabras, desde la pequeña colina se dislumbra Quilotoa, durmiendo en su cráter, el azul del agua es intenso y las tonalidades del agua varían según el sol. ¡Qué maravilla! Creo que es uno de los lugares más lindos que hemos visto. Ya queremos que sea mañana para poder bordearla…

 

Vamos a dar un paseo, el lugar es precioso y decidimos bajar hasta Zumbahua que está a unos 13 km el camino es muy agradable. Nos paramos, hay un montón de ovejas a las que queremos conocer. Son temerosas, la hierba que les ofrecemos hace que se acerquen un poco pero no conseguimos tocar su tupida lana. El paseo se prolonga y vemos algunas llamas, la vista es como de postal. ¡Pero que pestañas tienen las llamas! ¡Qué lindas son! ¡Me encantan! 🙂

Se nos está haciendo tarde, el sol se esconderá en breve, aún nos falta como una hora para llegar al pueblo y poder tomar una buseta para poder volver. Improvisación, para variar, decidimos hacer dedo y un camión nos para. Subimos a la cabina, es enorme, y tras una agradable charla, de nuevo en Quilotoa.

Un caldito caliente, el aire sopla y temprano a dormir, el peso de las mantas no nos deja ni movernos…

¡Riiiing! las cinco de la mañana, un buen desayuno, hay que coger fuerzas para el día de hoy (eso que no sabíamos lo que nos esperaba) y sobretodo es el momento de abrigarse bien, aún me pondría diez capas más… El aire es helado. Estamos list@s, empieza la excursión.

Quilotoa es una maravilla de la naturaleza y ya empezamos a bordearla. La magia de la vida, hace unos 800 años el volcán erupcionó y en el 1660 lo volvió a hacer pero sólo expulsando ceniza, de ahí se formó la laguna de tres kilométros de diámetro. En ese momento debido a los sulfatos era de un color amarillento pero con el paso de los años las algas crecieron y le otorgaron  más azules de los que podemos imaginar.

No sé como describir cuan maravilloso es este lugar… seguimos el pequeño sendero y Quilotoa siempre a la vista. Por la otra dirección un río de niños y niñas que corren, parece que vayan a la escuela. ¡Menuda caminata diaria! ¿Cuándo este mundo dejará de invertir en guerras y hará más escuelas? Los pequeños corren a toda prisa y nosotr@s caracolit@s bien despacio, la altura no nos permite más.

wpid-dscn7241.jpgFlores de intensos colores nos acompañan, vivos amarillos, rojos intensos, dulces malvas,… Quilotoa al fondo y dos caminos, ¿cuál escoger? el que desciende parece el correcto, pero poco a poco se vuelve angosto y complicado, bajamos y bajamos y de repente hemos  descendido demasiado, casi podemos tocar la laguna, el camino ya no es camino y al mirar hacia arriba no distinguimos por donde hemos venido. Probamos una dirección, regresamos, probamos otra, no encontramos, empieza a chispear, no sabemos volver. Nos hemos perdido. Respiramos. La única solución es volver a subir y retomar el camino, pero ¿cómo? pués como cabritas, monte a través. El terreno es abrupto y vamos a cuatro patas. Sensaciones diversas recorren nuestro cuerpo. Nos animamos. Esto está siendo más difícil de lo esperado. Continuamos hacia arriba. Y más arriba. Parece que casi estamos. Hemos llegado. Menudo alivio. Resultó que el camino elegido en verdad era un torrente de agua que ahora se encontraba seco. Hemos perdido como dos horas. Ya no nos da tiempo de bordear la laguna y a la montaña se la respeta y a los volcanes más. Decidimos llegar hasta el mirador y desde allá descender a Chugchilán para tomar el bus hacia Latacunga y de nuevo a Riobamba.

De nuevo en el camino, los turquesas y sus tonalidades nos acompañan y poco a poco llegamos al mirador. Desde allá vemos el pueblito al que queremos llegar y al otro lado la inovidable laguna. La miramos y nos despedimos de ella. Pura fuerza. Durante el trayecto vamos encontrando nativos trabajando las duras tierras y casas aisladas y tras un par de horas por fin en el pueblito, el cual es bien chiquito. Resulta que no es Chugchilán sino la comuna de San Pablo. ¡Oops! 😯 Y desde acá no hay bus ninguno hasta mañana y ahora son sólo las tres de la tarde. Nos explican que Chugchilán es el pueblito que se ve al fondo tras el cañón y que se puede llegar a pie. Decidimos seguir caminando, nos esperan esta noche en Riobamba.

Empezamos a estar cansad@s pero sentimos que Quilotoa nos ha dado la energía de los elementos: el fuego del volcán apagado, el agua de la laguna, la tierra a nuestros pies y el aire helado en nuestros rostros.

El ancho y plácido camino se bifurca y la única persona a quien preguntar es una pequeña de unos siete años. Le creemos, ella ha nacido acá. El camino es estrecho, es un cañon, bajamos con altas rocas a ambos lados y después de un buen tramo se abre el sendero, la vista de nuevo preciosa. El camino sigue descendiendo, de nuevo no sabemos que dirección tomar, las marcas son confusas y llegamos hasta un río. No entendemos. Deberíamos poder cruzar pero no vemos la manera. El río baja con fuerza y no vemos por donde pasar. Alzamos la vista. Un joven baja por un barranco y cruza el río por dos cañas atadas con alambre espino. Estupefact@s no podemos creer lo que acabamos de ver. Le preguntamos y ese es el único modo de llegar a Chugchilán. Nos dice que una riada se llevó el puente y que está medio peligroso. ¿En serio? ¿Medio peligroso? ¿Y qué será para este chico peligroso entero? No lo quiero imaginar. Toca cruzar y la fina lluvia no ha parado de acompañarnos. Hay que ser valientes. La bajada no es dificil y llegamos al “puente” esos dos tronquitos resbaladizos que hay que pisar con mucha firmeza. Conseguido y ahora barranco arriba. Es como arena movediza. La “grimpada” es dura, las manos no se pueden agarrar, es tierra que se va deslizando en cada movimiento.  Ya no sabemos donde cogernos pero las fuerzas y el ingenio es en estos momentos donde siempre aparecen. No sabemos como pero estamos arriba. Las piernas nos tiemblan, el corazón late rápido, la lluvia nos moja la cara,… pero lo hemos hecho 😉 ¿será que tenemos una estrellita?

Esto parece no acabar nunca, hemos perdido la cuenta de cuanto llevamos caminando. Es tarde y ahora toca subir, el cuerpo se mueve por inercia y las piernas se han vuelto automáticas. Caminamos, caminamos, caminamos,… y encima empapad@s. Está oscureciendo, la aventura empezó a las seis de la mañana, ¡llevamos casi doce horas caminando!

Vemos unas luces, unas casas, personas,… ¡lo hemos logrado! Pero… es un pueblito, pequeñito, muy pequeñito… tampoco hay buses hasta mañana. ¡Menudo día! Bueno… a buscar hostal. Una merecida ducha, una cena calentita y una cama, son el mejor regalo. Caemos rendid@s. ¡Qué aventura!

Digiriendo el camino


Tomamos un bus y en poco tiempo (unas tres o cuatro horas) el clima y el paisaje cambian repentinamente, dejamos la selva para llegar a Baños de Agua Santa, un pueblito en la sierra a las faldas del volcán Tungurahua, que en Quichua significa “ardor en la garganta” y el cual se encuentra todavía ferozmente activo. Es un lugar tranquilo y turístico al mismo tiempo con mucha naturaleza por conocer a nuestro alrededor. Algo cansad@s, paseamos por el pueblo, es pequeñito y se levanta al borde de un precipicio, se encuentra rodeado de cascadas y en su centro destaca la iglesia, pero no por su arquitectura, sino por los pinturescos cuadros que la decoran y en los que se pueden leer extraños relatos de los cientos de milagros que la Virgen de Agua Santa realizó acá, historias curiosas sobre burros que atraviesan ríos, casas que sobreviven a inundaciones,… y destacando como la Virgen con su mano frenó la furia del volcán.

Un malestar que se contagia nos invade, no sabemos si los cientos de picadas que llevamos, el agua de la selva, las emociones, las salsas de la cena, el cansancio,… nos hacen que todas las excursiones programadas se resuman a quedarse en la camita comiendo arroz… digerir el mundo, a veces, no es tarea fácil…

Han pasado cuatro días desde que nuestro cuerpo nos dijo ¡pará! y queremos seguir cuidándolo aunque ya se encuentre mejor. Nos damos un regalito y vamos a las termas que dicen que sus aguas tienen poderes curativos. Éstas se encuentran en un lugar privilegiado, bajo una cascada y con vistas al volcán.Todas las “piscinas” son exteriores, la primera es de un agua templada y muy agradable, lástima que niñ@s y sus familias se lo tomen como  zona de juegos. Las otras dos son extremos termales, primero te sumerges en un agua helada, muy helada, donde llega un punto que sólo sientes cosquilleos que suben por tu cuerpo, esto es la preparación para poder sumergirte en la otra piscina, donde el agua es muy caliente, cuesta de soportar, toda la piel se pone rojiza y parece que vayas a hervir. Son sensaciones extrañas rodeadas de vistas hermosas.

Renovad@s nos despedimos de Baños y aunque apenad@s por no haber podido disfrutar del lugar seguimos nuestro viaje, nos esperan en Riobambaconocida también como “el sultán de los Andes” , a sus 2750 msnm y rodeada por varios volcanes como el Chimborazo, el Tungurahua, el Altar y el Carihuariuazo.

Riobamba tieneun encanto muy especial, mires donde mires, encuentras majestuosos volcanes cubiertos de nieve, que al amanecer y atardecer toman unas tonalidades rojizas que te dejan encandilad@. Al norte de este lugar visitamos Guano conocido por sus artesanías de cuero y poco más. Con otra buseta, que hay quien tiene que ir encorbado, porque la altura de estas combis es para gente pequeñita, llegamos a Cajabamba. Un pueblo indígena y tradicional de nombre muy curioso donde bordeamos la laguna de Colta y parte de las vías del tren turístico que se dirigen a la Nariz del Diablo. Otro día más de mundos distintos… que diferente puede ser tu vida si naces acá,…

Un intercambio de comidas siempre es rico, tortilla de patatas y “pà amb tomàquet” por buñuelos de viento, bolón de verde y dulce morocho, nos encanta… disfrutar de las comidas en casa de alguien del lugar siempre es enriquecedor y más si viene acompañado con una buena conversación y consejos para el soroche.

El sol aún no ha salido y el agua hierve, preparamos mate de coca con bastante panela, la coca es bastante amarga y no muy agradable, pero hoy vamos a las Lagunas de Atillo que se encuentran a 3526 msnm y aún sentiremos más la falta de oxígeno. Tras unas dos horas de viaje bajamos del bus, hace frío, mucho frío, llueve y esta nublado. Estamos en el punto más alto, en la Laguna Negra, pero no vemos nada 😦 la densa niebla nos oculta el paraje. Empezamos a descender por la carretera ya que los caminos son moquetas de agua. Todo es verde y no para de llover, es una lluvia fina pero nos cala hasta los huesos, la humedad del ambiente es enorme y el frío empieza a ser pesado.

“¡Para, para, saca la cámara! Ha despejado un poco y vemos tres lagunas que están conectadas. Es relindo. Pero la niebla vuelve de nuevo y nos oculta toda esa maravilla. ¡Qué pena! Helados seguimos caminando y encontramos unas casitas que parecen barecitos. Miramos, parece que está todo cerrado, pero en una de ellas sale humo por la chimenea. “Toc, toc”. Una señora nativa con sus trenzas y bien abrigada nos abre la puerta. Sentimos el calorcito. Con una sonrisa pone más leña y nos prepara un café muy caliente. Nuestro cuerpo empieza a aclimatarse mmm… que agradable. El gatito corretea por el suelo de madera. Nos quedaríamos gustosamente más tiempo pero mejor seguir caminando. De nuevo en la carretera, parece que la niebla nos deja ver algo más, las montañas y algunas vacas se aprecian en nuestro camino. A pesar de la lluvia disfrutamos, tomamos fotos,… y sin darnos cuenta llegamos a Atillo donde cogemos el bus de regreso.

De nuevo en Riobamba, ¿pero en latinoamérica no ibamos a pasar calor? cuantas cosas no sabíamos y cuanto nos queda por conocer…

La vida en la selva


Ya no recordamos muy bien como, pero llegamos  a Tena, la entrada a la selva amazónica desde Ecuador. El bochorno es intenso, la humedad y el calor se palpan en el ambiente. El pueblito está atravesado por los rios Tena y Pano, dos afluentes más del inconquistable Amazonas. En la plaza nos esperan, nos acoge una familia de raíces indígenas bien peculiar. Su casa está a las afueras y llegamos en un taxi-van. Se trata de un gran terreno, lleno de árboles inmensos y en el centro una estructura circular con techo hecho de palma donde estan las “habitaciones”. El lugar es muy lindo. Poco a poco vamos sintiendo en nuestra piel la gran vida que acá  se respira.

El día pasa rápido, y la pareja de chilenos que también se encuentran allá hospedados, nos dicen que mañana van a limpiar la poza porque el agua ha perdido presión y hay que desembozarla y nos piden si les acompañamos. Aceptamos gustosamente sin exactamente saber lo que nos espera. Por la noche, caemos rendidos, estamos agotad@s, pero no podemos dormir. El techo de palma es un ecosistema donde viven toda clase de bichos, y todos, de una manera u otra pican.  Es más, tienen libre circulación con el exterior, las mosquiteras no nos sirven de mucho, ya que están rotas y si no, pueden pasar tranquilamente, entre el gran espacio entre la pared y el techo. Probamos con la citronela, pero parece que los mosquitos la usan de perfume , el repelente tampoco les causa mucho efecto, ¿será que lo usan a modo de ungüento?,… en fin, hasta que no descubramos el inmenso poder del palo santo, intentamos dormir, cubriéndonos bien con el saco. Es muy de noche, todo está oscuro, pero necesito ir al baño. Al salir de la “habitación” sigo el sendero que lleva hasta el lavabo que por “suerte” se encuentra iluminado. ¡Pero qué es esto! ¡Si parece una reunión de bichos! Hay de todos los tipos, que vuelan, que saltan, que se arrastran, que se cuelgan, que suenan, que dan luz… también los hay de diferentes tamaños y tonalidades. Cuanta variedad… no sé si podré ir al baño con tanta gente… tomo aire… y descubro a una superaraña gigante peluda que me mira… tomo más aire… yo quería intimidad… Acabo lo antes posible y regreso a la cama. ¡Menuda aventura nocturna!

Amanece, lo hemos intentado, pero estamos llenos de picadas, y lo que nos queda,… ¡no tienen piedad! A la gente de acá no les pican, será que huelen sangre nueva y les gusta variar,…

Tras el desayuno, cogemos fuerzas, vamos a adentrarnos en la selva y la sorpresa… ¡lo haremos descalz@s! La tierra es tan fangosa que te hundes hasta casi la rodilla, así que, ir con nuestras preciadas zapatillas, sería una perdida irrecuperable, ya que al hundir el pie y tratar de sacarlo, nuestro calzado quedaría irremediablemente sepultado. Empezamos a caminar, nos sentimos desnud@s, es  una sensación muy extraña, el contacto total con la pachamama debería remitirnos a nuestros ancestros, pero en su lugar, sentimos miedo, sorpresa, angustia, suavidad,… un saco de emociones. A cada paso, por nuestra cabeza pasan pensamientos como: en cualquier momento me pica un bicho, me muerde una serpiente,  me pincho con una planta venenosa,… Vamos bromeando, y para nuestra propia seguridad queremos creer que si pican a alguien será al primero así que no pasará nada. Llevamos unos 40 minutos caminando y ahora toca ir por agua. De nuevo sensaciones ambivalentes, el frescor del agua, el suavecito del barro, los árboles tropicales de verde intenso, el cantar de los pájaros, los insectos revoloteándo,… y el desconcierto de no saber donde pones los pies. Llegamos, las hojas y ramas habían taponado la tubería que abastece de agua la casa. Lo limpiamos e inexplicablemente el regreso lo realizamos en muy poco tiempo. ¡Cómo cambian las perspectivas! Lo desconocido nos produce extrañeza y temor, y sólo con experimentarlo una sóla vez las capacidades aumentan y la sensación de logro y disfrute nos invaden.

Tenemos hambre y compartiremos la comida, los chilenos preparan ensalada y un ají picantísimo, nosotr@s arroz con verduras en el fuego a tierra y el plato fuerte de la casa: “chontakuros” (chonta: es un tipo de árbol y kuro: gusano) es decir están preparando gusanos. Sí, si, ¡gusanos!. 😯 Los acaban de traer bien frescos, vaya, vivos. No paran de moverse. Son de unos cinco centímetros, blancos y regordetes. Y la receta es muy fácil, se ponen en la sarten y se cocinan con su propia grasa.A pesar de que verlos retorcerse en el fuego es bastante desagradable para ellos es un verdadero manjar y para los valientes que lo prueban… ¡no sabe a pollo! tienen una cascara dura, un interior viscoso y la cabeza como un kiko. Todo un cóctel de texturas…

Los días pasan, las picadas aumentan,… y queremos conocer un poco más de los secretos de la selva. Nos vamos a Misahuallí , tierra de monos, estos pequeños ladronzuelos están por todas partes, se han apoderado de la plaza del pueblo, convirtiéndose en reclamo turístico, y también están por todo los alrededores de los ríos Misahualli y Napo (dos afluentes más del Amazonas) . Estos traviesos monos no son muy grandes, tienen un lindo pelaje gris, corren de un lado para otro e incluso podemos ver como algunas mama-mono llevan a sus crías. Los miramos, nos divertimos, pero siempre conservando las distancias porque en cuanto te descuidas estan muy cerca y… ¡zas! ya no tienes cámara de fotos, gafas de sol,… se te llevan cualquier cosa que brille o sea comestible. ¡Menudos son!

Sonidos, aromas, calor, mosquitos, humedad, estrellas,… nos quedamos con su esencia…

Paseando por Quito


Llegamos a Quito, capital de Ecuador, una ciudad espeluznantemente inmensa , de norte a sur aproximadamente unos 40 km (mínimo dos días a pie para atravesarla). Una locura de ciudad con 3 millones de habitantes a 2800 m.s.n.m. Lo primero que nos llama la atención, un montón de carteles que indican “punto de encuentro” y “lugar seguro” ¿qué será? preguntamos al taxista y con total naturalidad nos dice “no, nada… sólo para terremotos o cuando haya una erupción” ¿en serio? ¡nos vamos por patas de aquí! Por suerte, ahora la actividad volcánica se encuentra monitorizada y los terremotos son poco frecuentes, es más prevención que otra cosa.

En el Quito viejo se respira solemnidad, los edificios se muestran majestuosos. Hoy es domingo, y cierran el tráfico en casitodo el centro. Es precioso ver las grandes plazas con ferias, las calles llenas de gente deambulando de aquí para allá,… el trajetreo del disfrutar de su día libre. Pegados al centro hay dos grandes parques, de una extensión de más de seis cuadras de Barcelona. En estos se respira mucha vida cada día, hay un sinfín de actuaciones callejeras, mercadillos de artesanías y un sinfín de toboganes y columpios. Realmente es muy agradable. Al costado de uno de ellos, se encuentra el Museo del Banco Central. En verdad, es un conjunto de tesoros. Explican detalladamente las diferentes culturas pre-incas del país, así como, muestra un sinfín de maravillas funerarias, objetos cotidianos, piezas para rituales,… y múltiples representaciones pictóricas de la denominada “Escuela de Quito”. Se trata de pinturas religiosas realizadas por indígenas “discípulos” de los colonizadores. Por lo que las obras tienen características peculiares como el hecho de representar a Dios mediante el uso del triángulo y el ojo. Cuanta historia, necesitamos descansar, para nuestra vuelta usamos la Ecovía. Es una línea de bus que atraviesa la ciudad de norte a sur, tiene un carril propio y estaciones de acceso como si fuera un metro. El problema que para entrar tienes que hacerlo como sardina en lata y el seguridad sólo sirve para empujar aún más a la gente embutiéndola y cerrar la puerta.

 

Un nuevo amanecer, vamos a subir el Rucu Pichincha, un volcán inactivo de 4696 metros que se encuentra al lado del Guagua Pichincha el cual puede sorprender a la ciudad con su energía de fuego. Para hacerlo tomamos el teleférico, subimos de los 2950 a los 4050 metros, las vistas son sorprendentes, Quito es enorme, apenas se alcanza ver el final. Hace frío, el aire es helado, pero no nos importa, el lugar se merece el esfuerzo. Empezamos a caminar, es realmente agotador, la falta de oxígeno hace que cada paso sea un gran logro. Contínuamos, hay que tomar aire, cien metros, un descanso, cincuenta, otro descanso, diez, descanso, uno, descanso,… el cuerpo se queja, un malestar general, dolor de cabeza y una especie sensación de mareo,… el Rucu a lo lejos, pero hay que parar la altura no nos deja avanzar. Hemos hecho un poco más de la mitad de la caminata pero no podemos continuar, decidimos descansar, reponemos fuerzas, pero decidimos que es mejor volver hacía atrás ¡qué pena! la próxima vez habrá que aclimatarse mejor. 😦 quizás aún no era nuestro momento para subir un volcán…

A poca distancia de acá se encuentra la mitad del mundo. Hay todo un monumento que marca con una línea el hemisferio Sur y el hemisferio Norte, como también un museo que relata toda la misión geodésica, paradas de artesania, restaurantes,… miramos a nuestro alrededor, apenados, vemos esto como una especie de parque temático porque en realidad la mitad del mundo 0º 0′ 0″ se encuentra a unos metros de este lugar sin que nadie le preste atención. Nos despedimos de Quito, cuyo significado es “lugar de encuentro”, no sabemos si nos hemos encontrado… pero el camino continua…