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Titicaca, el mar de los Andes


Lo que más nos gustaría en este momento sería teletransportanos a una cama, no importa como sea pero queremos dormir. Estamos en la terminal de buses a las cinco de la mañana (no es la primera vez, ni será la última) no hay sol, hace frío y nada abierto… Tenemos que esperar al menos a que amanezca, mejor en la terminal que en la calle. La cafetería abre, algo calentito por favor, mientras miramos el mapa para situarnos un poco en la ciudad. Estamos en Puno, una de las ciudades más altas del mundo, entre 3810 msnm y 4050 msnm. Despacito el día despierta, nos mobilizamos y en un ratito, tenemos hostal y nuestros deseos se ven cumplidos, así que hacemos una siesta a las diez de la mañana.

La ciudad conserva el aire tradicional con una mezcla de locura caótica en el centro. wpid-wp-1437418971972.jpegPaseando por una de sus calles llegamos al lago Titicaca y bordeamos un poquito de su orilla sin fin. Aquí la ciudad para, se relaja, el agua calma. El lago Titicaca es una mezcla de culturas: Aymaras, Quechuas y Urus, todas ellas con sabiduría ancestral, y que ahora comparten el Perú y Bolívia. Es el lago navegable más alto del mundo a 3812 msnm y cuenta con 8490 km2, estamos ante la inmensidad en las alturas de los Andes. Nos dejamos hechizar…

Un nuevo día, el sol nos acaricia, estamos en un puertito del lago, vamos a visitar las Islas de los Uros, o “gente de sangre negra” como se denominan ellos, un pueblo que huyó al lago cuando Pachacutec los asedió. Nos adentramos en el Titicaca atravesando wpid-wp-1437418981261.jpeg“bosquecitos” de totora, las plantas con las que hacen las islas, embarcaciones, casas,… la planta que les da la vida. A lo lejos un conjunto de islitas doradas, con unos arcos hechos de totora, con sus viviendas de totora, con su… todo de totora. Bajamos a una islita, es como hecho de paja, la isla artificial, se mece con el agua. Nos explican que tejen las totoras donde estas crecen de forma natural y van haciendo capas, hasta llegar a un ancho de unos dos metros, encima construyen casas y en el exterior cocinan para evitar incendios. Con la invasión inka este pueblo se las ingenió para huir y se fue al lago. Antiguamente vivían de la pesca, tenían corrales con aves y cuyes y esporádicamente, iban a tierra firme para intercambiar sus productos. Ahora, las más de veinte islas flotantes viven únicamente del turismo.wpid-wp-1437418985724.jpeg Los que en un día fueron “uris” o indómitos y bravos se han “dejado conquistar” por la dependencia del turismo. Admiramos estas construcciones, la valentía de vivir sobre el agua, las tradiciones, sus creaciones con la totora,… pero nos apena el como se pierde… Visitamos otra isla y justo cuando vamos a subir a nuestra barca aparece una mujer mayor, de aspecto cansado y sonriente, que vende helados en su pequeña embarcacion de totora. Nos inspira ternura, y a su vez sentimientos contradictorios, tan mayor y remando la barca… que vida tan dura…

Despedimos las Islas de los Uros, unas islas fascinantes, por lo que son y por su cultura. Estas pequeñas casas doradas embellecen el sagrado Titicaca y sus embarcaciones, se mueven plácidamente como si de estelas en el cielo se tratase.

Las despedidas no se acaban, y aunque seguiremos a orillas del místico Titicaca, decimos adiós al Perú, en el bus, miramos estas tierras que nos han acogido en sus brazos, nos han enseñado montañas imposibles, océano en calma, desiertos, ríos plácidos, culturas impresionantes, valles sagrados… pero sobretodo colores y personas que sonríen. La esencia del Perú la llevamos con nosotr@s.

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En la ruta, los trámites de migración pertinentes, sello de salida del Perú y sello de entrada a Bolívia, pasamos la frontera a pie y nos dejamos tentar por unas salteñas (empanadas de patata, pollo, verduras y aceitunas) queremos empezar a probar todo. El camino en bus continua, ya estamos en nuestro destino, Copacabana, pero antes de descender del bus un señor sube y nos cobra a cada un@ un boliviano por ingresar al Santuario de Copacabana, esto será el inicio de una extraña relación con los boletos de “acceso a la terminal” de la cual todavía no somos conscientes.

wpid-wp-1437418990069.jpegCopacabana es un pueblito a orillas del Titicaca que se ha convertido en un destino turístico, ya que es el lugar desde donde se puede ir a visitar la Isla del Sol, donde surgieron los legendarios Manco Capac y Mama Ocllo para fundar el Tahuantisiyo. Donde empezó toda una Historia… Nos hubiera encantado ir a la Isla del Sol, puede que hubiésemos entendido un poco más a esa gran civilización, pero es temporada de lluvias y no es buena idea acampar cuando en cualquier momento puede arrancar el diluvio.

wpid-wp-1437418994503.jpegEl pueblo es muy agradable y tranquilo, es chiquito y lo lindo es poder subir un cerrito a orillas del Titicaca, que aunque es pequeño tiene su esfuerzo porque parace que en cualquier momento te vaya a faltar el aire. Desde arriba el lugar hipnotiza, es la belleza pura, te hace sentir el Estar y lo importante es el presente no el “ver” ni el “hacer”. Así que la tarde transcurre plácidamente desde el cerrito mirando el lago.

Los viajes no son fijos y los rumbos y tiempos se cambian según lo sentimos. La lluvia nos hace acelerar el ritmo así que nos encontramos de nuevo en el bus cambiando de emplazamiento. Al ratito del trayecto, paramos y el conductor nos dice que wpid-wp-1437418999012.jpeghemos de bajar tod@s, vamos a atravesar el Titicaca por Tiquina, su punto más estrecho. Para hacerlo se llevan nuestro bus y lo suben a una barca mientras nosotr@s esperamos una barquita de pasajer@s. ¡Qué curioso! Navegamos ese trocito de Titicaca y al llegar a la otra orilla tomamamos de nuevo nuestro bus, que había decidido que estaba cansado y quería mecerse en el lago azul. El camino continua…

Choquequirao


“Es lo más duro que he hecho en mi vida” y con este mensaje de un buen amigo argentino empezamos esta aventura, mientras por dentro pensábamos, “¡Bahh! No será para tanto, entre ida y vuelta son unos 60 kilómetros… Nos vamos a Choquequirao, un trekking de unos cuatro o cinco días a lo que se conoce como la hermana sagrada de Machu Picchu.

DÍA 1:

Es temprano (o bueno, quizá no tanto) llegamos a la terminal de Cusco donde por cinco minutos perdemos nuestro bus y como para el siguiente faltan unas tres horas, aprovechamos para subir a la torre de Pachacuteq . No lo sabíamos pero esto era la primera señal de que esta aventura iba a ser larga. Al cabo de un rato tomamos nuestro bus hacia Abancay, que nos dejará en el desvío de San Pedro de Cachora. Después de unas tres horas estamos en una carretera con dos casitas en medio de la nada. Un señor con su hijo esperando, le preguntamos si va a Cachora, y de inmediato parece que nos conozca de toda la vida y en un momento nos explica un montón de cosas del lugar.  Viene un taxi, regateamos, y tod@s adentro. Para llegar al pueblo desde el cruce vamos descendiendo una montaña por una carreterita bien estrecha. San Pedro de Cachora es una aldeita tranquila con humildes casas y calles de piedra. Nos despedimos y empezamos el wpid-dscn8974.jpgcamino. Está atardeciendo y nos habían dicho que cerca de Cachora había un mirador donde se puede acampar. Caminamos unos quince minutos y vemos una explanada con el nevado del Kiswar al fondo ¡no hay belleza más grande que los Andes! Plantamos la carpa y hacemos un fuego para cocinar. Estamos encandilad@s… las estrellas, la luna, las montañas, la naturaleza,… no hay mejor casa que esta.

DÍA 2:

Esta amaneciendo y es indescriptible despertar en medio de los Andes, preparamos el desayuno,  avena-maca a lo inca pero… “puaj” nos hemos dejado el azúcar y la canela y aunque está bastante mala nos la comemos, la caminata va a ser dura… Todo a punto para empezar y oímos ¿Pero que hacéis? ¡Aquí no se puede acampar! Nos dice un hombre bien enojado. ¿No es el mirador? ¡No! ¡Y habéis hecho fuego! Y ahora viene un grupo… y #¬&!?= lo sentimos, pensábamos que era el mirador y se podía acampar… ¡Aquí está prohibido! ¿Pero no viene un grupo? Uixx… mejor no provocar… parece que está prohibido sino pagas en medio de la nada… ¡Gracias señor! ¡Y que tenga un buen día!

Parece que nuestro mirador, no era el mirador… Empezamos a caminar, es todo plano, wpid-wp-1443160629872.jpeg¿qué raro? Vemos un cartel “A Choquequirao”, pasamos un pequeño río, un senderito entre árboles,… todo muy apacible y llegamos a una carretera de tierra en plena solana… ¡Qué calor! Son las 10 de la mañana y el sol es sofocante, vamos despacito, no por la dificultad sino por el sol. Nos adelanta un coche y comemos todo el polvo… En un rato (exactamente 11 km) llegamos al “verdadero mirador” hasta el cual puedes llegar en coche y donde empieza el camino. Hay un pequeño quiosco, descansamos en la sombra, tomamos agua y hablamos con el dueño, que nos regala un poquito de azúcar mientras nos explica que hasta el río se tardan unas 5 ó 6 horas. ¿Tanto? Pensamos… si son unos 10 km de bajada… Lo que no sabíamos es que el cañón del Apurimac es uno de los más profundos del mundo y su descenso de 1500 metros no es precisamente un “paseo”. Empieza la verdadera caminata,wpid-dscn9167.jpg el sendero es estrecho y serpenteante, el sol en nuestra espalda se hace notar, bajamos al principio muy ilusionad@s pero el ritmo va aminorando… empezamos a estar muy cansad@s, ¿qué llevamos? ¿Tres horas bajando? No sabemos… estamos perdiendo el sentido del tiempo. Miramos hacía abajo, aún no vemos el río… muy lejos no puede estar… El paisaje ha cambiado del marrón y la tierra inicial a un verde húmedo en el que nos empiezan a picar todas las mosquitas (no se porque les ponen ese nombre… en realidad son minimosquitos con características inversamente proporcionales, cuanto menor es su tamaño mayor es su mala leche). Nos sentamos a descansar, las vistas son preciosas pero el agotamiento no nos permite disfrutarlas en su esplendor. Al fondo, en medio del verde de la montaña unos zig-zags infinitos que se pierden en algún punto… uauuu ¡si tuviera que hacer eso me muero!¡Qué locura! (ilusa… en un par de días íbamos a estar subiéndolo). Y todavía no se ve el río… ¿Quieres chocolate? ¡Tenemos chocolate! Esto es Felicidad (y con mayúsculas)…  ¡Mira allá se ve una casita! A unos 200 ó 300 metros un pequeño hogar con humo por la chimenea, nos acercamos y una “seño” nos deja acampar y ducharnos a cambio de un par de soles.

Lo primero, una ducha, bueno un chorro de agua con un plástico alrededor para evitar que entre el cerdo y las gallinas 🙂 y aunque no lo parezca, es una de las mejores duchas de nuestras vidas, tras el cansancio, enjabonarse en plena naturaleza, entre montañas y un cielo espléndido, no se puede equiparar ni al mejor jacuzzi del mundo.

Carpa montada, fuego en proceso, estrellas en el cielo,… Balance de la jornada: ¡qué día más largo! ¡y qué duro! Mañana nos lo tomaremos con más calma, el objetivo es llegar al río, que es una tercera parte de lo que hemos hecho hoy.

DÍA 3:

Como no vamos ha hacer una jornada tan larga decidimos levantarnos sobre las 6.30 – 7 a.m. ¡Piiip! Primer error, mientras desmontamos las mosquitas literalmente nos comen… pueden llegar a picar hasta en el ojo,  ¡de verdad! Está saliendo el sol ¡piip! segundo error, casi nos da una insolación por el camino. Y ya paramos de contar errores, no porque no hiciéramos más sino porque nos descontamos. Es cierto…

Empezamos a caminar y lo que parecía que iba a ser corto se nos hace eterno… Nos cruzamos con unos “arrieros” , son lugareños que con sus mulas cargan todo el equipo de los turistas y así ellos sólo van con una pequeña mochila con agua y un par de mudas. No como nosotr@s que vamos con todo el equipo de acampar, comida para 7 días,… y un par de mudas.

El sol nos está machacando, el ojo parece un volcán, no para de hincharse, el peso de la espalda parece que nos hunde en el suelo, ya no miramos el paisaje, sólo vemos nuestros pies cansad@s, nuestros minúsculos pasos y mucho desanimo. ¿Qué hacemos aquí? ¡Esto es terrible! En una de las pocas sombras del camino nos planteamos dar media vuelta. Sólo pensar que todavía nos queda llegar al río, volver a subir el cañón de 1500 metros por el otro lado, para después volverlo a bajar y de nuevo subirlo, nos asusta. Aquí no nos wpid-wp-1443160637820.jpegpodemos quedar y tampoco nos vemos con fuerzas para volver al mirador. Decidimos llegar al río y allá ya veremos que pasa mañana.

Medio arrastrándonos, poco a poco, muy poco a poco, caminamos,…  ¡Mira el río! ¡Por fin!
¡Ueeeee! Pasamos lo que denominamos nostr@s el “caos granítico”, un conjunto de grandes piedras que en algún momento cayeron de forma aleatoria y juguetona. Una bajada más, ¡llegamos!

Saludamos al guarda, un señor mayor, solitario, pero con ganas de contar y que le cuenten. Nos mojamos los pies y nos estiramos en unas grandes piedras. Al rato un grupo de limeños que vuelven de Choquequirao con todo lujo, ¡traen hasta sus propios cocineros! Son un montón y al hablar con ellos nos ven el desanimo que tratábamos  de ocultar.  Al momento, “chicos tienen que llegar”, “tengan este repelente es buenísimo”, “tomen palta, tomates, lentejas,…” Entre regalos y palabras de aliento, nos sonreímos, ya que hemos tocado fondo (y no sólo el del cañón) ahora sólo nos queda subir. La vida, aunque a veces lo dudemos, siempre regala aire fresco…

DÍA 4:

Para evitar el sol, ya que la subida no tiene ni una sombra, nos despertamos bien temprano, aún de noche, queremos subir al alba. Grrrrcrrrr… ¿Qué es esto? Mi barriga, me siento mal, como mareada… Así no puedes subir. ¿Y qué hacemos? Lo que pide el cuerpo, descansar. Pasamos todo el día al lado del río, el señor solitario, las mulas que suben y bajan bien cargadas… y mirando la terrible cuesta que nos espera mañana… Parece interminable, tendrá como dos kilómetros (sin exagerar), y una segunda cuesta algo más corta y miles de zigs zags,… mejor no mirar más.wpid-wp-1443160629770.jpeg

El señor nos explica su historia y también nos relata cómo unos años atrás, una gran riada junto con un fuerte desprendimiento se llevaron el antiguo puente y desde entonces hasta hace unos pocos meses, cuando abrieron el robusto nuevo puente, la gente tenia que cruzar el río en una vagoneta sustentada por un cable, de la que dos personas tiraban de cada lado para moverla. Mientras, el día pasa tranquilo, caluroso, pero sobretodo, recogiendo fuerzas.

DÍA 5:

Despertamos, es de noche todavía, recogemos la carpa, desayunamos maca-avena (otra vez) y list@s para partir. La luna nos ilumina, cruzamos el puente y empezamos a subir esa primera cuesta, larga, interminable, despacito y en silencio. Después, la segunda, sentimos la montaña en la oscuridad, su poder. Poco a poco, como nuestros pasos,
empieza a salir el sol. Sigue la subida. Vamos bien, pero no podemos perder el ritmo. Al cabo de un buen rato, llegamos a Santa Rosa Baja, unas tres casas, y en una de ellas una parada. Una “seño” sonriente nos prepara un café con los primeros rayos del sol y un cerdito que parece un perro reclama nuestra atención 😉 . Seguimos, el sol es fuerte y el cansancio wpid-wp-1443160631701.jpeghace acto de presencia.  La mochila cada vez pesa más, parece que carguemos con un elefante y un hipopótamo juntos. En la próxima curva un breve descanso. A nuestros ojos, una cascada, “gracias Apu” (el espíritu de las montañas según la cosmovisión inka). Y sin darnos cuenta estamos refrescándonos en este tesoro natural.  ¡Venga el último tirón! Ya debemos estar cerca de Marampata (la aldea de la cima). Estirando las energías, sin hablar pero disfrutando el paisaje, seguimos subiendo. Un porticón. Unos caballos. Unas casas. Un camino plano. ¡Estamos en Marampata!

Marampata es una belleza perdida en las montañas, el tiempo parece no correr, el aire puro, el verde intenso,… y tenemos la suerte de estar aquí. Es un paraíso wpid-wp-1443160632226.jpegperdido.

Acampamos en el jardín de una “seño” que amablemente (y obviamente, por unos soles) nos deja usar el baño y la cocina de leña. Un pequeñín quiere jugar y unas gallinas con capa revolotean. ¿Supergallinas? Sí, llevan capa plástica de vistosos colores que les da el superpoder de que no los atrape un condor.  😉

Preparamos la cena y en la “cocina” un montón de cuyes asustadizos que se dejan ver a cambio de comida. ¡Qué bonitos! Y cuanta compañía para cocinar.

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En la carpa, sentimos cosquilleo en los pies, estamos a dos kilómetros, en casi llano, de Choquequirao.

DÍA 6:

El sol asoma y empezamos el camino, queremos disfrutar el día, ansios@s empezamos a caminar. Una subidita, una bajada, un montón de piedras, una pequeña caída de agua y… siempre con un barranco al costado. ¿Te imaginas a los inkas pasando por aquí? Jamás sentían miedo…

Un banquito, un señor sonriente, uno de los guardas del recinto. Siente muchas ganas de hablar y está feliz porque hablamos la misma lengua. Nos muestra donde acampar y nos explica como llegar a los diferentes lugares.wpid-dscn9043.jpg

Choquequirao, Choquequiraw o Choq’ekiraw, Cuna de Oro en quechua, es un lugar sagrado sobre las estribaciones de la cordillera del Salcantay a unos 3000 msnm que en la época inka se constituyó como un centro cultural y religioso y como punto de control en el camino entre Vilcabamba y Machu Picchu. Posteriormente, con la colonización, fue uno de los bastiones de resistencia y se convirtió en el refugio de las altas esferas. Se cree que pequeños inkas reales se trasladaban aquí para crecer entre la seguridad de las montañas.

wpid-dscn9035.jpgEmpezamos a explorar las terrazas, en pleno barranco, construcciones majestuosas en plano vertical. Canales y sistemas de puentes. La inteligencia Inka. Subimos por un caminito para llegar a lo más alto, una explanada que conforma la Huaqaypata o la plaza principal nos brinda su esplendor. Lo más cerca de Inti y las estrellas, con vistas al abismo, el río Apurimac fluye al fondo y si tienes suerte puedes ver sobrevolar algún cóndor. La fuerza del lugar es omnipresente. Al costado un templo con una puerta mágica que parece no llevar a ninguna parte.  Pequeñas edificaciones al costado que nos conducen al Hanan o zona superior. Es majestuoso. Queremos respirarlo todo.

Volvemos a la plaza y una flecha que indica “llamas” ¿cómo no ir a visitarlas? Bajando y wpid-dscn9099.jpgbajando parece que no llegamos nunca. Con un desnivel de 250 metros vamos descubriendo las “Llamas del Sol” realizadas con piedras blancas que destacan brillantes en el gris del fondo.  Veinticuatro grabados encarados al sol que se creen ofrendas a los Apus. Son de una profunda belleza. Colocadas en el cañón mirando el infinito.

Volvemos a ascender, es increíble estar acá y casi solos. Es un regalo. Y lo mejor de todo es que dormiremos a pocos metros de esta maravilla.

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Felices, muy felices dormimos rodead@s de misticismo.

DÍA 7:

wpid-dscn9039.jpgAmanece, paseamos de nuevo por Choquequirao, más fotos, visitamos los depósitos o Qolqas, contemplamos esta maravilla y pensar que sólo se ha descubierto el 30%…

Uno de los grandes encantos del lugar es que no hay nadie, (o casi). Choquequirao es desconocido y de difícil acceso. Nosotr@s hemos tardado en llegar pero si pagas un arriero en dos o tres días puedes estar en la cima. Se ha de caminar y el terreno no es fácil, pero vale la pena. Y mucho. El guarda nos explica un proyecto de un teleférico. Nos apenamos. La magia y el misterio se perderán. Llegaran grupos de todas partes y se destrozará parte de la montaña… Parte de esta aventura es el camino. Pero, a la vez nos sentimos afortunad@s de haberlo vivido e incluso haber acampado aquí.

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Nos despedimos de este lugar sagrado, lleno de sabiduría y belleza. Nuestros pasos dejan atrás Choquequirao pero su esencia nos acompaña.

Visitamos a la “seño” de Marampata y también sus simpáticos cuyes. Montamos la carpa y dormimos dichos@s.

DÍA 8:

wpid-wp-1443160636274.jpegEs de noche y aunque no lo hayamos ido contando, el azúcar que nos regalaron hace días que se terminó y  ya odiamos la maca-avena, a pesar de todo, nos la comemos, es lo único que tenemos para desayunar. Empieza el descenso y a pesar de que es bajada, los pasos no son muy grandes ya que la pendiente es pronunciada. Será que estamos más livianos
(casi nos hemos comido todo), que nos estamos acostumbrando al agua con yodo (aunque sepa a hospital) o la felicidad de haber visitado uno de los lugares más hermosos del mundo, todo nos parece más fácil.

Llegamos al río y hace un calor terrible, paramos a wpid-wp-1443160637789.jpegcomer y a darnos una ducha fría que nos regenera hasta el alma. Tras el descanso y ahora que ha bajado el sol emprendemos la subida. Queremos dormir en el primer refugio, hacer la subida del tirón nos parece demasiado.

Atardeciendo acampamos, tenemos un buen ritmo, el corazón feliz y estamos animados. Lo imposible se está haciendo realidad.

DÍA 9:

En plena oscuridad nos despertamos y al abrir la puerta de la carpa ¡Ahhhhhhhhh! ¿Qué ocurre señorita? Una araña gigante y peluda. Señorita, no grite por eso, no hacen nada. (Responde el dueño malhumorado) Perdón, no estoy acostumbrada a despertarme en la noche y ver una araña de este tamaño que parecía que me fuera a comer.

Después del susto y de la maca avena, subimos, contemplando el paisaje y sabiendo que es el último día de este camino.  Miramos al otro lado del barranco y vemos todo lo que subimos y bajamos. Estamos orgullos@s. La subida que hoy caminamos fue la bajada del segundo día que casi acaba con nuestros ánimos. Hoy la sentimos de otro modo, hoy es nuestra aliada, hoy ya nos conocemos.
Al fondo, el mirador, unos zigs zags más y wpid-wp-1443160638709.jpegabandonamos el camino.  Hemos llegado, miramos al fondo y entrevemos el camino recorrido y al fondo distinguimos Choquequirao. Estuvo allá todo el tiempo pero no lo veíamos, nos habían hablado pero no lo sentíamos con el corazón. La última mirada…

Llegamos al mirador y nos premiamos con una Inca Kola gigante, fresquita, riquísima. Dos litros de alegría y azúcar 😉 Como no tenemos la suerte de que haya algún coche de  vuelta nos toca ir hacía Cachora
caminando, y aunque es casi llano se nos convierte en interminable. Diez wpid-wp-1443160639058.jpegkilómetros de eternidad en plano. Casi exhaust@s llegamos al pueblo y conseguimos un transporte hasta el cruce de carretera. Ya sólo nos queda esperar hasta el bus hacía Cusco.

Con los pies cansados y el cuerpo dolorido, pero con el alma feliz, pletórica,  ¡lo hemos conseguido!

¡Lo más duro que hemos hecho en nuestras vidas!

PD: ¡¡¡No volveremos a comer maca-avena nunca jamás!!!

 

Un misterio en las alturas


Era temprano, habíamos hecho batido de fresa y plátano (que como ibamos apurad@s de tiempo acabó modo bolsa y pitillo a lo peruano). Era el principio de un gran día. Teníamos las entradas desde hacía casi dos meses. Ibamos a hacer una de las excursiones más deseadas y esperadas de todo el viaje. ¡Nos ibamos a Machu Picchu! 🙂

Esperamos nuestra combi impacientes en la plaza de Armas de Cusco, al final ¡éramos los primeros! Sólo teníamos el viaje en combi hasta Hidroeléctrica, el resto lo dejabamos en manos de la aventura. Tras salir como casi dos horas más tarde de lo previsto, esperando a unos y otros… llega la primera parada: la gasolinera de las afueras de Cusco. Increíble, pero cierto. Aunque lo más divertido es cuando empiezan a zarandear la combi con tod@s dentro. Parece ser que están tupiendo la gasolina y con el movimiento cabe un poquito más. Por fin en marcha, y el conductor nos pide poner nuestras mochilas en otra combi, la combi es chiquita y somos l@s únic@s con mochilas grandes, pero… ¡lo sentimos, tenemos el cupo de robos cubiertos para bastante tiempo! Si quieres las movemos hacia el pasillo… Se van a subir unas personas “acasito” y no van a caber… ¿Alguien se va a hacer responsable de si falta algo? Mmm.. de acuerdo, pónganlas en el pasillo.

El paísaje se va transformando poco a poco, el calor húmedo se va haciendo más pesado… los Andes se están transformando, de alta montaña a montaña selvática, cómo nos gusta perdernos en el paisaje… Llegamos a Santa María y la carretera asfaltada la dejamos atrás, el terreno es árido, el caminito sinuoso, un barranco al costado (al final le cogeremos cariño a esto de viajar con barrancos). El camino complicado… Vemos como un auto que viene de frente pasa tambaleando por una especie de puente de madera (si se le puede llamar puente) sobre una caída de agua. ¿En serio? ¿Vamos a pasar por ahí? Y sin dudarlo un momento, ya estabamos en el otro lado. Tras una hora y media las curvas han acabado y hemos llegado a Hidroeléctrica. La combi se dispersa, cada un@ se va con su grupo, menos nosotr@s que empezamos a preguntar por donde empieza el camino. Aunque no tiene pérdida: hemos de seguir las vías del tren.

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Hay una pequeña subida y ahí las vemos… nuestras guías de hierro. Iremos todo el tiempo pegadit@s a ellas. En el entorno hay verdes de todos los tonos y hojas de vegetación de mil y una formas y tamaños. Un gran puente de railes cruza sobre el río dándole un aire bucólico. Al costado nos acompañan las montañas ¿cuándo empezaremos a ver Machu Picchu? Es tan enigmático que seguro está escondido… El paseo es tan placentero… ¡Biiiiip! Tren a Aguas CalientesEl tren directo a Aguas Calientes, nos apartamos de las vías… y en un momento desaparece de nuestra vista. Continúa nuestro camino abrazados por las montañas sagradas. El cielo va cambiando de color, algunas nubes grises amenazan con llorar. Hemos de apresurar la marcha, estamos a mitad de camino. Una gotita y otra, los pájaros en el cielo corren buscando refugio, la lluvia nos alcanzó. Con los chubasqueros puestos seguimos los raíles, la noche está llegando. Empapad@s y medio a oscuras vemos al fondo unas luces: ¡es Aguas Calientes! Ya estamos muy cerquita. Nuestra idea es acampar (llevábamos todo: carpa, saco, aislante…) paramos en el área de camping, está vacía… preguntamos, pero no hay ni un techo para guarecerse, la leña para cocinar está empapada y no hay agua caliente. Será mejor buscar un hostal. Entramos al pueblo, y a pesar de que llueve a cántaros, se ve muy cuidado, ya lo visitaremos mañana, ahora lo importante es encontrar un sitio bueno, bonito y barato. Los grandes y lujosos hoteles los pasamos de largo, quizás en otra vida… Aunque hemos dado bastante vuelta, hemos encontrado un hostel barato… que nadie nos dijo que fuera bueno… Lo que más deseabamos en ese momento era una ducha de agua caliente pero al abrir la llave de la ducha, no caían cubitos porque no cabían por la tubería. Vamos a preguntar y nos dicen que hay que dejarla correr… Esto no funciona… Volvemos a preguntar y no hay nadie, ¡holaaaa! ¡holaaaa! Se han dado a la fuga… igual que nosotr@s, cogemos nuestras cosas y de nuevo bajo la lluvia. Helad@s sigue la búsqueda. En una callecita algo escondida, un lugar muy amable, una pareja y su bebé, nos atienden con mucho amor. ¡Por fin agua caliente! ¡Y una sopita para cenar! Y a dormir, que mañana Machu Picchu nos espera.

Entra el sol por la ventana, que raro… ¿qué hora debe ser? ¡Nooo! Las siete… ¡nos hemos dormido! 😯 A esta hora wpid-wp-1437326181225.jpegqueríamos estar ya arriba… Suerte que tenemos el segundo turno a Huayna Picchu… En cinco minutos y ya en marcha (hacía tiempo que no nos vestíamos tan rápido a la mañana). Después de la lluvia de ayer, hoy hay un cielo hermoso, limpio, azul intenso y con Inti esplendoroso. Empieza la subida, es un camino que cruza a través de los árboles, y que al principio coincide en algún tramo con el camino del bus. Vamos parando a tomar aliento, la humedad, la altura, el calor,… nos obligan a hacerlo. No lo podemos creer, ¡ahí está! Queremos que este momento no pase nunca… ver la silueta soñada es un regalo. Imaginamos que deberían sentir cuando en 1911 lo redescubrieron…Machu Picchu

Machu Picchu, o “montaña vieja” en quechua, está en la cadena de montañas más importante por su carácter sagrado, empieza en el Salcantay (el Apu Espíritu Mayor) y termina en Huayna Picchu o “montaña joven”. El lugar es mágico. Se cree que Pachacutec ordenó su construcción, no sólo como símbolo de poder inka, sino para estar conectados con el Sol, el Agua y la Tierra: los elementos sagrados.

Empezamos a pasear por las enormes terrazas, que a la vez que eran espacios de cultivo, estas formaban parte de los “cimientos” de Machu Picchu. El lugar sagrado, fue construido en unas condiciones extremas, rodeado de dos fallas sísmicas, a 2490 msnm, empinadísimo y en donde caen lluvias torrenciales. ¡Un verdadero desafío para la arquitectura! Por eso, las terrazas son tan importantes, aguantan literalmente la ciudadela de Machu Picchu y están creadas a capas de diferentes materiales, lo que permiten drenar las fuertes lluvias. Acá hay sabiduría por todas partes… todo pensado, todo en su mundo tiene sentido.

Todavía tenemos un ratito hasta las diez que subiremos el Huayna y empezamos el camino hacia Intipunku, la Puerta del Sol. Todo lo que pisamos y vemos nos transmite. Es como si el lugar estuviera vivo. Vamos dejando atrás la estampa de postal con la cara del inka acercándonos cada vez más a la antigua entrada principal de Machu Picchu. Sólo había dos accesos, éste y un puente removible de madera al borde de un acantilado, así en caso de ataque la ciudadela podía ser defendida por pocos guerreros. Esta misteriosa ruta forma parte del Qhapaq Ñan (o Camino Inka) que era una red de caminos de más de 16.000 km que hicieron los inkas por todo el Tahuantisuyo, y que permitía llegar a pie de Cusco a Quito en diez días, aunque en aquel entonces no se viajaba por placer. Esto es enorme… parece que no nos va a dar tiempo… mejor regresamos…

Nos dirigimos a la entrada de Huayna Picchu pasando por el sector de viviendas donde habitaron unas 1000 personas, las casas en pie con las llamas correteando por las terrazas rectangulares hacen imaginarte una escena cotidiana, vestidos de blanco con adornos, orejeras de oro, cabellos negros… Mmmmm…

La entrada al Huayna Picchu está muy controlada, el acceso diario es de 400 personas, y el tiempo también es limitado. En la cola para entrar empiezan las mariposas en el estómago,wpid-wp-1437331693813.jpeg alzamos la vista, se ve tan alta y escarpada, vamos a subir a la nariz del inka. Una mezcla de sensaciones… Huayna Picchu es la Montaña Nueva que con Machu Picchu, o Montaña Vieja, hacen una bella analogía con el hombre jóven y el hombre viejo. Quizás tiene referencia a los ciclos de la vida o quizás es el puro respeto. Nos piden el boleto, crema solar, respiramos y empezamos. Los primeros cinco minutos es llano, se pasa de una ladera a otra de la montaña, pero después de esto “sólo” hay que subir. El camino es estrechísimo, sólo cabe una persona, la situación la podemos resumir en: barranco a un lado, tú y montaña al otro, casi te dan ganas de ir abrazándola… A tramos es camino, en otros momentos escalinatas talladas en la roca viva, a veces hay cables para que te puedas coger… y siempre wpid-dscn9861.jpgempinadísimo. Hay que tomárselo con calma, mirar el paísaje, beber agua, saludar a los que van más rápido que nosotr@s y alentar a los que van más despacito. El espíritu es uno: llegar a la cima. Unas rocas a modo de mirador… ¡Es impresionante! La ciudadela allá abajo… Sólo nos queda el tramo final, pasamos una cuevita con unas escaleras y… aquí estamos. En lo más alto. Los inkas tenían razón… sentimos a Inti, los Apus nos rodean, la brisa nos acaricia,… Nos cargamos de fuerza… pero sobretodo de Pacha Mama. Son unos momentos inolvidables, la esencia de la vida, está aquí… en Huayna Pichu. Por muchas palabras que escribamos ¡esto hay que vivirlo! Nos tumbamos en las gigantes piedras de los restos arqueológicos, miramos el cielo y nos fundimos en la inmensidad.

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El tiempo se ha pasado volando y aunque queríamos ir al Templo de la Luna, el acceso ya esta cerrado. Regresamos poco a poco, unas escaleritas que prefiero bajar sentada, medioarrastrándome (y no soy la única), da vértigo ¡los inkas definitivamente no sabían wpid-dscn9962.jpgque era el miedo a las alturas! Aunque hay un loco que se atreve a bajar dando saltos… (por cierto, le llamaron la atención porqué saltando se podian ver afectados los cimientos). Mientras bajamos se divisa el precipicio en todo momento… el cuerpo se relaja pero nuestra mente está inquieta por la altura. Es extraño… es el respeto a la montaña. Ya casi llegamos, antes de la salida nos desviamos por el camino a Huchuy Picchu, el mentón del inka, y paramos a comer un poco escondidos, ya que en Machu Picchu está prohibido comer, saboreamos cada bocado, estamos exhaust@s pero con el alma llena. En la salida, una vista atrás… ¡no podemos creer que hace un momento estabamos en esa puntita!

Tenemos mucho por visitar, pero lo mejor es que hay muchos grupos que se marchan porque pierden el tren, somos afortunad@s, vamos quedándonos a solas con Machu wpid-wp-1437331733690.jpegPicchu. Subimos unas escaleras (pero casi nos parecen planas después del Huayna)
ascendemos al sector religioso, piedras púlidas, perfectas, enormes,… dignas de la majestuosidad inka. En un espacio semiabierto nos maravillamos con “la Roca Sagrada”, una piedra de más de tres metros de alto que imita el perfil del cerro Pumasillo (que es la montaña que se ve al fondo). Esta gran roca sirvió para realizar estudios astrológicos y era una de las protagonistas en los rituales sagrados. No muy lejos el “Templo de las Tres Ventanas” (originalmente cinco) hecho con piedras colosales e impecables en su acabado que indicaban la localización exacta de la salida del Sol. Entre wpid-dscn9959.jpgellas una piedra tallada indicando los tres niveles de la cosmovisión inka: el cielo o la espiritualidad (Hanan Pacha), la tierra o lo mundano (Kay Pacha) y el subsuelo o vida interior (Ukju Pacha). Todo tiene un halo de misticismo tan único, es difícil de explicar… Y en lo más alto la Intihuatana, que en quechua significa “donde se amarra el sol”, se cree que servía como calendario astronómico y se definian las estaciones según la sombra que daba el sol a la base de esta piedra tan misteriosa. La Intihuatana está alineada con los cuatro puntos cardinales, con los cuatro picos más altos y sagrados y con los cuatro Dioses de las montañas. Estamos sol@s junto a la piedra y es tan fuerte la energía que parece emanar luz…

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Bajamos, y pequeños canales van transportando agua dando vida al lugar donde se cree que fue la residencia de descanso de Pachacutec. El porque se construyó Machu Picchu es desconocido… si un santuario, si el hogar de Pachacutec, si era una fortaleza… pero para el mundo inka lo religioso, social-político y militar era todo uno.

Nos sentamos a descansar cerquita del Templo del Cóndor en el séctor urbano, lo miramos, es una fusión de la piedra de la montaña con la creación inka. El cóndor wpid-dscn9939.jpgrepresenta la producción y la fertilidad, y la leyenda nos dice que cuando el cóndor agita sus alas, agrupa las nubes que producen lluvia y fertilizan la tierra. Tanta profundidad espiritual en un sólo lugar. Nos vienen tantas preguntas a la cabeza…no sabemos con certeza porque lo construyeron pero… ¿por qué lo abandonaron? Las llamas pasan a nuestro lado juguetonas, nos distraen de nuestros pensamientos, quizás porque nunca hayaremos la respuesta.

Hay tantos machupichus dentro de Machu Picchu, la arquitectura, la historia, los mitos, la religión, la sabiduría, la fuerza, los elementos,… pero creemos que lo mejor de Machu Picchu es estar, sentirlo, intentar comprenderlo, caminarlo,… y todo aquello que tu alma quiera hacer. Porque Machu Picchu es único, es un viaje interior, es un reencuentro con la naturaleza y con nosotr@s mism@s.wpid-dscn9981.jpg

Nos despedimos, no sabemos si volveremos algún día, pero de lo que si estamos segur@s es de que no lo olvidaremos.

En tierras de Apus


El Valle Sagrado realmente nos ha enamorado. Querríamos verlo todo, contemplar cada rincón, aprender cada día más, no perdernos ningún cachito. Nos han explicado que Pisac es inolvidable. Pués, ¡Allá vamos!

Pisac o P’isaq se encuentra a unos 30 km de Cusco, y se divide en dos partes. A las faldas de la montaña, el pueblo, que tiene unos 500 años más o menos, se trata de una reducción de los indígenas durante la colonización y ahora es donde está la vida. El pueblo es muy acogedor y tiene un mercado artesanal enorme, ¡pero cuánto colorido! ¡Nos encanta! La alegría se muestra en sus vestimentas y en todo lo que venden. Y en el cerro de la montaña, para variar, los restos arqueólogicos inkas. Tenían un amor a las alturas impresionante.

Hasta el pueblo hemos llegado en combi y hasta las ruinas queremos tomar otra. Nos indican para un lado, para el otro, por allí, no por allá… Así que decidimos empezar a caminar por la carreterita, ¡y menuda carreterita! Para arriba, con sol y nada de sombra… Casitas perdidas con pequeños jardínes, chacras de cultivo, energía calmada, paisaje admirable y… subiendo. ¡La combi! ¡Párala! Y a unos metros ahí nos espera. Encogidit@s dentro, con gente del lugar, ¡esta es la original! Nos empiezan a preguntar, charlamos,… ¡es tan agradable! ¡Chic@s les dejo acá! Sólo tienen que subir ese trozo de allá… Salen algunas personas de la combi para dejarnos bajar y cuando vamos a pagar, sólo tenemos billete, nada de monedas… El conductor nos mira… Uno de los grandes problemas de latinoamérica ¡nunca tienen cambio! Juntamos los poquitos soles que tenemos y se los damos al conductor. Nos dice que está bien y nos desea suerte. Nos disculpamos y le agradecemos por el viaje. Otra vez a caminar…

En poco, la boletería, no tenemos el boleto turístico y la entrada carísima. Nos intentamos camelar al guarda pero aunque era muy simpático no lo conseguimos. Toca plan B. En lugar de subir, descendemos un poco por un caminito que en teoría lleva a una aldeita. Hay que bordear el punto de control por algún lado. ¿Y qué mejor manera? Siguiendo a la cholita. Ellas siempre saben como colorse en los sitios, igual que los niños, porque vestidas con los trajes regionales siempre piden moneditas a cambio de una foto. ¡Con los zapatitos que llevan y lo rápido que van! Estamos subiendo por un senderito que nos falta el aire. La cholita la seguimos viendo, bien arriba, nosotr@s tenemos que ir parando para recuperar el aliento. ¡Ueee! ¡Llegamos!

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Terrazas de cultivo en Pisaq

Empieza el recorrido por Pisac, el cual tiene forma de perdiz, ¡es enorme! tiene un sector religioso, graneros, terrazas, viviendas… Lo primero que pisamos, los andenes de Acchapata, los inkas eran verdaderos agrónomos, resolvieron el problema de sembrar en los cerros, aprovechando todo el terreno ¡Con el valle tan bonito abajo y la mania que tenían de construir en las montañas!. Son unas cuarenta terrazas formando un triángulo invertido. Se sabe que los inkas antes de sembrar pedían los respetos a los Apus, los Dioses de las montañas, éstas siempre en el paisaje, solemnes. Y en la actualidad, no hay campesino del Valle Sagrado que inicie la siembra sin pedir sus bendiciones. Bordeamos algunas de las terrazas y pasamos por los graneros o colcas, depósitos donde se colaba el viento y de este modo se conservaban los alimentos. Cerca de ellos torreones que se muestran como elevaciones bellas. Una puerta de piedra pulida con forma de trapecio característica. A un lado precipicio y al otro montaña, la atravesamos, es como cruzar el umbral del tiempo.

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Panorámica de la zona ceremonial

Un guía con chullo y su flauta acompaña a una pareja de ingleses, nos toca y entre las notas sentimos el poder del lugar. Las montañas, las vistas, las alturas y las piedras. Una puerta de serpiente que nos lleva al sector religioso donde los sacerdotes hacían sacrificios para invocar la lluvia, si no lo conseguían y había sequía se les sancionaba duramente. Las personas trabajaban pero eran los dioses quienes decidían si había frutos.

En lo más alto de la montaña, el Templo del Sol o Intiwatana, aquí estudiaban los movimientos del sol y conocían los ciclos del cultivo. La arquitectura perfecta, las piedras gigantes dulcemente colocadas, suaves y de un gris rosado. Un poco más abajo el barrio de K’allaQ’asa, uno de los sectores más grandes con el impresionante barranco al costado.

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Empezamos el descenso pero por el otro lado, un guarda de Pisac nos saluda (por suerte no nos pide la entrada 😉 ). El caminito es angosto, casi que sólo miramos el suelo, de repente al otro lado agujeros entre las rocas, un antiguo cementerio, se respira espiritualidad. La bajada la disfrutamos intensamente, es como si cada vez que conocemos un centro sagrado inka se nos contagiara la magia. Al ratito un grupo de guardas de Pisac, nos acompañan, ell@s muy ágiles, la bajan cada día… Piedritas, tierra, vistas, escaleritas, un puente… y ya estamos. Pisac y la cultura inka nos causa una profunda admiración.

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Cementerio Inka

En el pueblo una gaseosa (si, una inka cola, ¡estamos enganchados!). Combi de regreso.

Cusco y el Valle Sagrado, creo que después de esto ya no seremos los mism@s…

Descubriendo el Valle Sagrado


En los majestuosos Andes peruanos y con Cusco en su corazón se encuentra el Valle Sagrado de los Inkas donde ríos de aguas cristalinas descienden por quebradas y pequeños valles, donde la tierra es fértil y donde hay numerosos fantásticos monumentos arqueológicos. Acá donde crece el mejor choclo del mundo, que sólo fuera alimento de las altas esferas inkas, se encuentran Chinchero y sus tejedoras, Pisaq con su feria artesanal, Ollantaytambo y su fortaleza, Moray, Qenko,…

Hoy es martes, nuestro día libre, y nos encanta poder conocer estas maravillas cuando tenemos fiesta. Una pequeña mochila con agua, nuestros tuppers, ropa para abrigarse a lo cebollita, mucha ilusión y alegría son lo que necesitamos para ir a las Salineras de Maras. A un par de cuadras de nuestro hostel podemos tomar la combi y ¡cómo se nota que estamos en Cusco y hay un montón de turistas! Es la combi más nueva y espaciosa que habíamos visto en todo el viaje. Regateamos el precio del boleto y esperamos, el estilo peruano es sin horarios, cuando está la combi esperas a que se llene y listo. Arranca… y hablamos con el conductor de que no queremos ir hasta Urubamba y que nos deje en el ramal de Moray. Al salir del Cusco, las montañas espléndidas a ambos lados, la carreterita atraviesa enormes chacras o terrenos de cultivos, llamas al fondo y algunas aldeas. Al cabo de algo más de una hora hemos llegado al ramal y sólo pisar un pie en el suelo ya tenemos un montón de taxis que ofrecen llevarnos a precios abusivos. Les decimos que no, que vamos caminando, que tenemos todo el día para llegar.

Vamos por una carreterita, disfrutando el lugar, la vista se pierde, el terreno desprende algo especial, poco a poco, como siempre en los Andes… En unos trenta minutos llegamos a un desvío, podemos elegir o visitar el pueblo o ver las salinas. Las ventajas de ir en coche es que no tienes que escoger pero el ir caminando siempre hace valorarlo todo un poquito más. Abandonamos la pequeña carretera y cogemos la bifurcación que es un ancho camino de tierra. Un poco de agua, paradas para hacer fotos y empezar a “maquinar” nuestro plan para no pagar la wpid-wp-1437244401109.jpegentrada. Por lo general, en el Valle Sagrado los precios son elevados, y nuestra economía ya no es muy buena… Miramos y a lo lejos la boletería… Parece que no haya nadie… Avanzamos, durante el camino sólo nos ha pasado alguna combi de algún tour, nadie llega hasta aquí caminando…

– ¡Hola, buen día!
– ¡Hola! ¿Cómo están?
– La entrada son 10 soles.
– ¿Cómo? ¿Por qué? Estamos de excursión y queremos llegar a Pichingoto (que es el pueblito que está después de las salinas) (Todo esto con nuestra mejor sonrisa)
– Pero para llegar a Pichingoto han de pasar por las Salinas y se cobra boleto.
– ¡Ah! No sabíamos,… nos habían dicho que se podía llegar y venimos caminando… (nuestra sonrisa y cara de buenas personas no cambiaba)
– Si quieren, hay otro camino, pero es bastante peligroso… (nos indica como llegar pero poco convencido). Esperen chicos, voy a llamar al guarda de abajo para que les dejen pasar por la parte de arriba de las Salinas no quiero que les pase nada por el otro camino, hay un gran barranco y se podrían caer.
– ¡Oh! ¡Muchísimas gracias! (Casi le damos un abrazo) ¡Nuestra historia de mochiler@s o nuestra gran sonrisa le conmovió! ¡Prueba superada!

Empezamos a bajar por el camino, felices, ¡tenemos pase VIP! quizá fueron los espíritus inkas que nos acompañan… Se empieza a contemplar la blancura de la zona, las formas wpid-wp-1437244406228.jpegcaprichosas de las salineras… y al fondo la montaña Weqey Wilca. Cuenta la leyenda que allá fue encerrado el menor de los hermanos Ayar, Ayar Kachi. Tanta era su tristeza por la traición de sus hermanos que lo encerraron que lloró y lloró en la oscuridad y sus lágrimas se convirtieron en cristales transparentes. Los mismos que brotan hoy en día como agua por medio del canal subterráneo y permite llenar los pozos recordando el sacrificio de Ayar Kachi.

Seguimos el descenso, el paisaje es tan bello… los colores de las salineras van desde el más puro blanco, al rosa pálido, mezclándose con un sinfín de marrones. Hay como unos 300 pozos, más o menos de unos cinco m2. Cada uno de estos cuenquitos tarda unos tres días en llenarse con el agua de un manantial natural, ésta se evapora poco a poco con la energía de Inti y cuando la sal alcanza unos diez centímetros de altura se retira manualmente. La sal blanca y rosada se yoda y se comercializa y la sal marrón tiene usos medicinales. Se dice que es una de las sales más ricas que se puede tomar. Trabajos ancestrales en vida. Es precioso verlo. No nos extraña en absoluto que para los Inkas las salineras fueran sagradas.

Bordeamos las salineras y vamos encontrando piedras de sal que se deshacen al jugar con ellas, ya casi nos despedimos de las salinas… Una última vista atrás… El camino se estrecha… Andamos una media horita más y llegamos a una casa, parece abandonada, y la siguiente también. Estamos en Pichingoto, una aldeita con aspecto fantasmal. Escuchamos el río, nos sentamos en sus orillas y comemos ¡Uix, qué hambre teníamos!

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Tras las casitas un puente y de ahí una carreterita, esperamos un taxi compartido para ir a Urubamba y de ahí un bus a Cusco. Llegamos de noche, el fresquito de los andes nos llega, las piedras inkas,… estamos en casa. Agotad@s pero con el corazón tan y tan feliz de esta aventura caemos rendid@s en los brazos de Morfeo.

Han pasado unos días y hoy sabemos que toca mercado en Chinchero un pueblito a unos 30 km de Cusco. Parada de combis, esperamos que se llene y marchamos. ¡Qué rápido! charlando casi no hemos visto el pasisaje. Chinchero es un pueblo a 3754 msnm que en época inkaica fue la hacienda de Tupac Yupanqui (hijo de Pachaquteq) y que después se convirtió en un templo colonial. Lo que nos apetece ver es el mercado, que tiene su orígen en el trueque de productos entre pobladores de la zona. ¡Cuanto colorido! Ahora se ha convertido en un mercado textil donde hay trabajos preciosos ¡Lo compraría todo! Guantes, ponchos, mochilas, bufandas, jerseis, chullos, agüayos,… Lástima que con tanto ¡cómpreme! ¡cómpreme! no se pueda mirar tranquilamente… Salimos del mercado, que estaba al aire libre, y para acceder al pueblo se tiene que pagar entrada ¿cómo? Lo intentaremos por la calle de atrás… De nuevo lo hemos conseguido, pero… esta vez hemos de pasar desapercibid@s. El pueblo está construido de bloques de adobe y puedes entrar a ver talleres artesanales donde tienen la lana de alpaca, natural o teñida, los telares, prendas a la venta, cuyes y alpacas. La belleza de las tradiciones andinas…

Días apacibles en Cusco, llamas, cuestas, mercado… y ya pasó otra semana ¿Dónde vamos hoy? ¡A Ollantaytambo!

wpid-wp-1437244396563.jpegOllantaytambo está a unos 90 kilómetros del Cusco y para llegar si no vas en tour debes tomar una combi hasta Urubamba y otro transporte hasta el poblado. Ya en nuestra segunda combi, el sol andino empieza a brillar con fuerza, las montañas nos acompañan… ¡potoprom, potoprom! ¿qué es eso? empezamos a botar… es el empedrado del suelo, la capa de asfalto de la carretera se ha desvanecido, ¡hemos llegado!

El pueblo más que bello, callecitas serpenteantes de piedra, fuentes, pequeños canales, tienditas con encanto, casitas, el río Patakancha donde confluye con el Urubamba,… y Ollantaytambo al fondo. ¡Si fuera inka creo que viviría aquí! En una de las calles el acceso al cerro Pinkuylluna y un cartel disuasorio, con hasta una calavera dibujada. Bueno, probamos… y si vemos que es muy difícil damos media vuelta. El ascenso es empinado, de tierra y algo abrupto pero no tan complicado. Lo peor el viento, que parece que tambalees. ¡Inti está con wpid-wp-1437244372165.jpegnosotr@s! ¿Qué hemos tardado una hora? Y diríamos que hemos hecho cosas mucho peores… o eso o es que ya nos hemos hecho inkas y no tenemos miedo a las alturas. En verdad no hemos llegado hasta arriba del todo, nuestro objetivo era ver las ruinas de las colcas que eran antiguos almacenes de comida y sobretodo disfrutar las vistas. A unos metros tenemos Ollantaytambo parece resplandecer…

Ollantaytambo o Ullantay Tanpu tiene su orígen en el aymara (y no quechua) y significa “mirador” o “atalaya”. El lugar era un tambo, donde se almacenaban alimentos, se usaba como lugar de descanso cuando viajaban, era un centro de control y también sirvió de fortaleza para el Inca Yupanqui. La religión, la política y lo militar siempre estaban unidos en la vida inka. Posee bellas terrazas y sus piedras son muy trabajadas, pulidas y perfectas. Un poco más arriba el sector religioso donde sacerdotes y las mujeres escogidas sirvían al Dios Sol, múltiples fuentes que hacen tributo al agua, y tras subir unas quince terrazas más el sector de las diez ventanas donde se cree que en sus ornacinas colocaban símbolos religiosos. Y en la cumbre, el templo al Sol. Se cree que este lugar no se había acabado y estaba diseñado para ser el más majestuoso del Valle Sagrado. El lugar a lo lejos emana energía, esplendor,… nos hubiera encantado verlo en vida, en su apogeo… En frente, a unos seis kilómetros y atravesando el río, la cantera de donde sacaban las piedras. Y en el camino de las ruinas y la cantera “las rocas cansadas” aquellas piedras que nunca llegaron a su emplazamiento. ¡Cómo nos gusta atribuirle estas características a las cosas… hacen que vivan…

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Bajamos del cerro, no era nada difícil… o es que estamos tan encantad@s con lo que hemos visto que ya nada es complicado…

Regreso a Cusco… nos sentimos tan afortunad@s de vivir esta experiencia, de estar aquí… el misterio inka nos embauca…

El ombligo del mundo


Después de un breve paso por Arequipa llegamos a Cusco o en quechua Qosqo, una de las ciudades más bellas de América Latina. Nuestra idea era quedarnos aqui un tiempo así que, la opción que más nos gustó fue buscar un hostel en el que pudíeramos trabajar wpid-wp-1437108431893.jpegcomo voluntari@s a cambio de hospedaje. La verdad, es muy divertido vivir una ciudad desde dentro cuando ya no eres “turista”, cuando el tiempo no apremia, cuando vas conociendo los secretos del lugar y cuando acabas formando una familia de voluntari@s en un hostel. Tan a gustito estábamos que sin darnos cuenta nos quedamos ¡dos meses! Es que Cusco se merece un buen alto en el camino y su energía te atrapa.

El pueblo Inka es fascinante, su historia y todo lo que lo envuelve ¡cómo no tratar de aprender cuando se está acá!. Existen dos leyendas de la creación de Cusco donde ambas coinciden que los inkas no eran oriundos del lugar. La leyenda más extendida nos cuentaque Wiracocha, el Dios Creador, envió a la tierra a Manco Capac y Mama Ocllo que eran hermanos y esposos a la vez. A la sagrada pareja nacida del Lago Titikaka se wpid-wp-1437108506591.jpegle entregó un cetro de oro y donde se hundiera esa vara debían crear un imperio para honrar a Inti, el Dios Sol, y enseñar a hombres y mujeres normas de convivencia y sociedad, técnicas textiles, agricultura… La pareja vagó hacia el norte tanteando el terreno con la vara y al llegar a un hermoso y fértil valle la vara se hundió y ahí fundaron Qosqo o “el ombligo del mundo”.

El otro mito nos habla de los Hermanos Ayar, se cree que de las cuatro grutas del cerro Tampu Tocco nacieron cuatro hombres con sus respectivas mujeres, tod@s con poderes mágicos. Como el cerro era seco y abrupto debían encontrar un lugar donde formar el imperio. Durante un tiempo viajaron y con las dificultades del camino sólo uno de los hermanos Ayar Manco y su esposa-hermana Mama Ocllo llegaron a Qosqo donde iniciaron el Imperio Inka.

Sea como fuere los Inkas crearon un imperio conocido como el Tahuantisuyo el cual se wpid-wp-1437108441514.jpegdividía en cuatro suyos (regiones), el Chinchaysuyo al norte, Antisuyo al este, Collasuyo al sur y Contisuyo al oeste. Un imperio que pasó de ser una tribu andina a tener una población de 10 millones de habitantes, que sin conocer escritura ni la rueda, eranconocedores de los astros, agricultura, técnicas textiles, grandes constructores, conocedores de la sabiduría de la pacha mama,… y tantas otras cosas, y todo en un terreno tan difícil como los Andes. Y a pesar de que su apogeo sólo duro cerca de cien años, exactamente entre el siglo XV y XVI, los inkas son y serán una de las culturas más ricas, inteligentes, mágicas y además con un gran respeto a la naturaleza de la historia.

Se cree que Pachacutec venció un ataque a la ciudad de Cusco por parte de los Chancas y después asumió el mando y remodeló la ciudad dándole forma de Puma, que era un animal sagrado. Se dividió en dos sectores: Urin Cusco o zona baja y Hanan Cusco o zona alta y la cabeza del puma la formaría Sacsayhuaman o lo que es lo mismo “lugar donde se sacia el halcón”.

Cusco tiene tanto que contar… es como vivir en una leyenda viva, en otra época, con la fuerza Inka por todas partes. Nuestro superhostel (que era para mochiler@s de lujo) estaba a una cuadra de la plaza Mayor o de Armas así que cualquier momento era bueno para recorrer la ciudad.wpid-wp-1437108427348.jpeg No se puede hablar de Cusco si no visitas el Mercado de SanFrancisco, había de todo, una calle entera de diferentes clases de papas, cientos de variedades de tonos distintos; choclos de colores, desde el más profundo amarillo al morado de la chicha, la bebida sagrada; calles de hierbas y chocolates donde comprar miel andina y chocotejas mmm… fideos, quinua, arroces, quesos salados… artesanías y muchas cosas calentitas de abrigo con llamas dibujadas. Este mercado es precioso, arregladito para turistas, porque si sales del edificio y cruzas un par de cuadras llegas a su mercado, donde cholitas tienen la mercancia en el suelo mientras en su agüayo duerme un bebe, donde los olores se mezclan, donde nada tiene nevera, donde ellas compran y se vive el día a día…

Al otro lado, la plaza Mayor con su Catedral y sus calles de piedras, talladas, hermosas ygigantes y sobre muchas de ellas construcciones coloniales, ahora todo convive, tras el glorioso pasado Inka la imposición colonial, donde celebraciones ancestrales se mezclan con el cristianismo. Desde la plaza muchas calles wpid-wp-1437108420892.jpegpero entre ellas una larga y estrecha, con piedras a nuestros pies e impresionantes muros inkas a ambos lados que nos lleva a una placita donde tantas tardes nos gustaba estar. Era muy tranquila, unas tienditas de artesania, mucha hierba, piedras inkas y cuatro alpacas, ¡hasta las bautizamos y todo! (Flequi, Cotonet, Rastitas y la Mamá de Rastitas) y aprendimos la diferencia entre llama, alpaca, guanaco y vicuña. Nos encantaba pasar las horas aquí…

También desde la plaza Mayor, una calle tan preciosa que no encontramos palabras, la calle Hatun Rumiyuq, piedras hermosas con la belleza de la perfección y entre ellas la”piedra de los doce ángulos”, la cual forma parte de un palacio, está ensamblada al milímetro y se calcula que pesa unas seis toneladas. Pasaramos cuando pasaramos wpid-wp-1437108500082.jpegsiempre mirabamos está fantástica piedra. Y si te fijas, compruebas que siempre abajo piedras pequeñas y arriba las grandes… la arquitectura inka no tiene precedentes y se sabe que lo hacían de este modo por si ocurría un terremoto… las piedras pequeñas se moverían entre ellas pero las grandes, si se daba el caso, se desplazarían en bloque.

Subimos, siempre despacio, y es que los 3350 msnm no perdonan y al terminar la calle el barrio de San Blas o Toq’ocachi, “El hueco de sal”. Un barrio con casonas coloniales sobre piedras incaicas. Ahora repleta de tienditas, bares bonitos pero siempre con el encanto de Cusco. Sólo sentarse allá y esperar que cayera el sol era como formar parte de la historia.

wpid-wp-1437108405305.jpegOtra gran calle por la que paseamos mil y una vez era la avenida del Sol, nos gustaba admirar la gran pintura mural donde se explicaba la historia de los inkas gráficamente: su origen, su expansión, la colonización y su actualidad. El color, las formas, las expresiones de la cara, los símbolos… nos maravillaban. Pasabamos para ir a los mercados de artesanías, para ir al centro cultural donde pasaban películas gratis, para llegar a Qoricancha o por el simple placer de pasear.

Qoricancha o Inti Cancha era el santuario al Dios Sol y la que es hoy en día la iglesia de Santo Domingo. Cuentan que las paredes tenían láminas de oro y estaba repleto de ídolos y otros objetos rituales. El lugar wpid-wp-1437108411765.jpegconsta de diferentes salas, cual más mágica y llena de secretos… en una de ellas un increíble disco de oro macizo simbolizando el sol, en otra sala una piedra de sacrificios, cerquita una sala donde custodiaban ídolos y huacas de otras culturas conquistadas donde se les respetaban o usaban de rehén y una realmente extraordinaria, una ventana al cielo, cuyo marco estaba ornamentado por piedras preciosas, donde venerar las estrellas que eran las hijas de la luna y el sol, contemplar a Chaska (Venus), la joven amante de Inti, y comprender el universo. En la actualidad, sólo los muros macizos, los sacerdotes dominicos se encargaron de sacarlo todo e incluso cubrieron paredes con capas de yeso para invisibilizar cualquier rastro inka, por suerte el tiempo hizo su labor, malogró el yeso y dió paso a las piedras. Lo bello del lugar es conocer lo que había, cerrar los ojos e imaginarlo todo dorado…

Entre tanta cultura la vida iba pasando, disfrutabamos la ciudad, los amig@s, la cusqueña, las actividades del hostel y sus deliciosas duchas de agua caliente. Todo momento era bueno para sonreir y conocer…

Una mañana, bien tempranito (o no tanto) un buen desayuno y Cusco arriba. Surcando calles, más allá de San Blas, entre mujeres que pasean con sus llamas, turistas y con Inti en el rostro, llegamos al Cristo Blanco y divisamos la ciudad ¡si es que tiene aura! Descansamos, nuestro objetivo era otro: la cabeza del puma, es decir, Saqsaywaman. Los wpid-wp-1437108494401.jpeginkas creían que su pueblo era el elegido del mundo, por este motivo realizaban construcciones para dejar huella, y lo consiguieron. Saqsaywaman se construyó bajo las ordenes de Pachacutec, el cual fue un gran arquitecto, con la finalidad de ofrecer el culto a Inti y otras divinidades y, a su vez, celebrar las victorias de su hijo guerrero y sucesor, el inka Tupac Yupanki. Al contrario de lo que se cree nunca se construyó pensando en una fortaleza a pesar que durante la colonización los inkas se atrincheraron acá, resistiendo valerosos en el gran santuario donde acabó la rebelión. Seguimos los muros, los bordeamos, admiramos, líneas sencillas pero sólidas al puro estilo inka. Un zig-zag de piedras… un tributo a Illapa, el Dios Rayo, la base de un torreón donde divisar todo Cusco, depósitos para alimentos,… y quizás un túnel secreto que comunica con Qoricancha… magia y misterio.

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La ciudad está repleta de tantas cosas, gentes y culturas que podríamos dedicarle todo un blog entero a Cusco y al Valle Sagrado.

Para nosotr@s, Cusco son calles pequeñas, calles largas, de piedras, cuestas, artesanías y color, soroche y coca, historia, magia, pueblo, pachamama, Inti, música, fresquito de la noche y sol intenso, el baratillo, los tomates y el choclo, incakola y cusqueña, alpacas y llamas…

Volando voy…


Hace muchísima calor, pero no importa, estamos en uno de los lugares más enigmáticos de todo el mundo, en las Pampas de Jumana, exactamente, en el Desierto de Nazca. Aquí todo son preguntas y cuánto más conocemos, más queremos saber. Estamos muy emocionad@s tenemos mariposas en el estómago, después de mostrar la documentación y pesarnos vamos a tomar una avioneta. ¡Vamos a sobrevolar las líneas de Nazca!

Nuestro avión es muy chiquito, somos cuatro estratégicamente colocad@s según nuestro peso (mejor, vaya a ser que nos caigamos de lado) y el piloto y la copilota. wpid-wp-1437067154193.jpegAntes de arrancar, nos dan instrucciones de cómo será el vuelo y cómo nos indicaran las líneas, tenemos el recorrido en papel, formato postal, con las figuras que vamos a ver, lo hemos mirado tanto que casi podrían hacernos un examen. Nos ponemos el cinturón y los grandes auriculares, las hélices empiezan a girar, esto se mueve y… ¡a volaaar! Un ojo en espiral, es la ballena, enorme, mide alrededor de 30 metros, trapecios, el simpático astronáuta, que nos saluda desde su montículo, el lindo mono, un perrito, el gran cóndor, la curvilínea araña, el colibrí ¡qué ganas de ver el colibrí! ¡nos encanta! ese piquito con alas en redondo, todo en espirales… el mundo es una espiral, después un papagayo, un sabio árbol y unas manos acogedoras. Entre lo que hemos visto figuras geométricas impresionantes y un montón de líneas que parecen no tener fin. ¡Oh! Cuarenta minutos que literalmente, se nos han pasado volando.

wpid-wp-1437067159010.jpegEstas grandes líneas dibujadas en el desierto tienen más de 2000 años, los trazos claros sobre el fondo oscuro, sólo se pueden ver desde el cielo y han sobrevivido fenómenos naturales y terremotos, pero gracias a la escasez de lluvias y a las características del terreno se han conservado. Hay unas 800 figuras y una de las líneas mide unos 15 km de largo y todo esto en unos 520 km2 de arena. ¡Uf! Los datos son abrumadores… y ahí vienen tantísimas preguntas… ¿Cuál es el orígen de estas líneas? ¿Cómo y por qué las hicieron? ¿Cuál es su propósito?

Hay muchas y diversas teorías como que se trata de un aeropuerto extraterrestre o que era un mensaje por descifrar de otros seres ¿y por qué no? el cosmos es muy grande… y quien sabe… nadie dijo que estuviéramos sol@s… También se cree que lo realizaron la cultura Nazca, una cultura rica e wpid-wp-1437067148623.jpeginteligente porque para hacer estas obras maestras, con la cero tecnología de la época, se necesita un gran ingenio. Según Maria Reiche, una arqueóloga que dedicó toda su vida a estudiarlas, consideraba que conforman un gran calendario astronómico. Podría ser que marcara los ciclos… Otra teoría, nos habla de un carácter religioso, en el que se hacían rituales a los Dioses. Las figuras están realizadas de un solo trazo y se cree que en fila india circulaban sobre la línea realizando un camino ceremonial donde los dioses mayores del firmamento podían ver en movimiento las figuras.

Los Nazca, una gran cultura que fue absorbida por los Waris, antecesores del gran imperio Inca, que pudieron vivir en condiciones extremas y construyeron el centro ceremonial de Cahuachi que significa “donde viven los videntes”. Tanta sabiduría latinoamericana…

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No sabemos que más decir porque el lugar nos deja sin palabras, enigmas sin respuestas, grandezas ancestrales, significados ocultos,… y las maravillosas Líneas de Nazca.

Cielo de arena


Estamos en Paracas, a las orillas del pacífico, y este va a ser nuestro segundo intento de ver pingüinos. Hace calorcito y eso se agradece. Estamos superorganizados: ya tenemos nuestro tour en lancha y reservadas unas bicis para ir a la Reserva Nacional. Así que hoy, paseo por el pequeño pueblo, la playa desde acá no es nada especial y como tiene un puerto chiquito no apetece mucho bañarse. Saliendo del centro y bordeando el océanowpid-wp-1437064840325.jpeg casas preciosas, unas con buganvillas lilas, otras de diseño, otras con barbacoa,… seguimos admirando el mar y no sabemos porque cada vez cuesta más caminar, el viento empieza a ser muy fuerte y la arena se mete en los ojos. Caminamos. ¡Buff! ¡Esto no amaina! Mejor damos media vuelta y vamos al hostel. De regreso, ni un alma, mucho viento y arena por todas partes, en la ropa, en los recovecos del camino, sobre las ventanas, en lugares inimaginables…casi se ve el mundo marrón… ¡Cómo nos ha costado llegar! Preguntamos… resulta que en quechua Paracas significa tormenta de arena por lo que en este lugar cada cierto ocurre este fenómeno. No es grave, pero molesto. L@s lugareños están acostumbrad@s y cuando esto ocurre se quedan en sus casas. Esperemos que nuestra lancha zarpe mañana… ahora sólo podemos esperar…

wpid-wp-1437066814866.jpegDescubrimos la vida en marrón, es increíble, ¡está todo rebozado! Pero, por suerte, la paraca paró y vamos a tomar nuestra lancha destino Islas Ballestas con pingüinos de Humboldt. 🙂 Chalecos salvavidas a punto y ordenadamente tod@s para adentro. En el camino, se hace una parada desde la barca para ver el enigmante Candelabro, es un geoglifo como los de Nazca, que mide aproximádamente 180 metros y tiene unos 2500 años. Es enigmático, no se sabe quien lo hizó ni porque. Estas creaciones de otras culturas que nos despiertan tanta curiosidad… y lo más bonito que lo podemos contemplar y vivir. Existen diferentes teorías: piratas que señalaban un tesoro, antigüos peruanos para orientarse en el mar (ya que hay muchas coincidencias con la preciosa constelación de la Cruz del Sur), un símbolo masón, astrónomos de la cultura Nazca y la mejor de todas, los extraterrestres delimitando su aeropuerto. ¡Qué lindo! Nos encantan los mitos…

La lancha va jugando con las olas y las gotitas nos salpican, ya estamos en mar abierto y en nada, en las Islas Ballestas que veremos desde la barca ya que es un ecosistema protegido. ¡Ohhh! ¡Pero cuántos lobos marinos y pájaros! Y que mal huele… es el guano acumulado que emite un olor muy fuerte, son los excrementos de los pájaros guaneros, el wpid-wp-1437064850342.jpegcual es muy preciado como superabono ecológico y por tanto, fuente de ingresos del Perú. Pero, ¿y los pingüinos? entre tanto lobo vemos cuatro pequeñuelos que corriendo en fila se tiran al agua graciosamente. ¡Qué animales tan bonitos y curiosos! ¡Y qué pena ver tan poquitos! Son unos bichitos bastante tímidos y si a eso, sumamos que esta especie está en extinción, casi podemos considerarnos afortunad@s.

En tierra firme, nos sacamos los chalecos con una sensación agridulce, todo por cuatro pingüinitos… a pesar de que el resto de la excursión ha sido preciosa esperabamos ver más…

wpid-wp-1437064855198.jpegRecogemos nuestras bicis y empieza el pedaleo, aixx este sillín es bien duro… En quince minutos llegamos a la entrada de la Reserva Nacional, el paisaje es dorado y el sol que nos acompaña le da un tinte bronce… esta zona es medio desértica… bici, sol, océano de fondo… ¡qué libertad! En esta zona es donde antiguamente vivia la cultura paracas, de la que no quedan casi restos, pues para poder vivir en este desertico clima excavaban su viviendas bajo el suelo. Bordeamos un acantilado, espuma de las olas, pájaros nos sobrevuelan, brisa, olor a sal,… y una zona donde no puedes acercarte mucho pero vale la pena contemplar, al fondo lindos flamencos o “pariwanas” que cuenta la leyenda que son un símbolo del Perú, al desplegar sus alas, se forma la bandera: alas rojizas y vientre blanquito. Fuente de inspiración.

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Nos despedimos del pacífico, no sabemos cuando nos volveremos a reencontrar…

En dos o tres horas de bus, llegamos a Ica donde estaremos con nuestr@s amig@s limeños, la mamá de él tiene una casita donde podemos quedarnos y nos han invitado para las fiestas. El día grande es mañana pero ilusionad@s nos muestran los encantos del lugar. Vamos a Huacachina, uno de los pocos oasis del Perú, en una horita a pie llegamos, dunas, arena, palmeras, toboganes naturales y… la laguna, chiquita, pero… ¿qué es ese color turbio del agua? La lagunita esta sobreexplotada por el turismo y se ve que, desde hace unos cuantos años, la rellenan pariódicamente de agua para que no se seque del todo, ¡qué pena! debía de ser preciosa si no fuera porque la han sobreexplotado, rodeada de bares y pubs para turistas que sólo buscan fiesta y el ruido de los quads y los buggys que surcan la arena. ¡Cómo nos hubiese gustado visitarla años atrás…!

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La fiesta empieza en este nuevo día, buses abarrotados, nadie se quiere perder esta peregrinación. A pocos kilómetros, una hermita y su Patrona, a la que una vez al año l@s creyentes depositaron sus promesas deben ir a visitar, vamos a una romería a lo peruano. Siempre desde el respeto, vale la pena conocer costumbres y cómo se viven a nivel festivo. Música, agrupaciones, “diplomas” de que has honrado a la virgen, paradas improvisadas con todo tipo de cocina, cuiyes haciéndose en sartenes gigantes, dulces bien ricos (como nos gusta probarlos) y mucho pisco. ¡Qué linda forma de celebrar los reencuentros!

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De la caótica Lima a las pequeñas aldeas andinas


Lima, capital de Perú, 7.6 millones de habitanes, 43 distritos y un montón de datos más que reflejan el caos y el orden conviviendo. Nosotr@s tuvimos la suerte de vivir las dos limas. Los primeros días disfrutamos de los paseos por Barranco, un barrio que literalmente se encuentra en un barranco con vistas al pacífico y el barrio de Miraflores donde todas sus casitas son de colores, que bonito, yo también quiero vivir en un barrio de colores. Qué pena que la humedad constante y el cielo repleto de nubes la conviertan en una ciudad tan gris.

Nos aventuramos a visitar el centro, para llegar, tenemos dos opciones, o las furgonetas que paran donde quieras, van medio-locas y van gritando “suba, suba, suba,…” o el “baja, baja, baja,…” o bien, el nuevo corredor azul. Un bus que se convierte en toda una experiencia. Para descongestionar el tráfico han montado unos buses enormes, con paradas marcadas, con un “se entra por delante” y “se sale por detrás”, con su propio carril, con personas en cada parada diciendo como funciona… Pero que siguen siendo un caos… no se le puede pedir al conductor que te pare donde quiera, no puedes sentarte delante sin preever que si bajas en la siguiente tienes que empezar a colocarte detrás, no puedes subir por atrás,… Todo un nuevo aprendizaje… para nosotr@s esta situación era algo esperpéntica pero es cierto, el cambio de normas (ni buenas ni malas, sin juicio) produce caos y es una fase por la que pasar.

El centro de la ciudad está repleto de edificios coloniales y la plaza de armas es un buen wpid-wp-1436903252530.jpeglugar para tomarse fotos y admirar la arquitectura, si sigues por las callecitas, entre artesanías y restaurantes de menú, llegas al río, con su paseo, donde puedes encontrar de todo: churros con arequipe, collares, papas, chullos,… Y… una pareja entrañable que nos acogerá unos días en su casa. Nos encanta quedar con gente del lugar, nos dan su perspectiva y nos abren horizontes, nos explican su visión de la ciudad y como crece… Desde hace algunos años la ciudad está creciendo sin infrastructuras, campesinos que llegan del campo en infraviviendas cambiando los andes por una jungla urbana. Las diferencias económicas son enormes o casas de ensueño o “casas” sin electricidad ni agua…

Los coches, la contaminación, el no parar, el ruido, las nubes grises,…

Cambiamos, los andes nos parecen mas acogedores, llegamos a Huancayo a 3250 msnm, wpid-wp-1436903258318.jpegestán de fiestas, colores, música, danzas, instrumentos gigantes, parodias a la colonización, cusqueña, chicha,… todo un pueblo entregado. Personas que nos brindan, otras nos miran raro,… y gastronomía tradicional (sólo apta para valientes). Era el momento de probar… “cuy colorado” ¡noo pobrecito! Para quien lo prueba “parece conejo, pero más duro…” La música sigue sonando, disfrute y alegría para este pueblito de las montañas.

Es martes, uno de los pocos días de la semana que sale el tren hacia Huancavelica, nuestra próxima parada. Nos hace mucha ilusión este pequeño ferrocarril que parece de juguete. En el Perú sólo hay dos trenes en funcionamiento, el de Machupicchu (que ya sabemos que no tomaremos por precio y por el placer de llegar andando) y al que nos acabamos de subir. Es medio rústico, como mucho tiene capacidad para trenta personas y a pesar de esto va casi vacío… quizá porque como dicen del “tren macho” que “parte cuando puede y llega cuando quiere”. Nunca se sabe… El trayecto dura unas cuatro horas para hacer 128 km, surcamos las montañas, frena, continúa, silba, revisor con gorra, aldeas aisladas, cholitas que venden pollo con papas, todo con encanto…

Llegamos a la estación, nos miran, sonríen medio avergonzad@s,… es raro pero nos gusta, un lugar donde no hay nada de turismo simplemente la vida cotidiana y la belleza de las pequeñas cosas. Un lugar tranquilo, en el que el mundo gira despacio, no se escuchan las bocinas e incluso cortan el tráfico.

Tras acomodarnos una cervecita, ¡cusqueña negra por favor! ¡ahh y helada! ¿De dónde son? Esto les va a encantar… ¡Bienvenid@s! Ahh y de lo helada no se preocupen… aquí no hace falta nevera… ¡Qué señora más agradable! Y con lo de la nevera tenía razón… 😉

wpid-wp-1436903264858.jpegMuchas excursiones previstas pero los más de 3600 msnm nos quitan las ganas, ¡pero qué bueno ir cambiando objetivos y dejarse llevar por el fluir del viaje! Se nos pasó el “hacer-hacer”, ahora es momento “flow”. Compartimos con la cholita que nos vende el pan, con el señor de los jugos naturales, con la que teje gorritos en la calle,… nos sentamos en el parque y vemos a los pequeños jugar,… todo tiene un lugar, un orden natural…

La cena, sencilla, pero rica, pollo “broaster” o asado y papas, muchas papas, mmm… las mejores papas del mundo son de los Andes. Y porque no… un pisco sour, un cóctel con el aguardiente peruano (lo sentimos por Chile pero acá nos dicen que es peruano). ¡Qué delicia! Se siente el alcohol pero la espumita lo hace suave…

¡Qué rápido y lento han pasado estos días! Son las 11 de la noche, hace mucho frío y estamos esperando un bus. Y sin saber que (salvando las diferencias con la carretera de Chachapoyas) iba a ser el viaje más largo de mi vida. En pleno páramo, curva y curva, frío,… y mi cuerpo que lo quiere sacar todo y en el bus un cartel “Sólo urinario”. ¡Por favor paren el bus! Y corriendo en la oscuridad de la noche, con un frío helado, a no sé cuantos metros de altura… sacándolo todo… y una voz de fondo “¡abríguese señorita!” (creemos que no hacen falta más explicaciones, no se puede estar más pálida, en estos momentos no hay timidez).

Ayacucho ya no es tan pueblito, es una pequeña ciudad con algo de turismo local. La plaza de armas cuidada, las calles peatonales concurridas, todo limpito, restaurantes caros,… Ya no hay esa esencia…

En nuestra búsqueda de culturas preinkas vamos a Wari, pero debido al calor y a la plaga de langostas, poco tenemos que contar… estabamos más pendientes de que esos bichos no se chocaran con nosotr@s que de comprender esta cultura. Cerquita de las ruinas, otro pueblito Quinua, lo bello del lugar es su cerámica y esos castillitos acabados en punta que colocan en sus casas como símbolo de protección. Creemos que las langostas nos han afectado y no nos dejan ver más…

Bien tempranito y somos l@s primeros, aunque no nos gusta mucho, wpid-wp-1436978135360.jpegvamos en tour a Pumacocha y Vilcashuaman, a veces, no queda más remedio… y aunque preferimos ir a nuestro ritmo, está lejos y las comunicaciones complicadas. Lo bueno es que somos un grupo chiquito. Primera parada después de un par de horas, visita cortita para ver las puyas de Raimondi, una planta bien curiosa que crece en las alturas, familia de la piña y con pinchos que pueden atrapar ovejas (menuda manera de defenderse…).

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La altura de los Andes continúa… estamos en Pumacocha, una laguna artificial con forma de puma y donde la élite de los inkas hicieron una zona residencial y de descanso. Se cree que era una de las paradas de los incas en sus travesías por todo el Tawantisuyo (o territorio inca), con la delicadeza de la construcción inka y sus piedras tan preciosamente pulidas levantaron un palacio, un torreón para rituales, un reloj o intiwatana y unos baños. Las canalizaciones inkas todavía permiten el curso del agua y cuenta la leyenda que si te bañas en esta fuente conservaras la juventud (por las dudas habrá que mojarse un poco :)) El lugar es todo un privilegio, la linda laguna, la tranquilidad,…wpid-wp-1436903312344.jpeg

Siguiente y última parada, a casi 3500 msnm, Vilcashuamán que en quechua significa “halcón sagrado” , donde destaca el Templo del Sol y el Ushnu. ¡Qué lindo es! Es como si hubiera estado antes… El Templo está en medio de la plaza y las piedras perfectamente colocadas sirven de escenario para la celebración del solsticio de verano. Es una pena que los colonizadores hicieran encima una iglesia… esas ansias de cambiar y destruir esta gran cultura…

Y a unos metros el Ushnu o pirámide trunca, que dicen ser la cabeza del halcón… lo precioso esa escalera perfectamente construida que nos lleva a el Asiento del Inca, donde desde ahí arriba en su asiento con láminas de oro ofrendaban chicha… en halo místico casi me siento princesa inca….

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Los Andes Blancos


Mochilas a punto, taxi (de vez en cuando nos damos un lujo 🙂 ) y en la terminal esperamos nuestro bus. Estamos emocionad@s, vamos a Huaraz, un lugar que desde los inicios de Perú queremos ir, esperamos no tener las expectativas muy altas…

Tras cinco o seis horas de bus llegamos, el paisaje ha sido increíble, creo que los Andes jamás dejaran de sorprendernos… Huaraz o Waraq que en quechua significa “amanecer”, todavía no sabemos como será el amanecer pero el atardecer que estamos viviendo es precioso, a pesar del cansancio del viaje, la mochila en la espalda y que cuesta repirar por la altura (estamos a 3.052 msnm). Vale la pena contemplar las montañas que nos rodean, como el blanco de la nieve pasa a ser como de fuego, y poco a poco, se va apagando en púrpura, parece que el sol antes de acostarse quiera jugar a las acuarelas con las cordilleras… 😉

Después de varias vueltas y preguntas encontramos un hostel (que hasta tiene desayuno incluido) nos acomodamos y decidimos descansar la altura nos tiene agotad@s.

Amanece, hacemos un pequeño paseo hasta el mirador de la ciudad en el monte Rataquenua ¿por qué todas las calles suben tanto? ¿y por qué la gente va en coche y nosotr@s no? Hay que aclimatarse… el camino no es largo pero hay que hacerlo poco a poco… Arriba las vistas de la ciudad no estan nada mal, pero lo realmente bonito es la cordillera Blanca que nos rodea… majestuosa… de ahí, el sobrenombre de la Suiza de los Andes. Continuamos el paseo, y ¿qué mejor que ir al mercado de artesanías para comprar un chullo con llamas? ya sólo falta la inkacola. 🙂

¡Pum, pam, fiuuu!! ¿Qué es eso? ¿Petardos? ¿Cohetes? Es un desfile de un colegio, van por cursos, con grandes muñecos, bailando, jugando,… y sorprendentemente tirando cohetes caseros que apuntan a cualquier parte… pero lo mejor de todo es que sólo hay niñ@s con mecheros y petardos y ningun adulto al frente… ¿O nosotr@s estamos obsesionad@s con la seguridad o esto es una locura? Lo dejamos a vuestra elección…

Aún no ha salido el sol y estamos en una pequeñita terminal, nos han dicho (tras mucho indagar) que sólo hay tres buses para ir a Huari, un pueblo no muy lejos pero según todo el mundo (hostels, agencias de tours, entre otros) que mejor en tour, que vamos a perder todo el día, que a lo mejor no podemos volver,… y un sinfín de cosas para que vayas con todo organizadito. Ya en el bus, campesinos, cholitas, niñ@s y los pollos encima del techo a punto para salir… Un par de horas de curvas, precipicios, cultivos, andes y más andes… (nos encantan) llegamos al pueblo. Queremos ver el museo y las ruinas de Chavin de Huantar, cada cosa está en un punto de las afueras del pueblo, así que a caminar.

El pueblo es tranquilo, con una calle principal que parece dedicarse al turismo, después de un paseito entre montañas llegamos al museo que nos explica un poco sobre la cultura Chavín, una cultura preinka, con grandes dotes escultóricos, estelas talladas minuciosamente como la de Raimondi que aún no se ha podido descifrar o un sinfín de cabezas clavas, cabezas talladas con motivos felinos que se ponían en las paredes a modo de clavo. El museo no es muy grande pero nos ayuda a entender…

Parada en la plaza a comer (estamos sacando muy buen rendimiento a nuestros tuppers) wpid-wp-1436898909775.jpegy vamos a las ruinas. Un templo mayor, uno menor, una gran explanada… en realidad este lugar era un gran centro de peregrinación ya que se consideraba un lugar de culto mágico-religioso donde los sacerdotes y sacerdotisas realizaban ceremonias y oráculos. Bajo los restos grandes galerÍas y pasadizos, que a parte de funcionar como drenaje y ventilación, es donde se realizaban ritos de carácter restringido. Entre tanto laberinto subterráneo, un grupo de niñ@s ¡Buhhhh! jijiji… Pero lo más sorprendente, el Lanzón Monolítico, como un menhir cuidadosamente tallado con colmillos, garras,… haciendo honor a un jaguar o Uku Pacha que estaba relacionado con el Dios subterráneo.

Después del inframundo, de nuevo en el exterior, podemos ver la única cabeza clava que aún está en la pared, da un poco de miedo… imaginamos toda la pasarela llena… ¿qué sentirían los peregrin@s al llegar acá y verse observados por estas extrañas cabezas?

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Uix… se está haciendo tarde mejor nos apuramos a por el bus… ¡Lo conseguimos! ¡Rumbo a Huaraz!

Suena el despertador, es muy oscuro, ¿qué hora será? las cuatro y media de la mañana, nos lavamos la cara y listos, vamos a hacer la gran excursión esperada. 🙂 Nos despedimos del señor de la recepción y nos pregunta a donde vamos, le explicamos y medio malhumorado nos desprecia por haber querido ahorrar un poco y no haber contratado con ellos la excursión (esta vez si era imposible ir por nuestra cuenta). Esperamos nuestro bus en la entrada y se acerca uno, ¿será el nuestro? Nos chequean los boletos y vamos adentro, estamos en primera fila. De repente, y como un loco, el del hostel gritando ¡Ese no es su bus! Todo salido, se sube con nosotr@s y nos mira el boleto ¿qué quien nos lo ha vendido? ¿qué cuánto ha costado? ¿qué…? Mire señor, este es nuestro bus, el conductor lo ha revisado… Ve que es cierto… y empieza a llamar por el celular y a renegar de quien habrá sido… Si se engañan entre ellos es cosa suya…

¡Qué momento más feo! Mejor sacárselo de la cabeza porque hoy es un día para disfrutar. Nos relajamos, la carretera se convierte en camino, curvas, subidas, parada a recoger a campesinos (serán amigos de la agencia) y unas vistas… estas montañas son mágicas… Y una chica que se presenta como guía, anda si tendremos guía y todo…wpid-wp-1436898918976.jpeg

Primera parada, una pequeña caseta, es la entrada del Parque Nacional de Huascaran, es precioso, que naturaleza, ya estamos encantad@s y aún no bajamos del bus. Vamos bordeando la laguna Chinancocha que azul… es tan bonito… paramos a hacer algunas fotos pero poquito tiempo tenemos una buena caminata.

Bajamos del bus, es una explanada preciosa, unos árboles que pierden la piel le dan un toque mágico al inicio del camino, un riachuelo de aguas cristalinas, montañas a nuestro alrededor y un sol que nos calienta del frío. La imagen podría parecer salir de una postal. Empieza el ascenso, no es muy abrupto pero parece que se te acaba el aire, ascenderemos a una altura de 4650 msnm, poco a poco, hay que ir tomando agua y plátano (viva el potasio). A esta altura los árboles son escasos y bajitos, las piedras brillantes y verdes por wpid-wp-1436898933928.jpegla humedad, los picos que se ven al fondo, blancos de la nieve, es pura montaña, pura naturaleza, pura pachamama… Llevamos unas tres horas subiendo, poco a poco, cada vez más despacio y llegamos a la laguna 68 (que originales) esta es pequeñita, verdosa, linda, pero no fuera de lo común… Continúamos, restos de un antiguo poblado ¿pero quién podía vivir aquí con este frío? Vamos ni el Yeti…

Queda la última gran subida, sobre el nivel del mar no sería tanto, pero a estas alturas cada paso es casi un logro… Parece que el aire no llega, ni la sangre, siento mareos y náuseas,… la coca parece que no ha sido suficiente… no puedo más, me rindo… sentada y desanimada, pero no sola, recibo dulces palabras de aliento,… unos minutos… es una sensación muy desagradable, vencida casi en la cima… quedan sólo quince minutos de caminata… Respiro bien fuerte, poco a poco, convertida en caracol, parando a cada tres pasos… y por fin… a unos metros la Laguna 69. No hay turquesa más turquesa en este mundo, que belleza, las montañas grises resuenan, son pequeños derrumbamientos que con el eco parece wpid-wp-1436898924499.jpegque nos hablen. Que recordemos siempre su inmensidad, que las respetemos, que las sintamos, que las llevemos en el corazón… Podríamos habernos quedado una vida sólo mirando la laguna, luminosa, como una estrella azul que resplandece en la tierra. Esto es belleza… No queremos regresar, su energía nos atrapa…

Nos llaman, desde que llegamos ha pasado más de una hora… se detuvo el tiempo… una última mirada… no queremos despedirnos… nos la llevamos en nuestra esencia…

El descenso a paso ligero, hasta casi podríamos correr, los dedos se hinchan por el brusco cambio de presión, que sensación más extraña, de caracol a liebre, como cambian las cosas… es momento de disfrutar el paisaje que antes por el agotamiento perdimos 😉

Ya en el bus… que día tan precioso… la naturaleza jamás dejará de sorprendernos…