La guerra que ganó el pueblo


Nuestra siguiente parada Cochabamba o el Lago Llano, “q’ocha” lago y “panpa” llano, o como se le conocía antes de la llegada de los Inkas, Kanata, ya que estaba habitada por los Kanas. Esta ciudad tiene mucha historia, está poblada desde hace más de 10.000 años y tiene mucho que contar. Estamos agotad@s, viajar en bus toda la noche, con asientos que apenas se reclinan, con las rodillas encajonadas, sin saber que posición poner… nos deja exhaust@s. Tras el primer paseo por la ciudad conseguimos contactar con la Red Tinku, donde acabaremos pasando unos días, la Red es una organización intercultural de wpid-dscn9488.jpgjóvenes y activistas sociales. Un encuentro de arte, cultura y turismo alternativo. Allí conocemos a Ramiro el coordinador de la red con el que tenemos charlas sobre educación, contrainformación, revolución popular,… e intercambiamos muchas opiniones. Y aunque queríamos participar de algún taller o actividad estas semanas estan de vacaciones 😦 . Desde allá queda cerquita un mercado popular, ¡qué nos encantó! podías comprar los productos de la zona y tenía comedores populares. Por unos 10 bolivianos (unos 1’5€) podías tomar una sopa y un segundo compartiendo mesa, con toldos de plástico que nos cubren del sol y donde éramos los únicos turistas (que pena no tener fotos…)

Para visitar el centro tenemos que tomar un bus, acá todos los buses están altamente decorados, con flecos, pompones, una extraña alfombra, cortinas,… una especie de horror vacui en movimiento. Las calles tienen mucha vida, hay edificios coloniales y un montón de parques y plazas. Una de las más bellas, la plaza 14 de Septiembre, repleta de árboles preciosos (hasta tienen una placa conmemorativa al árbol), en medio un panel wpid-wp-1437757227231.jpeginformativo con el letrero “Universidad de la Plaza”, donde se cuelga información alternativa y hay frases con reivindicaciones para hacer pensar. En esta plaza, organizado por la Red Tinku, todos los días (si no llueve) hacen charlas participativas sobre temas que repercuten a la comunidad. Esta plaza tiene espiritu de lucha, y no es para menos,… Aquí se barricó el pueblo en el año 2000 con la Guerra del Agua. Una guerra que inicia cuando Bolívia pidió refinanciar su sistema de aguas públicas y el Banco Mundial exigió que se privatizara. Hugo Benzer, el dictador de ese momento, firma un contrato con la multinacional Bechtel obteniendo todo el control del agua de Cochabamba, hasta la que caía del cielo. ¡Incluso se necesitaba licencia para recoger el agua de la lluvia! Aguas Tunari aumentó las facturas hasta tal punto que el pueblo no podía comer, tenía que dejar de ir al hospital, los niñ@s no podían ir a la escuela,… Empezaron las revueltas y la respuesta del gobierno era cada vez más violenta. El pueblo se organizó de manera espontánea y tomaban decisiones asamblearias, también se formó La Coordinadora “para la defensa del agua y la vida” formada por la Federación de Granjeros Campesinos, la Central Obrera Boliviana, ecologistas, ingenieros,… Mientras el gobierno cerraba pozos, reprimía, amenazaba… el pueblo con la consigna “El agua es nuestra, carajo” tomaba las calles, bloqueaba carreteras y se adueñaba de la ciudad. Se proclamó el Estado de Sitio y salió el ejercito a la calle a reprimir al pueblo, fue una revuelta muy violenta con seis muertos y más de 175 heridos. Finalmente, el 11 de abril del 2000 el Gobierno rescindió el contrato con Aguas Tunari y el pueblo venció. ¡Buff! No sabemos ni como continuar… es muy fuerte… las grandes empresas con el monstruoso capitalismo que se creen dueñas del agua, el aire, la tierra… y ¡hasta la luna!

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Nos despedimos de Cochabamba y aunque algo tristes porque el pago a la Pacha Mama al que ibamos a participar se suspendió, volvemos a sentir que si nos lo proponemos y unimos fuerzas se puede conseguir todo, y el pueblo de Cochabamba es un gran ejemplo.

Próxima parada, Sucre o Choquechaca, nombre originario de los Charcas, uno de los pocos pueblos que conservaba su autonomía respecto a los inkas y fué el único pueblo que no pagó el rescate del Inca. La rebeldía boliviana 😉

Es una ciudad llena de edificioswpid-wp-1437757233169.jpeg preciosos de color blanco, muy agradable para caminar, con un enorme parque donde el fin de semana se llena de niñ@s jugando, de paradas de palomitas, de espectáculos en la calle,… y donde hasta un trenecito se disfraza de tiburón y pasea alegremente a los más pequeños. En la ciudad hay un bonito mercado que vale la pena conocer, pararse a comer y curiosear la variedad de colores que pueden llegar a haber. Eso sí, para comprar, el inevitable regateo y las sorpresas no tan agradables de ver cabezas de vaca cortadas y expuestas o el preguntar de que es ese dulce y que te contesten ¡pero vas a comprar o no! A veces, pensamos que están enfadad@s con todos los extranjeros, que hay un gran resentimiento y que se creen que les debemos algo. Sabemos que históricamente han sido un pueblo masacrado y se han cometido abusos terribles, se les ha denigrado,… pero aunque intentamos empatizar con ese sentimiento, nos cuesta, fueron nuestros antepasados, no nos enorgullecemos… pero no lo podemos cambiar…
Sucre es la ciudad de las siete colinas y Munaypata “La colina del amor” es la más alta. Para llegar hay que subir una calle con una fuerte pendiente y unas escaleras, que para variar, con la altura te roban el aliento. En lo más alto el Mirador de la Recoleta, con unas wpid-dscn9538.jpgvistas tan bellas… donde los colores cambian según la luz y el placer se reduce a mirar el atardecer. Es un lugar pintóresco y donde cualquiera que vaya a Sucre va a conocer. Esta lleno de artesanos a los que nos unimos, con nuestras propias artesanías, que cada vez van siendo más elaboradas. Los chicos que venden tienen trabajos preciosos y es hermoso poder hablar con ellos y compartir. Los días de Sucre son plácidos, sin vivencias extraordinarias, pero felices. El lugar donde dormimos está rodeado de naturaleza y el chico argentino que está de voluntario, nos cuenta siempre un montón de historias mientras toma mate y masca coca. Las tardes tranquilas en la Recoleta entre artesanías y puestas de sol. Y sin darnos cuenta de nuevo mochilas al hombro y otro bus…

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De la selva urbana a la capital de los Yungas


La Paz es una ciudad difícil de explicar, quizá la mejor palabra que la defina, para nosotr@s, es que es una ciudad bipolar. A veces, te encanta, otras veces no tanto… y conviven en un extraño equilibrio un montón de culturas originarias con el supuesto “desarrollo”. La historia del nombre de La Paz tiene un transfondo que nos encanta, ya que conmemora la restauración de la paz después de la Guerra Civil de 1548. Esta ciudad a 3250 msnm (siempre ponemos la altura, un dato que desde Barcelona pasaríamos por wpid-wp-1437502291699.jpegalto, pero no os imaginais lo que a veces cuesta respirar y como puede llegar a costar hacer cualquier cosa) es la capital del Estado Plurinacional de Bolívia, un país con más de 40 etnias/naciones distintas y con un presidente de orígen indígena. Un país donde todo puede pasar.

El centro de La Paz conserva edificios coloniales y su gris típico de ciudad que contrasta con los alegres colores de las vestimentas y las artesanías. Tenemos hambre y queremos comprar algo en el mercado, en teoría algo fácil pero a la práctica es todo un reto. El mercado es un laberinto, lleno de rampas que nunca sabes por donde se comunican, carteles por sectores que no sabemos cuantos másters se necesitan para entenderlos, paradas cerradas,… y por fin un puestito con pasta. “Seño, ¿nos pone fideos?”. La cholita mirando la tele, comiendo su sopa y girando la cabeza “¿cuánto?”, ” una librita”, “no”, se gira y sigue mirando la tele, parece que la telenovela es más importante… No sabemos que cara poner… lo seguiremos intentando… “Caserita” nos pondría unos tómates. ¿Cuánto? ¿En serio? No, gracias. La ciudad es muy turística y en cuanto te ven clarito de piel automáticamente en tu frente pone “gringo con plata”. Por suerte, siempre hay”seños” que te sonríen, preguntan de donde eres,… y te ponen un precio justo para tod@s.

Una de las cosas curiosas de la ciudad es que parece un embudo, al fondo del valle el centro, la parte antigua, y las laderas construidas hasta los topes por barrios perífericos, pero lo más bonito, y emblema del lugar, el Illimani una montaña de 6462 metros que pertenece a la Cordillera Real. Cuando cae la tarde los picos nevados con el sol se convierten en un verdadero espectáculo.

wpid-wp-1437502278187.jpegEs Navidad (aunque el post saldrá no sabemos cuando) y las calles están adornadas, hay
árboles decorados con llamitas y otros motivos, un mercado a lo “Santa Llúcia” con luces, pesebres con jirafas (¡sí! jirafas…), angelitos con chullo, inciensos, melodías… Nos entra la nostalgía… Mucho tiempo fuera de casa y una época señalada. Si miramos atrás, recuerdo no gustarnos mucho el hostel donde estabamos de voluntari@s, no convencernos la ciudad, su gente,… pero ahora quizá no supimos valorar lo que La Paz nos ofrecía… polos de canela (a los que nos hicimos adict@s), vistas espectaculares, olores y colores distintos… Puede que sea cierto lo que dicen que hay que escribir acerca de un lugar cuando un@ ya se fue porque… que mejor lugar que “La Paz” en Navidad.

No podemos estar en La Paz y no conocer el “Mercado de Brujas” con sus hierbas, inciensos, semillas, amuletos, piedras y un sinfin de objetos bizarros. Cajas con wpid-wp-1437502286944.jpegpócimas mágicas que prometen amor, dinero, salud,.. hechicería y magia, combinada con el poder de las plantas. Costumbres heredadas… mucho color, creencias, símbolos,… y fetos de llamas (¡nooo! 😦 ). El ritual dice que si sacrificas el feto de la llama y disecado se lo ofreces a la Pacha Mama y lo entierras en la entrada de la casa es la mejor forma de atraer la buena suerte y alejar las maldiciones. Creo que nosostr@s probaremos otras formas…

A las afueras de La Paz, otra sorpresa, el Valle de la Luna, una formación rocosa bautizada con este nombre por Neil Armstrong (el que piso la luna). Una curiosa formacion de pieda y arcilla que con la erosión del terreno fue convirtiéndose en un desierto de estalagmitas. Es todo de un tono marronoso, las formas de las piedras suaves y completamente de otro mundo. Si dejas volar la imaginación y piensas que no hay gravedad podemos soñar con que hemos ido a la luna. 🙂

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Uno de los medios de transporte, ya que el lugar tiene forma de U, es el teleférico, hay varias líneas:la roja, la verde, la amarilla,… hoy tomamos la roja. Hay una cola impresionante, pero nos hace ilusión. En la cabina, el imponente Illimani al fondo, y a nuestros pies callejuelas asfaltadas, otras de barro, casas muy muy humildes,… y todo bien empinado. Una vez arriba, el mercado del alto, no necesitamos nada en especial pero queríamos curiosear. Para amenizar el paseo un mocochinche, una bebida de durazno seco hervido con azúcar, canela y clavo, servida en bolsa y pajita y con el hueso de la fruta dentro. En este mercado puedes encontrar de todo, viejo o nuevo, pero de todo, ropa, calzado, comidas, muebles, piezas de ordenador, coches, platos, juguetes, chatarra, figuritas, teléfonos viejos y nuevos…

Después de unas tres semanas en la Paz queremos pasar el Año Nuevo, en otro lugar, que no sea una ciudad, queremos ver las estrellas. Nos vamos rumbo a Coroico y para llegar a la terminal tomamos un taxi, todo va bien, hasta que en una calle, de esas que parecen un tobogan, se abre el maletero y sale la mochila rodando. “¡NOOOOOOOO! ¡Mi mochilaaaaaaaaaa!” El taxista para con toda la parsimonia del mundo y bajo lanzada corriendo desesperada por mi mochila. ¡Qué susto! Tengo el corazón acelerado. El taxista mira el maletero y sin cambiar la expresión de la cara, nos dice: “No se como habrá podido pasar…”. Una vez en la terminal, vamos a abrir el maletero y esta bloquado, cuando por fin lo conseguimos y sacamos las mochilas, nos cuenta: “ves, esque pongo este trapo aqui porque si se cierra del todo se bloquea y no se puede abrir” Mmmm… y luego nos dice que no sabía como podría haberse escapado la mochila…

Tomamos una combi donde no cabe ni un alfiler, las cosas atadas arriba, y dentro donde en teoría debería haber unos diez asientos hay veinte, ¡esto si es aprovechar el espacio!. Se ve que aquí deben jugar mucho al tetris… Nos vamos a Coroico, cambiamos el clima andino de las alturas por un clima medio selvático en temporada de lluvias. Para llegar lo hacemos por una ruta nueva, ya que la tradicional es la Carretera de los Yungas o “Carretera de la Muerte” construida por prisioneros paraguayos durante la Guerra del Chaco (sobre 1930). Actualmente, está prohibida la circulación y sólo pueden acceder tours en bici, no sabemos si alegrarnos o entristecernos… nos presentaba mucha curiosidad… pero la verdad, después de leer que había una media de 209 accidentes al año con 96 muertos y que en 1983 un bus se precipitó al vacío dejando 100 muertos… casi que nos alegramos.

La nueva carretera no deja de ser peligrosa, pero por su manera de conducir… se circula por el carril que se quiere (bueno, no sabemos si existe el concepto de carril) y se pita; que hay una curva, se pita; que hay un túnel, se pita; que hay… se pita. La historia consiste en que ya se apartará el otro… Preferimos no fijarnos mucho… A su vez, la carretera es preciosa y hace mucho frío, por suerte vamos todos pegaditos, hay una niebla densa y de pronto las gotas de lluvia se transforman en nieve. ¡Qué hermosura! Esta montaña de vistas infinitas y nevadas… con casitas desperdigadas de adobe que emanan humo por sus chimeneas… La nieve se marcha… y un túnel… es magia, el paisaje ha cambiado completamente ¡estamos en los yungas! donde se unen los andes con la amazonía, una combinación de montaña y selva. Un trozito más y llegamos a Coroico, un pueblo chiquito, entre la montaña, un pueblito entre las nubes. 🙂wpid-dscn9430.jpg

A las afueras, “Los Jardines del Sol” donde nos quedamos de voluntari@s un par de semanas por acampar. El sitio es precioso, nunca podremos saber cuantos pájaros cantaban a la vez… mariposas multicolores, árboles de hojas majestuosas, monitos y colibríes… y mucha lluvia. Llueve de noche, pero a media mañana, el sol espléndido, las gotas de rocío en las flores…

Es fin de año y bajamos a la plaza del pueblo, no sabemos que nos encontraremos… Preparad@s con nuestro kit… pero… que raro, las campanadas no suenan… nuestro reloj imitación casio, comprado en cualquier bazar de Ecuador, nos da las campanadas, entre risas empieza el año, un poco de cerveza y fiesta, alegría y mucha ilusión. Persiguiendo nuestros sueños y continuando el camino.

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Titicaca, el mar de los Andes


Lo que más nos gustaría en este momento sería teletransportanos a una cama, no importa como sea pero queremos dormir. Estamos en la terminal de buses a las cinco de la mañana (no es la primera vez, ni será la última) no hay sol, hace frío y nada abierto… Tenemos que esperar al menos a que amanezca, mejor en la terminal que en la calle. La cafetería abre, algo calentito por favor, mientras miramos el mapa para situarnos un poco en la ciudad. Estamos en Puno, una de las ciudades más altas del mundo, entre 3810 msnm y 4050 msnm. Despacito el día despierta, nos mobilizamos y en un ratito, tenemos hostal y nuestros deseos se ven cumplidos, así que hacemos una siesta a las diez de la mañana.

La ciudad conserva el aire tradicional con una mezcla de locura caótica en el centro. wpid-wp-1437418971972.jpegPaseando por una de sus calles llegamos al lago Titicaca y bordeamos un poquito de su orilla sin fin. Aquí la ciudad para, se relaja, el agua calma. El lago Titicaca es una mezcla de culturas: Aymaras, Quechuas y Urus, todas ellas con sabiduría ancestral, y que ahora comparten el Perú y Bolívia. Es el lago navegable más alto del mundo a 3812 msnm y cuenta con 8490 km2, estamos ante la inmensidad en las alturas de los Andes. Nos dejamos hechizar…

Un nuevo día, el sol nos acaricia, estamos en un puertito del lago, vamos a visitar las Islas de los Uros, o “gente de sangre negra” como se denominan ellos, un pueblo que huyó al lago cuando Pachacutec los asedió. Nos adentramos en el Titicaca atravesando wpid-wp-1437418981261.jpeg“bosquecitos” de totora, las plantas con las que hacen las islas, embarcaciones, casas,… la planta que les da la vida. A lo lejos un conjunto de islitas doradas, con unos arcos hechos de totora, con sus viviendas de totora, con su… todo de totora. Bajamos a una islita, es como hecho de paja, la isla artificial, se mece con el agua. Nos explican que tejen las totoras donde estas crecen de forma natural y van haciendo capas, hasta llegar a un ancho de unos dos metros, encima construyen casas y en el exterior cocinan para evitar incendios. Con la invasión inka este pueblo se las ingenió para huir y se fue al lago. Antiguamente vivían de la pesca, tenían corrales con aves y cuyes y esporádicamente, iban a tierra firme para intercambiar sus productos. Ahora, las más de veinte islas flotantes viven únicamente del turismo.wpid-wp-1437418985724.jpeg Los que en un día fueron “uris” o indómitos y bravos se han “dejado conquistar” por la dependencia del turismo. Admiramos estas construcciones, la valentía de vivir sobre el agua, las tradiciones, sus creaciones con la totora,… pero nos apena el como se pierde… Visitamos otra isla y justo cuando vamos a subir a nuestra barca aparece una mujer mayor, de aspecto cansado y sonriente, que vende helados en su pequeña embarcacion de totora. Nos inspira ternura, y a su vez sentimientos contradictorios, tan mayor y remando la barca… que vida tan dura…

Despedimos las Islas de los Uros, unas islas fascinantes, por lo que son y por su cultura. Estas pequeñas casas doradas embellecen el sagrado Titicaca y sus embarcaciones, se mueven plácidamente como si de estelas en el cielo se tratase.

Las despedidas no se acaban, y aunque seguiremos a orillas del místico Titicaca, decimos adiós al Perú, en el bus, miramos estas tierras que nos han acogido en sus brazos, nos han enseñado montañas imposibles, océano en calma, desiertos, ríos plácidos, culturas impresionantes, valles sagrados… pero sobretodo colores y personas que sonríen. La esencia del Perú la llevamos con nosotr@s.

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En la ruta, los trámites de migración pertinentes, sello de salida del Perú y sello de entrada a Bolívia, pasamos la frontera a pie y nos dejamos tentar por unas salteñas (empanadas de patata, pollo, verduras y aceitunas) queremos empezar a probar todo. El camino en bus continua, ya estamos en nuestro destino, Copacabana, pero antes de descender del bus un señor sube y nos cobra a cada un@ un boliviano por ingresar al Santuario de Copacabana, esto será el inicio de una extraña relación con los boletos de “acceso a la terminal” de la cual todavía no somos conscientes.

wpid-wp-1437418990069.jpegCopacabana es un pueblito a orillas del Titicaca que se ha convertido en un destino turístico, ya que es el lugar desde donde se puede ir a visitar la Isla del Sol, donde surgieron los legendarios Manco Capac y Mama Ocllo para fundar el Tahuantisiyo. Donde empezó toda una Historia… Nos hubiera encantado ir a la Isla del Sol, puede que hubiésemos entendido un poco más a esa gran civilización, pero es temporada de lluvias y no es buena idea acampar cuando en cualquier momento puede arrancar el diluvio.

wpid-wp-1437418994503.jpegEl pueblo es muy agradable y tranquilo, es chiquito y lo lindo es poder subir un cerrito a orillas del Titicaca, que aunque es pequeño tiene su esfuerzo porque parace que en cualquier momento te vaya a faltar el aire. Desde arriba el lugar hipnotiza, es la belleza pura, te hace sentir el Estar y lo importante es el presente no el “ver” ni el “hacer”. Así que la tarde transcurre plácidamente desde el cerrito mirando el lago.

Los viajes no son fijos y los rumbos y tiempos se cambian según lo sentimos. La lluvia nos hace acelerar el ritmo así que nos encontramos de nuevo en el bus cambiando de emplazamiento. Al ratito del trayecto, paramos y el conductor nos dice que wpid-wp-1437418999012.jpeghemos de bajar tod@s, vamos a atravesar el Titicaca por Tiquina, su punto más estrecho. Para hacerlo se llevan nuestro bus y lo suben a una barca mientras nosotr@s esperamos una barquita de pasajer@s. ¡Qué curioso! Navegamos ese trocito de Titicaca y al llegar a la otra orilla tomamamos de nuevo nuestro bus, que había decidido que estaba cansado y quería mecerse en el lago azul. El camino continua…

Choquequirao


“Es lo más duro que he hecho en mi vida” y con este mensaje de un buen amigo argentino empezamos esta aventura, mientras por dentro pensábamos, “¡Bahh! No será para tanto, entre ida y vuelta son unos 60 kilómetros… Nos vamos a Choquequirao, un trekking de unos cuatro o cinco días a lo que se conoce como la hermana sagrada de Machu Picchu.

DÍA 1:

Es temprano (o bueno, quizá no tanto) llegamos a la terminal de Cusco donde por cinco minutos perdemos nuestro bus y como para el siguiente faltan unas tres horas, aprovechamos para subir a la torre de Pachacuteq . No lo sabíamos pero esto era la primera señal de que esta aventura iba a ser larga. Al cabo de un rato tomamos nuestro bus hacia Abancay, que nos dejará en el desvío de San Pedro de Cachora. Después de unas tres horas estamos en una carretera con dos casitas en medio de la nada. Un señor con su hijo esperando, le preguntamos si va a Cachora, y de inmediato parece que nos conozca de toda la vida y en un momento nos explica un montón de cosas del lugar.  Viene un taxi, regateamos, y tod@s adentro. Para llegar al pueblo desde el cruce vamos descendiendo una montaña por una carreterita bien estrecha. San Pedro de Cachora es una aldeita tranquila con humildes casas y calles de piedra. Nos despedimos y empezamos el wpid-dscn8974.jpgcamino. Está atardeciendo y nos habían dicho que cerca de Cachora había un mirador donde se puede acampar. Caminamos unos quince minutos y vemos una explanada con el nevado del Kiswar al fondo ¡no hay belleza más grande que los Andes! Plantamos la carpa y hacemos un fuego para cocinar. Estamos encandilad@s… las estrellas, la luna, las montañas, la naturaleza,… no hay mejor casa que esta.

DÍA 2:

Esta amaneciendo y es indescriptible despertar en medio de los Andes, preparamos el desayuno,  avena-maca a lo inca pero… “puaj” nos hemos dejado el azúcar y la canela y aunque está bastante mala nos la comemos, la caminata va a ser dura… Todo a punto para empezar y oímos ¿Pero que hacéis? ¡Aquí no se puede acampar! Nos dice un hombre bien enojado. ¿No es el mirador? ¡No! ¡Y habéis hecho fuego! Y ahora viene un grupo… y #¬&!?= lo sentimos, pensábamos que era el mirador y se podía acampar… ¡Aquí está prohibido! ¿Pero no viene un grupo? Uixx… mejor no provocar… parece que está prohibido sino pagas en medio de la nada… ¡Gracias señor! ¡Y que tenga un buen día!

Parece que nuestro mirador, no era el mirador… Empezamos a caminar, es todo plano, wpid-wp-1443160629872.jpeg¿qué raro? Vemos un cartel “A Choquequirao”, pasamos un pequeño río, un senderito entre árboles,… todo muy apacible y llegamos a una carretera de tierra en plena solana… ¡Qué calor! Son las 10 de la mañana y el sol es sofocante, vamos despacito, no por la dificultad sino por el sol. Nos adelanta un coche y comemos todo el polvo… En un rato (exactamente 11 km) llegamos al “verdadero mirador” hasta el cual puedes llegar en coche y donde empieza el camino. Hay un pequeño quiosco, descansamos en la sombra, tomamos agua y hablamos con el dueño, que nos regala un poquito de azúcar mientras nos explica que hasta el río se tardan unas 5 ó 6 horas. ¿Tanto? Pensamos… si son unos 10 km de bajada… Lo que no sabíamos es que el cañón del Apurimac es uno de los más profundos del mundo y su descenso de 1500 metros no es precisamente un “paseo”. Empieza la verdadera caminata,wpid-dscn9167.jpg el sendero es estrecho y serpenteante, el sol en nuestra espalda se hace notar, bajamos al principio muy ilusionad@s pero el ritmo va aminorando… empezamos a estar muy cansad@s, ¿qué llevamos? ¿Tres horas bajando? No sabemos… estamos perdiendo el sentido del tiempo. Miramos hacía abajo, aún no vemos el río… muy lejos no puede estar… El paisaje ha cambiado del marrón y la tierra inicial a un verde húmedo en el que nos empiezan a picar todas las mosquitas (no se porque les ponen ese nombre… en realidad son minimosquitos con características inversamente proporcionales, cuanto menor es su tamaño mayor es su mala leche). Nos sentamos a descansar, las vistas son preciosas pero el agotamiento no nos permite disfrutarlas en su esplendor. Al fondo, en medio del verde de la montaña unos zig-zags infinitos que se pierden en algún punto… uauuu ¡si tuviera que hacer eso me muero!¡Qué locura! (ilusa… en un par de días íbamos a estar subiéndolo). Y todavía no se ve el río… ¿Quieres chocolate? ¡Tenemos chocolate! Esto es Felicidad (y con mayúsculas)…  ¡Mira allá se ve una casita! A unos 200 ó 300 metros un pequeño hogar con humo por la chimenea, nos acercamos y una “seño” nos deja acampar y ducharnos a cambio de un par de soles.

Lo primero, una ducha, bueno un chorro de agua con un plástico alrededor para evitar que entre el cerdo y las gallinas 🙂 y aunque no lo parezca, es una de las mejores duchas de nuestras vidas, tras el cansancio, enjabonarse en plena naturaleza, entre montañas y un cielo espléndido, no se puede equiparar ni al mejor jacuzzi del mundo.

Carpa montada, fuego en proceso, estrellas en el cielo,… Balance de la jornada: ¡qué día más largo! ¡y qué duro! Mañana nos lo tomaremos con más calma, el objetivo es llegar al río, que es una tercera parte de lo que hemos hecho hoy.

DÍA 3:

Como no vamos ha hacer una jornada tan larga decidimos levantarnos sobre las 6.30 – 7 a.m. ¡Piiip! Primer error, mientras desmontamos las mosquitas literalmente nos comen… pueden llegar a picar hasta en el ojo,  ¡de verdad! Está saliendo el sol ¡piip! segundo error, casi nos da una insolación por el camino. Y ya paramos de contar errores, no porque no hiciéramos más sino porque nos descontamos. Es cierto…

Empezamos a caminar y lo que parecía que iba a ser corto se nos hace eterno… Nos cruzamos con unos “arrieros” , son lugareños que con sus mulas cargan todo el equipo de los turistas y así ellos sólo van con una pequeña mochila con agua y un par de mudas. No como nosotr@s que vamos con todo el equipo de acampar, comida para 7 días,… y un par de mudas.

El sol nos está machacando, el ojo parece un volcán, no para de hincharse, el peso de la espalda parece que nos hunde en el suelo, ya no miramos el paisaje, sólo vemos nuestros pies cansad@s, nuestros minúsculos pasos y mucho desanimo. ¿Qué hacemos aquí? ¡Esto es terrible! En una de las pocas sombras del camino nos planteamos dar media vuelta. Sólo pensar que todavía nos queda llegar al río, volver a subir el cañón de 1500 metros por el otro lado, para después volverlo a bajar y de nuevo subirlo, nos asusta. Aquí no nos wpid-wp-1443160637820.jpegpodemos quedar y tampoco nos vemos con fuerzas para volver al mirador. Decidimos llegar al río y allá ya veremos que pasa mañana.

Medio arrastrándonos, poco a poco, muy poco a poco, caminamos,…  ¡Mira el río! ¡Por fin!
¡Ueeeee! Pasamos lo que denominamos nostr@s el “caos granítico”, un conjunto de grandes piedras que en algún momento cayeron de forma aleatoria y juguetona. Una bajada más, ¡llegamos!

Saludamos al guarda, un señor mayor, solitario, pero con ganas de contar y que le cuenten. Nos mojamos los pies y nos estiramos en unas grandes piedras. Al rato un grupo de limeños que vuelven de Choquequirao con todo lujo, ¡traen hasta sus propios cocineros! Son un montón y al hablar con ellos nos ven el desanimo que tratábamos  de ocultar.  Al momento, “chicos tienen que llegar”, “tengan este repelente es buenísimo”, “tomen palta, tomates, lentejas,…” Entre regalos y palabras de aliento, nos sonreímos, ya que hemos tocado fondo (y no sólo el del cañón) ahora sólo nos queda subir. La vida, aunque a veces lo dudemos, siempre regala aire fresco…

DÍA 4:

Para evitar el sol, ya que la subida no tiene ni una sombra, nos despertamos bien temprano, aún de noche, queremos subir al alba. Grrrrcrrrr… ¿Qué es esto? Mi barriga, me siento mal, como mareada… Así no puedes subir. ¿Y qué hacemos? Lo que pide el cuerpo, descansar. Pasamos todo el día al lado del río, el señor solitario, las mulas que suben y bajan bien cargadas… y mirando la terrible cuesta que nos espera mañana… Parece interminable, tendrá como dos kilómetros (sin exagerar), y una segunda cuesta algo más corta y miles de zigs zags,… mejor no mirar más.wpid-wp-1443160629770.jpeg

El señor nos explica su historia y también nos relata cómo unos años atrás, una gran riada junto con un fuerte desprendimiento se llevaron el antiguo puente y desde entonces hasta hace unos pocos meses, cuando abrieron el robusto nuevo puente, la gente tenia que cruzar el río en una vagoneta sustentada por un cable, de la que dos personas tiraban de cada lado para moverla. Mientras, el día pasa tranquilo, caluroso, pero sobretodo, recogiendo fuerzas.

DÍA 5:

Despertamos, es de noche todavía, recogemos la carpa, desayunamos maca-avena (otra vez) y list@s para partir. La luna nos ilumina, cruzamos el puente y empezamos a subir esa primera cuesta, larga, interminable, despacito y en silencio. Después, la segunda, sentimos la montaña en la oscuridad, su poder. Poco a poco, como nuestros pasos,
empieza a salir el sol. Sigue la subida. Vamos bien, pero no podemos perder el ritmo. Al cabo de un buen rato, llegamos a Santa Rosa Baja, unas tres casas, y en una de ellas una parada. Una “seño” sonriente nos prepara un café con los primeros rayos del sol y un cerdito que parece un perro reclama nuestra atención 😉 . Seguimos, el sol es fuerte y el cansancio wpid-wp-1443160631701.jpeghace acto de presencia.  La mochila cada vez pesa más, parece que carguemos con un elefante y un hipopótamo juntos. En la próxima curva un breve descanso. A nuestros ojos, una cascada, “gracias Apu” (el espíritu de las montañas según la cosmovisión inka). Y sin darnos cuenta estamos refrescándonos en este tesoro natural.  ¡Venga el último tirón! Ya debemos estar cerca de Marampata (la aldea de la cima). Estirando las energías, sin hablar pero disfrutando el paisaje, seguimos subiendo. Un porticón. Unos caballos. Unas casas. Un camino plano. ¡Estamos en Marampata!

Marampata es una belleza perdida en las montañas, el tiempo parece no correr, el aire puro, el verde intenso,… y tenemos la suerte de estar aquí. Es un paraíso wpid-wp-1443160632226.jpegperdido.

Acampamos en el jardín de una “seño” que amablemente (y obviamente, por unos soles) nos deja usar el baño y la cocina de leña. Un pequeñín quiere jugar y unas gallinas con capa revolotean. ¿Supergallinas? Sí, llevan capa plástica de vistosos colores que les da el superpoder de que no los atrape un condor.  😉

Preparamos la cena y en la “cocina” un montón de cuyes asustadizos que se dejan ver a cambio de comida. ¡Qué bonitos! Y cuanta compañía para cocinar.

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En la carpa, sentimos cosquilleo en los pies, estamos a dos kilómetros, en casi llano, de Choquequirao.

DÍA 6:

El sol asoma y empezamos el camino, queremos disfrutar el día, ansios@s empezamos a caminar. Una subidita, una bajada, un montón de piedras, una pequeña caída de agua y… siempre con un barranco al costado. ¿Te imaginas a los inkas pasando por aquí? Jamás sentían miedo…

Un banquito, un señor sonriente, uno de los guardas del recinto. Siente muchas ganas de hablar y está feliz porque hablamos la misma lengua. Nos muestra donde acampar y nos explica como llegar a los diferentes lugares.wpid-dscn9043.jpg

Choquequirao, Choquequiraw o Choq’ekiraw, Cuna de Oro en quechua, es un lugar sagrado sobre las estribaciones de la cordillera del Salcantay a unos 3000 msnm que en la época inka se constituyó como un centro cultural y religioso y como punto de control en el camino entre Vilcabamba y Machu Picchu. Posteriormente, con la colonización, fue uno de los bastiones de resistencia y se convirtió en el refugio de las altas esferas. Se cree que pequeños inkas reales se trasladaban aquí para crecer entre la seguridad de las montañas.

wpid-dscn9035.jpgEmpezamos a explorar las terrazas, en pleno barranco, construcciones majestuosas en plano vertical. Canales y sistemas de puentes. La inteligencia Inka. Subimos por un caminito para llegar a lo más alto, una explanada que conforma la Huaqaypata o la plaza principal nos brinda su esplendor. Lo más cerca de Inti y las estrellas, con vistas al abismo, el río Apurimac fluye al fondo y si tienes suerte puedes ver sobrevolar algún cóndor. La fuerza del lugar es omnipresente. Al costado un templo con una puerta mágica que parece no llevar a ninguna parte.  Pequeñas edificaciones al costado que nos conducen al Hanan o zona superior. Es majestuoso. Queremos respirarlo todo.

Volvemos a la plaza y una flecha que indica “llamas” ¿cómo no ir a visitarlas? Bajando y wpid-dscn9099.jpgbajando parece que no llegamos nunca. Con un desnivel de 250 metros vamos descubriendo las “Llamas del Sol” realizadas con piedras blancas que destacan brillantes en el gris del fondo.  Veinticuatro grabados encarados al sol que se creen ofrendas a los Apus. Son de una profunda belleza. Colocadas en el cañón mirando el infinito.

Volvemos a ascender, es increíble estar acá y casi solos. Es un regalo. Y lo mejor de todo es que dormiremos a pocos metros de esta maravilla.

wpid-dscn9063.jpg wpid-wp-1443160636225.jpeg

Felices, muy felices dormimos rodead@s de misticismo.

DÍA 7:

wpid-dscn9039.jpgAmanece, paseamos de nuevo por Choquequirao, más fotos, visitamos los depósitos o Qolqas, contemplamos esta maravilla y pensar que sólo se ha descubierto el 30%…

Uno de los grandes encantos del lugar es que no hay nadie, (o casi). Choquequirao es desconocido y de difícil acceso. Nosotr@s hemos tardado en llegar pero si pagas un arriero en dos o tres días puedes estar en la cima. Se ha de caminar y el terreno no es fácil, pero vale la pena. Y mucho. El guarda nos explica un proyecto de un teleférico. Nos apenamos. La magia y el misterio se perderán. Llegaran grupos de todas partes y se destrozará parte de la montaña… Parte de esta aventura es el camino. Pero, a la vez nos sentimos afortunad@s de haberlo vivido e incluso haber acampado aquí.

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Nos despedimos de este lugar sagrado, lleno de sabiduría y belleza. Nuestros pasos dejan atrás Choquequirao pero su esencia nos acompaña.

Visitamos a la “seño” de Marampata y también sus simpáticos cuyes. Montamos la carpa y dormimos dichos@s.

DÍA 8:

wpid-wp-1443160636274.jpegEs de noche y aunque no lo hayamos ido contando, el azúcar que nos regalaron hace días que se terminó y  ya odiamos la maca-avena, a pesar de todo, nos la comemos, es lo único que tenemos para desayunar. Empieza el descenso y a pesar de que es bajada, los pasos no son muy grandes ya que la pendiente es pronunciada. Será que estamos más livianos
(casi nos hemos comido todo), que nos estamos acostumbrando al agua con yodo (aunque sepa a hospital) o la felicidad de haber visitado uno de los lugares más hermosos del mundo, todo nos parece más fácil.

Llegamos al río y hace un calor terrible, paramos a wpid-wp-1443160637789.jpegcomer y a darnos una ducha fría que nos regenera hasta el alma. Tras el descanso y ahora que ha bajado el sol emprendemos la subida. Queremos dormir en el primer refugio, hacer la subida del tirón nos parece demasiado.

Atardeciendo acampamos, tenemos un buen ritmo, el corazón feliz y estamos animados. Lo imposible se está haciendo realidad.

DÍA 9:

En plena oscuridad nos despertamos y al abrir la puerta de la carpa ¡Ahhhhhhhhh! ¿Qué ocurre señorita? Una araña gigante y peluda. Señorita, no grite por eso, no hacen nada. (Responde el dueño malhumorado) Perdón, no estoy acostumbrada a despertarme en la noche y ver una araña de este tamaño que parecía que me fuera a comer.

Después del susto y de la maca avena, subimos, contemplando el paisaje y sabiendo que es el último día de este camino.  Miramos al otro lado del barranco y vemos todo lo que subimos y bajamos. Estamos orgullos@s. La subida que hoy caminamos fue la bajada del segundo día que casi acaba con nuestros ánimos. Hoy la sentimos de otro modo, hoy es nuestra aliada, hoy ya nos conocemos.
Al fondo, el mirador, unos zigs zags más y wpid-wp-1443160638709.jpegabandonamos el camino.  Hemos llegado, miramos al fondo y entrevemos el camino recorrido y al fondo distinguimos Choquequirao. Estuvo allá todo el tiempo pero no lo veíamos, nos habían hablado pero no lo sentíamos con el corazón. La última mirada…

Llegamos al mirador y nos premiamos con una Inca Kola gigante, fresquita, riquísima. Dos litros de alegría y azúcar 😉 Como no tenemos la suerte de que haya algún coche de  vuelta nos toca ir hacía Cachora
caminando, y aunque es casi llano se nos convierte en interminable. Diez wpid-wp-1443160639058.jpegkilómetros de eternidad en plano. Casi exhaust@s llegamos al pueblo y conseguimos un transporte hasta el cruce de carretera. Ya sólo nos queda esperar hasta el bus hacía Cusco.

Con los pies cansados y el cuerpo dolorido, pero con el alma feliz, pletórica,  ¡lo hemos conseguido!

¡Lo más duro que hemos hecho en nuestras vidas!

PD: ¡¡¡No volveremos a comer maca-avena nunca jamás!!!

 

Un misterio en las alturas


Era temprano, habíamos hecho batido de fresa y plátano (que como ibamos apurad@s de tiempo acabó modo bolsa y pitillo a lo peruano). Era el principio de un gran día. Teníamos las entradas desde hacía casi dos meses. Ibamos a hacer una de las excursiones más deseadas y esperadas de todo el viaje. ¡Nos ibamos a Machu Picchu! 🙂

Esperamos nuestra combi impacientes en la plaza de Armas de Cusco, al final ¡éramos los primeros! Sólo teníamos el viaje en combi hasta Hidroeléctrica, el resto lo dejabamos en manos de la aventura. Tras salir como casi dos horas más tarde de lo previsto, esperando a unos y otros… llega la primera parada: la gasolinera de las afueras de Cusco. Increíble, pero cierto. Aunque lo más divertido es cuando empiezan a zarandear la combi con tod@s dentro. Parece ser que están tupiendo la gasolina y con el movimiento cabe un poquito más. Por fin en marcha, y el conductor nos pide poner nuestras mochilas en otra combi, la combi es chiquita y somos l@s únic@s con mochilas grandes, pero… ¡lo sentimos, tenemos el cupo de robos cubiertos para bastante tiempo! Si quieres las movemos hacia el pasillo… Se van a subir unas personas “acasito” y no van a caber… ¿Alguien se va a hacer responsable de si falta algo? Mmm.. de acuerdo, pónganlas en el pasillo.

El paísaje se va transformando poco a poco, el calor húmedo se va haciendo más pesado… los Andes se están transformando, de alta montaña a montaña selvática, cómo nos gusta perdernos en el paisaje… Llegamos a Santa María y la carretera asfaltada la dejamos atrás, el terreno es árido, el caminito sinuoso, un barranco al costado (al final le cogeremos cariño a esto de viajar con barrancos). El camino complicado… Vemos como un auto que viene de frente pasa tambaleando por una especie de puente de madera (si se le puede llamar puente) sobre una caída de agua. ¿En serio? ¿Vamos a pasar por ahí? Y sin dudarlo un momento, ya estabamos en el otro lado. Tras una hora y media las curvas han acabado y hemos llegado a Hidroeléctrica. La combi se dispersa, cada un@ se va con su grupo, menos nosotr@s que empezamos a preguntar por donde empieza el camino. Aunque no tiene pérdida: hemos de seguir las vías del tren.

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Hay una pequeña subida y ahí las vemos… nuestras guías de hierro. Iremos todo el tiempo pegadit@s a ellas. En el entorno hay verdes de todos los tonos y hojas de vegetación de mil y una formas y tamaños. Un gran puente de railes cruza sobre el río dándole un aire bucólico. Al costado nos acompañan las montañas ¿cuándo empezaremos a ver Machu Picchu? Es tan enigmático que seguro está escondido… El paseo es tan placentero… ¡Biiiiip! Tren a Aguas CalientesEl tren directo a Aguas Calientes, nos apartamos de las vías… y en un momento desaparece de nuestra vista. Continúa nuestro camino abrazados por las montañas sagradas. El cielo va cambiando de color, algunas nubes grises amenazan con llorar. Hemos de apresurar la marcha, estamos a mitad de camino. Una gotita y otra, los pájaros en el cielo corren buscando refugio, la lluvia nos alcanzó. Con los chubasqueros puestos seguimos los raíles, la noche está llegando. Empapad@s y medio a oscuras vemos al fondo unas luces: ¡es Aguas Calientes! Ya estamos muy cerquita. Nuestra idea es acampar (llevábamos todo: carpa, saco, aislante…) paramos en el área de camping, está vacía… preguntamos, pero no hay ni un techo para guarecerse, la leña para cocinar está empapada y no hay agua caliente. Será mejor buscar un hostal. Entramos al pueblo, y a pesar de que llueve a cántaros, se ve muy cuidado, ya lo visitaremos mañana, ahora lo importante es encontrar un sitio bueno, bonito y barato. Los grandes y lujosos hoteles los pasamos de largo, quizás en otra vida… Aunque hemos dado bastante vuelta, hemos encontrado un hostel barato… que nadie nos dijo que fuera bueno… Lo que más deseabamos en ese momento era una ducha de agua caliente pero al abrir la llave de la ducha, no caían cubitos porque no cabían por la tubería. Vamos a preguntar y nos dicen que hay que dejarla correr… Esto no funciona… Volvemos a preguntar y no hay nadie, ¡holaaaa! ¡holaaaa! Se han dado a la fuga… igual que nosotr@s, cogemos nuestras cosas y de nuevo bajo la lluvia. Helad@s sigue la búsqueda. En una callecita algo escondida, un lugar muy amable, una pareja y su bebé, nos atienden con mucho amor. ¡Por fin agua caliente! ¡Y una sopita para cenar! Y a dormir, que mañana Machu Picchu nos espera.

Entra el sol por la ventana, que raro… ¿qué hora debe ser? ¡Nooo! Las siete… ¡nos hemos dormido! 😯 A esta hora wpid-wp-1437326181225.jpegqueríamos estar ya arriba… Suerte que tenemos el segundo turno a Huayna Picchu… En cinco minutos y ya en marcha (hacía tiempo que no nos vestíamos tan rápido a la mañana). Después de la lluvia de ayer, hoy hay un cielo hermoso, limpio, azul intenso y con Inti esplendoroso. Empieza la subida, es un camino que cruza a través de los árboles, y que al principio coincide en algún tramo con el camino del bus. Vamos parando a tomar aliento, la humedad, la altura, el calor,… nos obligan a hacerlo. No lo podemos creer, ¡ahí está! Queremos que este momento no pase nunca… ver la silueta soñada es un regalo. Imaginamos que deberían sentir cuando en 1911 lo redescubrieron…Machu Picchu

Machu Picchu, o “montaña vieja” en quechua, está en la cadena de montañas más importante por su carácter sagrado, empieza en el Salcantay (el Apu Espíritu Mayor) y termina en Huayna Picchu o “montaña joven”. El lugar es mágico. Se cree que Pachacutec ordenó su construcción, no sólo como símbolo de poder inka, sino para estar conectados con el Sol, el Agua y la Tierra: los elementos sagrados.

Empezamos a pasear por las enormes terrazas, que a la vez que eran espacios de cultivo, estas formaban parte de los “cimientos” de Machu Picchu. El lugar sagrado, fue construido en unas condiciones extremas, rodeado de dos fallas sísmicas, a 2490 msnm, empinadísimo y en donde caen lluvias torrenciales. ¡Un verdadero desafío para la arquitectura! Por eso, las terrazas son tan importantes, aguantan literalmente la ciudadela de Machu Picchu y están creadas a capas de diferentes materiales, lo que permiten drenar las fuertes lluvias. Acá hay sabiduría por todas partes… todo pensado, todo en su mundo tiene sentido.

Todavía tenemos un ratito hasta las diez que subiremos el Huayna y empezamos el camino hacia Intipunku, la Puerta del Sol. Todo lo que pisamos y vemos nos transmite. Es como si el lugar estuviera vivo. Vamos dejando atrás la estampa de postal con la cara del inka acercándonos cada vez más a la antigua entrada principal de Machu Picchu. Sólo había dos accesos, éste y un puente removible de madera al borde de un acantilado, así en caso de ataque la ciudadela podía ser defendida por pocos guerreros. Esta misteriosa ruta forma parte del Qhapaq Ñan (o Camino Inka) que era una red de caminos de más de 16.000 km que hicieron los inkas por todo el Tahuantisuyo, y que permitía llegar a pie de Cusco a Quito en diez días, aunque en aquel entonces no se viajaba por placer. Esto es enorme… parece que no nos va a dar tiempo… mejor regresamos…

Nos dirigimos a la entrada de Huayna Picchu pasando por el sector de viviendas donde habitaron unas 1000 personas, las casas en pie con las llamas correteando por las terrazas rectangulares hacen imaginarte una escena cotidiana, vestidos de blanco con adornos, orejeras de oro, cabellos negros… Mmmmm…

La entrada al Huayna Picchu está muy controlada, el acceso diario es de 400 personas, y el tiempo también es limitado. En la cola para entrar empiezan las mariposas en el estómago,wpid-wp-1437331693813.jpeg alzamos la vista, se ve tan alta y escarpada, vamos a subir a la nariz del inka. Una mezcla de sensaciones… Huayna Picchu es la Montaña Nueva que con Machu Picchu, o Montaña Vieja, hacen una bella analogía con el hombre jóven y el hombre viejo. Quizás tiene referencia a los ciclos de la vida o quizás es el puro respeto. Nos piden el boleto, crema solar, respiramos y empezamos. Los primeros cinco minutos es llano, se pasa de una ladera a otra de la montaña, pero después de esto “sólo” hay que subir. El camino es estrechísimo, sólo cabe una persona, la situación la podemos resumir en: barranco a un lado, tú y montaña al otro, casi te dan ganas de ir abrazándola… A tramos es camino, en otros momentos escalinatas talladas en la roca viva, a veces hay cables para que te puedas coger… y siempre wpid-dscn9861.jpgempinadísimo. Hay que tomárselo con calma, mirar el paísaje, beber agua, saludar a los que van más rápido que nosotr@s y alentar a los que van más despacito. El espíritu es uno: llegar a la cima. Unas rocas a modo de mirador… ¡Es impresionante! La ciudadela allá abajo… Sólo nos queda el tramo final, pasamos una cuevita con unas escaleras y… aquí estamos. En lo más alto. Los inkas tenían razón… sentimos a Inti, los Apus nos rodean, la brisa nos acaricia,… Nos cargamos de fuerza… pero sobretodo de Pacha Mama. Son unos momentos inolvidables, la esencia de la vida, está aquí… en Huayna Pichu. Por muchas palabras que escribamos ¡esto hay que vivirlo! Nos tumbamos en las gigantes piedras de los restos arqueológicos, miramos el cielo y nos fundimos en la inmensidad.

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El tiempo se ha pasado volando y aunque queríamos ir al Templo de la Luna, el acceso ya esta cerrado. Regresamos poco a poco, unas escaleritas que prefiero bajar sentada, medioarrastrándome (y no soy la única), da vértigo ¡los inkas definitivamente no sabían wpid-dscn9962.jpgque era el miedo a las alturas! Aunque hay un loco que se atreve a bajar dando saltos… (por cierto, le llamaron la atención porqué saltando se podian ver afectados los cimientos). Mientras bajamos se divisa el precipicio en todo momento… el cuerpo se relaja pero nuestra mente está inquieta por la altura. Es extraño… es el respeto a la montaña. Ya casi llegamos, antes de la salida nos desviamos por el camino a Huchuy Picchu, el mentón del inka, y paramos a comer un poco escondidos, ya que en Machu Picchu está prohibido comer, saboreamos cada bocado, estamos exhaust@s pero con el alma llena. En la salida, una vista atrás… ¡no podemos creer que hace un momento estabamos en esa puntita!

Tenemos mucho por visitar, pero lo mejor es que hay muchos grupos que se marchan porque pierden el tren, somos afortunad@s, vamos quedándonos a solas con Machu wpid-wp-1437331733690.jpegPicchu. Subimos unas escaleras (pero casi nos parecen planas después del Huayna)
ascendemos al sector religioso, piedras púlidas, perfectas, enormes,… dignas de la majestuosidad inka. En un espacio semiabierto nos maravillamos con “la Roca Sagrada”, una piedra de más de tres metros de alto que imita el perfil del cerro Pumasillo (que es la montaña que se ve al fondo). Esta gran roca sirvió para realizar estudios astrológicos y era una de las protagonistas en los rituales sagrados. No muy lejos el “Templo de las Tres Ventanas” (originalmente cinco) hecho con piedras colosales e impecables en su acabado que indicaban la localización exacta de la salida del Sol. Entre wpid-dscn9959.jpgellas una piedra tallada indicando los tres niveles de la cosmovisión inka: el cielo o la espiritualidad (Hanan Pacha), la tierra o lo mundano (Kay Pacha) y el subsuelo o vida interior (Ukju Pacha). Todo tiene un halo de misticismo tan único, es difícil de explicar… Y en lo más alto la Intihuatana, que en quechua significa “donde se amarra el sol”, se cree que servía como calendario astronómico y se definian las estaciones según la sombra que daba el sol a la base de esta piedra tan misteriosa. La Intihuatana está alineada con los cuatro puntos cardinales, con los cuatro picos más altos y sagrados y con los cuatro Dioses de las montañas. Estamos sol@s junto a la piedra y es tan fuerte la energía que parece emanar luz…

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Bajamos, y pequeños canales van transportando agua dando vida al lugar donde se cree que fue la residencia de descanso de Pachacutec. El porque se construyó Machu Picchu es desconocido… si un santuario, si el hogar de Pachacutec, si era una fortaleza… pero para el mundo inka lo religioso, social-político y militar era todo uno.

Nos sentamos a descansar cerquita del Templo del Cóndor en el séctor urbano, lo miramos, es una fusión de la piedra de la montaña con la creación inka. El cóndor wpid-dscn9939.jpgrepresenta la producción y la fertilidad, y la leyenda nos dice que cuando el cóndor agita sus alas, agrupa las nubes que producen lluvia y fertilizan la tierra. Tanta profundidad espiritual en un sólo lugar. Nos vienen tantas preguntas a la cabeza…no sabemos con certeza porque lo construyeron pero… ¿por qué lo abandonaron? Las llamas pasan a nuestro lado juguetonas, nos distraen de nuestros pensamientos, quizás porque nunca hayaremos la respuesta.

Hay tantos machupichus dentro de Machu Picchu, la arquitectura, la historia, los mitos, la religión, la sabiduría, la fuerza, los elementos,… pero creemos que lo mejor de Machu Picchu es estar, sentirlo, intentar comprenderlo, caminarlo,… y todo aquello que tu alma quiera hacer. Porque Machu Picchu es único, es un viaje interior, es un reencuentro con la naturaleza y con nosotr@s mism@s.wpid-dscn9981.jpg

Nos despedimos, no sabemos si volveremos algún día, pero de lo que si estamos segur@s es de que no lo olvidaremos.

En tierras de Apus


El Valle Sagrado realmente nos ha enamorado. Querríamos verlo todo, contemplar cada rincón, aprender cada día más, no perdernos ningún cachito. Nos han explicado que Pisac es inolvidable. Pués, ¡Allá vamos!

Pisac o P’isaq se encuentra a unos 30 km de Cusco, y se divide en dos partes. A las faldas de la montaña, el pueblo, que tiene unos 500 años más o menos, se trata de una reducción de los indígenas durante la colonización y ahora es donde está la vida. El pueblo es muy acogedor y tiene un mercado artesanal enorme, ¡pero cuánto colorido! ¡Nos encanta! La alegría se muestra en sus vestimentas y en todo lo que venden. Y en el cerro de la montaña, para variar, los restos arqueólogicos inkas. Tenían un amor a las alturas impresionante.

Hasta el pueblo hemos llegado en combi y hasta las ruinas queremos tomar otra. Nos indican para un lado, para el otro, por allí, no por allá… Así que decidimos empezar a caminar por la carreterita, ¡y menuda carreterita! Para arriba, con sol y nada de sombra… Casitas perdidas con pequeños jardínes, chacras de cultivo, energía calmada, paisaje admirable y… subiendo. ¡La combi! ¡Párala! Y a unos metros ahí nos espera. Encogidit@s dentro, con gente del lugar, ¡esta es la original! Nos empiezan a preguntar, charlamos,… ¡es tan agradable! ¡Chic@s les dejo acá! Sólo tienen que subir ese trozo de allá… Salen algunas personas de la combi para dejarnos bajar y cuando vamos a pagar, sólo tenemos billete, nada de monedas… El conductor nos mira… Uno de los grandes problemas de latinoamérica ¡nunca tienen cambio! Juntamos los poquitos soles que tenemos y se los damos al conductor. Nos dice que está bien y nos desea suerte. Nos disculpamos y le agradecemos por el viaje. Otra vez a caminar…

En poco, la boletería, no tenemos el boleto turístico y la entrada carísima. Nos intentamos camelar al guarda pero aunque era muy simpático no lo conseguimos. Toca plan B. En lugar de subir, descendemos un poco por un caminito que en teoría lleva a una aldeita. Hay que bordear el punto de control por algún lado. ¿Y qué mejor manera? Siguiendo a la cholita. Ellas siempre saben como colorse en los sitios, igual que los niños, porque vestidas con los trajes regionales siempre piden moneditas a cambio de una foto. ¡Con los zapatitos que llevan y lo rápido que van! Estamos subiendo por un senderito que nos falta el aire. La cholita la seguimos viendo, bien arriba, nosotr@s tenemos que ir parando para recuperar el aliento. ¡Ueee! ¡Llegamos!

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Terrazas de cultivo en Pisaq

Empieza el recorrido por Pisac, el cual tiene forma de perdiz, ¡es enorme! tiene un sector religioso, graneros, terrazas, viviendas… Lo primero que pisamos, los andenes de Acchapata, los inkas eran verdaderos agrónomos, resolvieron el problema de sembrar en los cerros, aprovechando todo el terreno ¡Con el valle tan bonito abajo y la mania que tenían de construir en las montañas!. Son unas cuarenta terrazas formando un triángulo invertido. Se sabe que los inkas antes de sembrar pedían los respetos a los Apus, los Dioses de las montañas, éstas siempre en el paisaje, solemnes. Y en la actualidad, no hay campesino del Valle Sagrado que inicie la siembra sin pedir sus bendiciones. Bordeamos algunas de las terrazas y pasamos por los graneros o colcas, depósitos donde se colaba el viento y de este modo se conservaban los alimentos. Cerca de ellos torreones que se muestran como elevaciones bellas. Una puerta de piedra pulida con forma de trapecio característica. A un lado precipicio y al otro montaña, la atravesamos, es como cruzar el umbral del tiempo.

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Panorámica de la zona ceremonial

Un guía con chullo y su flauta acompaña a una pareja de ingleses, nos toca y entre las notas sentimos el poder del lugar. Las montañas, las vistas, las alturas y las piedras. Una puerta de serpiente que nos lleva al sector religioso donde los sacerdotes hacían sacrificios para invocar la lluvia, si no lo conseguían y había sequía se les sancionaba duramente. Las personas trabajaban pero eran los dioses quienes decidían si había frutos.

En lo más alto de la montaña, el Templo del Sol o Intiwatana, aquí estudiaban los movimientos del sol y conocían los ciclos del cultivo. La arquitectura perfecta, las piedras gigantes dulcemente colocadas, suaves y de un gris rosado. Un poco más abajo el barrio de K’allaQ’asa, uno de los sectores más grandes con el impresionante barranco al costado.

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Empezamos el descenso pero por el otro lado, un guarda de Pisac nos saluda (por suerte no nos pide la entrada 😉 ). El caminito es angosto, casi que sólo miramos el suelo, de repente al otro lado agujeros entre las rocas, un antiguo cementerio, se respira espiritualidad. La bajada la disfrutamos intensamente, es como si cada vez que conocemos un centro sagrado inka se nos contagiara la magia. Al ratito un grupo de guardas de Pisac, nos acompañan, ell@s muy ágiles, la bajan cada día… Piedritas, tierra, vistas, escaleritas, un puente… y ya estamos. Pisac y la cultura inka nos causa una profunda admiración.

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Cementerio Inka

En el pueblo una gaseosa (si, una inka cola, ¡estamos enganchados!). Combi de regreso.

Cusco y el Valle Sagrado, creo que después de esto ya no seremos los mism@s…

Descubriendo el Valle Sagrado


En los majestuosos Andes peruanos y con Cusco en su corazón se encuentra el Valle Sagrado de los Inkas donde ríos de aguas cristalinas descienden por quebradas y pequeños valles, donde la tierra es fértil y donde hay numerosos fantásticos monumentos arqueológicos. Acá donde crece el mejor choclo del mundo, que sólo fuera alimento de las altas esferas inkas, se encuentran Chinchero y sus tejedoras, Pisaq con su feria artesanal, Ollantaytambo y su fortaleza, Moray, Qenko,…

Hoy es martes, nuestro día libre, y nos encanta poder conocer estas maravillas cuando tenemos fiesta. Una pequeña mochila con agua, nuestros tuppers, ropa para abrigarse a lo cebollita, mucha ilusión y alegría son lo que necesitamos para ir a las Salineras de Maras. A un par de cuadras de nuestro hostel podemos tomar la combi y ¡cómo se nota que estamos en Cusco y hay un montón de turistas! Es la combi más nueva y espaciosa que habíamos visto en todo el viaje. Regateamos el precio del boleto y esperamos, el estilo peruano es sin horarios, cuando está la combi esperas a que se llene y listo. Arranca… y hablamos con el conductor de que no queremos ir hasta Urubamba y que nos deje en el ramal de Moray. Al salir del Cusco, las montañas espléndidas a ambos lados, la carreterita atraviesa enormes chacras o terrenos de cultivos, llamas al fondo y algunas aldeas. Al cabo de algo más de una hora hemos llegado al ramal y sólo pisar un pie en el suelo ya tenemos un montón de taxis que ofrecen llevarnos a precios abusivos. Les decimos que no, que vamos caminando, que tenemos todo el día para llegar.

Vamos por una carreterita, disfrutando el lugar, la vista se pierde, el terreno desprende algo especial, poco a poco, como siempre en los Andes… En unos trenta minutos llegamos a un desvío, podemos elegir o visitar el pueblo o ver las salinas. Las ventajas de ir en coche es que no tienes que escoger pero el ir caminando siempre hace valorarlo todo un poquito más. Abandonamos la pequeña carretera y cogemos la bifurcación que es un ancho camino de tierra. Un poco de agua, paradas para hacer fotos y empezar a “maquinar” nuestro plan para no pagar la wpid-wp-1437244401109.jpegentrada. Por lo general, en el Valle Sagrado los precios son elevados, y nuestra economía ya no es muy buena… Miramos y a lo lejos la boletería… Parece que no haya nadie… Avanzamos, durante el camino sólo nos ha pasado alguna combi de algún tour, nadie llega hasta aquí caminando…

– ¡Hola, buen día!
– ¡Hola! ¿Cómo están?
– La entrada son 10 soles.
– ¿Cómo? ¿Por qué? Estamos de excursión y queremos llegar a Pichingoto (que es el pueblito que está después de las salinas) (Todo esto con nuestra mejor sonrisa)
– Pero para llegar a Pichingoto han de pasar por las Salinas y se cobra boleto.
– ¡Ah! No sabíamos,… nos habían dicho que se podía llegar y venimos caminando… (nuestra sonrisa y cara de buenas personas no cambiaba)
– Si quieren, hay otro camino, pero es bastante peligroso… (nos indica como llegar pero poco convencido). Esperen chicos, voy a llamar al guarda de abajo para que les dejen pasar por la parte de arriba de las Salinas no quiero que les pase nada por el otro camino, hay un gran barranco y se podrían caer.
– ¡Oh! ¡Muchísimas gracias! (Casi le damos un abrazo) ¡Nuestra historia de mochiler@s o nuestra gran sonrisa le conmovió! ¡Prueba superada!

Empezamos a bajar por el camino, felices, ¡tenemos pase VIP! quizá fueron los espíritus inkas que nos acompañan… Se empieza a contemplar la blancura de la zona, las formas wpid-wp-1437244406228.jpegcaprichosas de las salineras… y al fondo la montaña Weqey Wilca. Cuenta la leyenda que allá fue encerrado el menor de los hermanos Ayar, Ayar Kachi. Tanta era su tristeza por la traición de sus hermanos que lo encerraron que lloró y lloró en la oscuridad y sus lágrimas se convirtieron en cristales transparentes. Los mismos que brotan hoy en día como agua por medio del canal subterráneo y permite llenar los pozos recordando el sacrificio de Ayar Kachi.

Seguimos el descenso, el paisaje es tan bello… los colores de las salineras van desde el más puro blanco, al rosa pálido, mezclándose con un sinfín de marrones. Hay como unos 300 pozos, más o menos de unos cinco m2. Cada uno de estos cuenquitos tarda unos tres días en llenarse con el agua de un manantial natural, ésta se evapora poco a poco con la energía de Inti y cuando la sal alcanza unos diez centímetros de altura se retira manualmente. La sal blanca y rosada se yoda y se comercializa y la sal marrón tiene usos medicinales. Se dice que es una de las sales más ricas que se puede tomar. Trabajos ancestrales en vida. Es precioso verlo. No nos extraña en absoluto que para los Inkas las salineras fueran sagradas.

Bordeamos las salineras y vamos encontrando piedras de sal que se deshacen al jugar con ellas, ya casi nos despedimos de las salinas… Una última vista atrás… El camino se estrecha… Andamos una media horita más y llegamos a una casa, parece abandonada, y la siguiente también. Estamos en Pichingoto, una aldeita con aspecto fantasmal. Escuchamos el río, nos sentamos en sus orillas y comemos ¡Uix, qué hambre teníamos!

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Tras las casitas un puente y de ahí una carreterita, esperamos un taxi compartido para ir a Urubamba y de ahí un bus a Cusco. Llegamos de noche, el fresquito de los andes nos llega, las piedras inkas,… estamos en casa. Agotad@s pero con el corazón tan y tan feliz de esta aventura caemos rendid@s en los brazos de Morfeo.

Han pasado unos días y hoy sabemos que toca mercado en Chinchero un pueblito a unos 30 km de Cusco. Parada de combis, esperamos que se llene y marchamos. ¡Qué rápido! charlando casi no hemos visto el pasisaje. Chinchero es un pueblo a 3754 msnm que en época inkaica fue la hacienda de Tupac Yupanqui (hijo de Pachaquteq) y que después se convirtió en un templo colonial. Lo que nos apetece ver es el mercado, que tiene su orígen en el trueque de productos entre pobladores de la zona. ¡Cuanto colorido! Ahora se ha convertido en un mercado textil donde hay trabajos preciosos ¡Lo compraría todo! Guantes, ponchos, mochilas, bufandas, jerseis, chullos, agüayos,… Lástima que con tanto ¡cómpreme! ¡cómpreme! no se pueda mirar tranquilamente… Salimos del mercado, que estaba al aire libre, y para acceder al pueblo se tiene que pagar entrada ¿cómo? Lo intentaremos por la calle de atrás… De nuevo lo hemos conseguido, pero… esta vez hemos de pasar desapercibid@s. El pueblo está construido de bloques de adobe y puedes entrar a ver talleres artesanales donde tienen la lana de alpaca, natural o teñida, los telares, prendas a la venta, cuyes y alpacas. La belleza de las tradiciones andinas…

Días apacibles en Cusco, llamas, cuestas, mercado… y ya pasó otra semana ¿Dónde vamos hoy? ¡A Ollantaytambo!

wpid-wp-1437244396563.jpegOllantaytambo está a unos 90 kilómetros del Cusco y para llegar si no vas en tour debes tomar una combi hasta Urubamba y otro transporte hasta el poblado. Ya en nuestra segunda combi, el sol andino empieza a brillar con fuerza, las montañas nos acompañan… ¡potoprom, potoprom! ¿qué es eso? empezamos a botar… es el empedrado del suelo, la capa de asfalto de la carretera se ha desvanecido, ¡hemos llegado!

El pueblo más que bello, callecitas serpenteantes de piedra, fuentes, pequeños canales, tienditas con encanto, casitas, el río Patakancha donde confluye con el Urubamba,… y Ollantaytambo al fondo. ¡Si fuera inka creo que viviría aquí! En una de las calles el acceso al cerro Pinkuylluna y un cartel disuasorio, con hasta una calavera dibujada. Bueno, probamos… y si vemos que es muy difícil damos media vuelta. El ascenso es empinado, de tierra y algo abrupto pero no tan complicado. Lo peor el viento, que parece que tambalees. ¡Inti está con wpid-wp-1437244372165.jpegnosotr@s! ¿Qué hemos tardado una hora? Y diríamos que hemos hecho cosas mucho peores… o eso o es que ya nos hemos hecho inkas y no tenemos miedo a las alturas. En verdad no hemos llegado hasta arriba del todo, nuestro objetivo era ver las ruinas de las colcas que eran antiguos almacenes de comida y sobretodo disfrutar las vistas. A unos metros tenemos Ollantaytambo parece resplandecer…

Ollantaytambo o Ullantay Tanpu tiene su orígen en el aymara (y no quechua) y significa “mirador” o “atalaya”. El lugar era un tambo, donde se almacenaban alimentos, se usaba como lugar de descanso cuando viajaban, era un centro de control y también sirvió de fortaleza para el Inca Yupanqui. La religión, la política y lo militar siempre estaban unidos en la vida inka. Posee bellas terrazas y sus piedras son muy trabajadas, pulidas y perfectas. Un poco más arriba el sector religioso donde sacerdotes y las mujeres escogidas sirvían al Dios Sol, múltiples fuentes que hacen tributo al agua, y tras subir unas quince terrazas más el sector de las diez ventanas donde se cree que en sus ornacinas colocaban símbolos religiosos. Y en la cumbre, el templo al Sol. Se cree que este lugar no se había acabado y estaba diseñado para ser el más majestuoso del Valle Sagrado. El lugar a lo lejos emana energía, esplendor,… nos hubiera encantado verlo en vida, en su apogeo… En frente, a unos seis kilómetros y atravesando el río, la cantera de donde sacaban las piedras. Y en el camino de las ruinas y la cantera “las rocas cansadas” aquellas piedras que nunca llegaron a su emplazamiento. ¡Cómo nos gusta atribuirle estas características a las cosas… hacen que vivan…

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Bajamos del cerro, no era nada difícil… o es que estamos tan encantad@s con lo que hemos visto que ya nada es complicado…

Regreso a Cusco… nos sentimos tan afortunad@s de vivir esta experiencia, de estar aquí… el misterio inka nos embauca…