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Viviendo nuestro Dakar


Esperamos a que amanezca, otra vez estamos en una terminal a horas intempestivas, pero esta vez buscamos un hostal, necesitamos una cama. Estamos en Tupiza un pueblito desde el que se puede llegar al Salar de Uyuni. Por fin sale el sol, ya es hora de aventurarnos por la ciudad. Encontramos un hostalito muy lindo, tenemos la suerte que nos toca arriba donde hay una terraza con vistas increíbles, un baño y una cocina. Somos un@s privilegiad@s porque parece que tengamos un privee.

Nos gustaría ir al Cañón del Inca y preguntamos a la cholita que regenta el hostal. Insistimos un poco pero la “seño” parece muy atareada barriendo una y otra vez, sin a penas contestar,… Vamos a la terminal ya que en una oficina había un cartel de “Turismo”, preguntamos y nos envían a la agencia de turismo, allá lógicamente no nos explican nada, sólo nos quieren vender tours, vamos a comer y la pareja que regenta el “pollo broster” muy amablemente nos responden que no saben… ¿qué pasa en este lugar? ¡nadie sabe nada! o mejor dicho nadie nos quiere decir nada sin pagar… Buff, esto se pone complicado… Tupiza es muy tranquila y chiquita, tiene mucho encanto pero una vez has dado la vuelta dos veces ya no sabes mucho que hacer… Vamos al mercadito, la cholita de las paltas (aguacates), no sabe nada, el señor de las bananas, no sabe nada, la chica de las galletitas, no sabe nada… Nos cansamos… llegar al cañón está siendo imposible. Podríamos probar pero… es que no tenemos ni idea… Tupiza está en un valle rodeado de montañas suntuosas muy lindas, al puro estilo far west, y el cañón puede estar en cualquier dirección. Lo que no puede ser, no puede ser…

Es un nuevo día, desayunamos en nuestra terraza y vemos como el sol va cambiando los rojos de la montaña… Probaremos suerte vendiendo en la plaza. Hay una pareja vendiendo, él argentino, ella francesa, nos sentamos a su lado y charlamos un poco… también están de mochiler@s. ¡Oops! Al ratito viene la policía, y esta vez no para mirar que hacemos. Nos piden la documentación. Chic@s en su visa pone turismo… ¡ven! mientras también lo muestra a dos jóvenes policías que parece que estén aprendiendo, ¡así que lo que tienen que hacer es cosas de turistas como pasear, ir a los restaurantes,…! Yo estoy un poco asustada… y el argentino dice ¡che… no podríamos quedarnos hasta que consigamos plata para el colectivo! y a su vez, la chica francesa le ha dicho a la policía que es alemana. ¡Ahhhh! ¡Esta pareja está loca! 😯 Al final, la policía nos dice que recojamos y que aquí no se puede estar… bueno no ha sido tan grave… ¡ya nos veíamos en un cuartelillo boliviano! Le preguntamos a la pareja porque dijo que era alemana, resulta que ella nació en Alemania y al poquito su familia se mudó a Francia, así que se siente francesa. Y el argentino nos dijo que no pasa nada… ¡qué si hubiese tenido buena onda nos habría dejado!

¡Cómo pasa el tiempo! Comemos algo y otra vez en la terminal, nos vamos a Tarija. Esta carretera, es otra de las que mejor quedarse dormid@ antes de que empiecen las curvas. La luna al fondo, a un lado el precipicio, el camino de tierra y encojid@s en el asiento, una combinación a la que nos empezamos a acostumbrar, aunque la mejor parte llega cuando el bus ha de ir marcha atrás en pleno puerto de montaña. Tras unas 7 horas de viaje, llegamos.

Tarija es muy linda, tiene un clima templado, se cultiva uva y sus casas son blancas, si no wpid-wp-1437935147413.jpegfuera porque no hay mar podríamos decir que estamos en el Mediterráneo. ¡Plooof! ¿qué es eso? Nos han tirado un globo de agua. Vaaa, no te enojes será una chiquillada. Vamos hacia el parque de las flores, un montón de preciosas variedades, todo verdecito, un laguito en medio… y a la salida… ¡Plaaaf! Un vaso con agua… ¿pero qué es esto? Miramos a nuestro alrededor y niñ@s correteando con globos de agua, no tan niñ@s desde el coche nos apuntan con pistolas de agua,… Son Carnavales y acá tod@s salen a la calle a hacer guerras de agua y cualquiera que este paseando puede ser un buen blanco.

El clima cálido, un vinito boliviano, las flores del parque, una hamaca en el hostel, el gatito que ronronea… ¡Qué relax! y… otra vez en marcha…

Tempranito en la terminal y empezamos a mirar todas las boletarías. ¡No puede ser! ¡Desde aquí no se llega a Uyuni! ¡Nooo! ¡Otra vez la maldita carretera de Tupiza! No queda otra… toda la noche en el bus y de nuevo a las cinco de la mañana en la terminal de Tupiza a acurrucarse y esperar el bus hacia Uyuni que sale a las 10. Esas horas siempre se hacen tan pesadas… Pero todo llega… Hacemos cola para entrar en nuestro bus y escuchamos de fondo ¿cómo que hay que pagar? ¿qué derecho a terminal? Chicos, paguen… no hay alternativa… Les decimos resignad@s. Ya en el bus, la misma voz ¿pero si no se reclinan los asientos? ¡Si nos habían vendido como si fuera semi-cama. Chicos… “bienvenidos a Bolivia” les decimos entre risas…

En este momento aún no lo sabíamos pero estábamos a punto de empezar nuestro “Dakar: Tupiza-Uyuni”. Lo que fue una experiencia inolvidable.

wpid-wp-1437935152748.jpegEmpieza el viaje por una carretera de pura tierra, que con la temporada de lluvias era medio fangosa, la misma que unos días antes había sido parte de la ruta del Dakar. El paisaje es tan bello… el marrón rojizo, el cielo azul espléndido, la luz clara,… y bien despacito, el terreno no permite más velocidad, pero no importa… nos gusta mirar por la ventana… Nos paramos, el puentecito por el que debemos pasar con la lluvia se ha roto así que bajamos tod@s del bus porque va a ir campo a través de forma alternativa y con nuestro peso se puede hundir en el fango. Desde abajo observamos el bus… bufff… este conductor es un artista pero… grrr grrrrr grrrr. ¡Se atascó! Y empiezan a poner piedras bajo la rueda para desatascarlo… no hay manera… y de forma espontánea tod@s llevamos piedras, hierbas,… esto es el inicio de una nueva familia… No se mueve y… a empujar (si, a empujar un bus… ¿quién no ha empujado un bus en medio de la nada? 😉 ) Y al ratito ¡ueeeeeeeee! bus wpid-wp-1437935158077.jpegdesatascado. Una vez pasa el riachuelo, tod@s arriba. Comentamos la jugada mientras el autobús va sorteando el terreno, volvemos a pasar por algún riachuelo…uixx este formato bus-barca a veces da miedo… Parada técnica, toca repostar. Estamos en un pueblito minero. Algo se ha dañado durante el trayecto y paramos a arreglarlo. Miramos la montaña y un logo enorme de “Dakar”. Nos reímos… tiene más mérito esta ruta en bus que en 4×4. Empieza a llover y la “carretera” cada vez se ablanda más… Ya en marcha, cualquier frenada más larga nos hace pensar que en cualquier momento nos hundimos en el fango. Otra parada, y esta más larga de lo normal… llueve y un río, al fondo un hombre se desviste y empieza a cruzar el río. Comienza a nadar, la corriente es fuerte, el hombre desaparece… y los que le acompañaban en la orilla se meten al agua a su rescate. Medio bus baja. Estamos paralizad@s. Hay quien se pone a rezar… ¡Lo tienen! Regresan a la orilla… el hombre está a salvo. Resulta que un poco borracho, pensándose superman, había decidido cruzar el río a nado. Pero, un momento, ¡no puede ser! ¿y el puente? wpid-wp-1437935165799.jpegCarretera más río debería ser igual a puente. Es una ecuación básica pero, las matemáticas fallan… No hay puente. Con la lluvia el riachuelo sorteable ha crecido y se ha convertido en río. Vamos a pasar la noche aquí, en nuestro super bus “Autotransportes Tupiza”. Cogemos la manta de la mochila y el bus entero se da las buenas noches. 😉 Ya no llueve y la luna se refleja en el río…

Los primeros rayos de sol… estamos tod@s hiperquinétic@s. El río ha bajado pero el conductor y los copilotos (¿es o no es un dakar?) quieren tantear el terreno. Al otro lado de la orilla lo empieza a intentar un camión, estamos expectantes… ¡lo consiguió! y empezamos a aplaudir. Es nuestro turno, pero cuánto menos peso mejor, alguien grita: -Los hombres lo pasaran a pie! Sacamos las mochilas ya embarradas de los otros ríos del maletero y las subimos al bus para que no acaben peor y quizás no perderlas si el bus queda atrancado bajo el agua. Yo (Esther) también lo voy a pasar a pie, pero subo al bus a wpid-wp-1437935170622.jpegacomodar las mochilas que las hemos sacado del portaequipajes para que no se mojaran. ¡Broom, broom! Miro a la cholita… el bus en marcha… ¡ahhh, estoy surcando un río en bus! ¡guauuu! ¡Conseguido! Y empezamos a felicitar al conductor y a aplaudir. Mientras “los varones” a buscar algún paso en el río donde el agua no pase de la cintura y cuando lo encontramos uno centenar de metros más abajo… ¡Aahh! ¡Esta helada! El río baja aún con fuerza y el fondo es resbaladizo, por grupos, nos damos las manos para no perder a ninguno y con el corazón a 200 llegamos hasta la otra orilla. Es curioso mirarlos, parecen hormiguitas… Al volver a subir al bus… -¡Seños! ¡El próximo ustedes! ¡Qué esto es un lifting natural!

En este lado del río hay una aldeita, como locos de felicidad entramos en la casita de adobe que es el “restaurante-tienda”. Estamos tod@s hambrient@s, queremos algo caliente y reponer fuerzas. Lo que era un viaje de seis horas se ha convertido en veinticuatro. Por suerte, queda lo más fácil… ahora si, un horita más de bus y por fin en Uyuni.

Nos despedimos, casi abrazo al conductor, menudo viaje…

En Uyuni pueblo con nuestros nuevos amigos cordobeses (Argentina) vamos en busca de hostel. Pero en el camino unos chic@s que buscan cuatro personas para ir hoy al salar, han conseguido una superoferta después de mucho regateo. Bueno, la aventura es la aventura… Argentina, Chile y Catalunya en un 4×4.

Uyuni es el mayor y más alto wpid-dscn9753.jpgdesierto de sal del mundo, tiene una superficie de más de 10.500 km2 y está a una altura de 3650 msnm. Hace unos 40.000 años era un gran lago pero sus aguas empezaron a evaporarse y, poco a poco, se convirtió en un gran salar con una profundidad de 120 metros y con diez mil millones de toneladas de sal y 140 millones de toneladas de litio.

Estamos muy emocionad@s, son sensaciones indescriptibles, son aquellas que te invaden cuando vas a los lugares mágicos de la tierra. La primera parada es el cementerio de trenes, acá los trenes duermen felices entre el cielo turquesa y turistas que juegan con ellos. Si fuera tren me gustaría acabar aquí…

wpid-wp-1437935187620.jpegEl 4×4 abandona la carretera y empezamos a pisar el salar, es impresionante, y esto sólo ha hecho que empezar. Paramos en el hotel de sal. Nos descalzamos queremos sentir la sal en los pies. Es la inmensidad blanca… quizás es el escenario de la otra vida… el blanco es infinito… la “nada” blanca, la profundidad, la solitud, la belleza de la esencia,… sólo mirándolo puedes perderte…

Empezamos a jugar, es el escenario perfecto para las fotos, ante tal infinito puedes crear lo que quieras, la profundidad no existe y todo puede ser real.

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Nos llama nuestro conductor, pero es demasiado aburrido ir seis personas en un 4×4… así que nos subimos tod@s en la baca. ¡Qué locura! Uyuni en descapotable y encima en el piso de arriba 🙂 Esta vez el trayecto ha sido corto pero inolvidable.

wpid-dscn9757.jpgParamos donde se amontona la sal para secarla y después poderla vender, como es temporada de lluvias, pisamos charcos de sal. Las nubes están en nuestros pies. Es maravilloso… el cielo y la tierra son uno, el reflejo los funde. Es una imagen única, de aquellas que no quieres olvidar. Es un paisaje donde puede pasar cualquier cosa… parece el mundo de los sueños. Dejamos que las sensaciones nos entren por todas partes… los pies húmedos, las manchas de sal, el sol en la piel y la inmensidad de este lugar salida de otro mundo.

A lo lejos, una tormenta eléctrica, queríamos ver la puesta de sol pero las nubes grises han decidido hacer presencia. De regreso, en el 4×4 un espectáculo de rayos. La naturaleza es tan preciosa…

Aunque habíamos acordado acampar en el jardín de la señora de la agencia no sabemos cuanto hace que no nos duchamos… y llevamos dos noches seguidas “durmiendo” en bus… queremos una cama y agua caliente… Tras una cena sencilla, aunque en ese momento la mejor del mundo, una ducha y ya en la habitación, nos miramos, sonreímos, apagamos la luz. Somos felices.

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