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De la selva urbana a la capital de los Yungas


La Paz es una ciudad difícil de explicar, quizá la mejor palabra que la defina, para nosotr@s, es que es una ciudad bipolar. A veces, te encanta, otras veces no tanto… y conviven en un extraño equilibrio un montón de culturas originarias con el supuesto “desarrollo”. La historia del nombre de La Paz tiene un transfondo que nos encanta, ya que conmemora la restauración de la paz después de la Guerra Civil de 1548. Esta ciudad a 3250 msnm (siempre ponemos la altura, un dato que desde Barcelona pasaríamos por wpid-wp-1437502291699.jpegalto, pero no os imaginais lo que a veces cuesta respirar y como puede llegar a costar hacer cualquier cosa) es la capital del Estado Plurinacional de Bolívia, un país con más de 40 etnias/naciones distintas y con un presidente de orígen indígena. Un país donde todo puede pasar.

El centro de La Paz conserva edificios coloniales y su gris típico de ciudad que contrasta con los alegres colores de las vestimentas y las artesanías. Tenemos hambre y queremos comprar algo en el mercado, en teoría algo fácil pero a la práctica es todo un reto. El mercado es un laberinto, lleno de rampas que nunca sabes por donde se comunican, carteles por sectores que no sabemos cuantos másters se necesitan para entenderlos, paradas cerradas,… y por fin un puestito con pasta. “Seño, ¿nos pone fideos?”. La cholita mirando la tele, comiendo su sopa y girando la cabeza “¿cuánto?”, ” una librita”, “no”, se gira y sigue mirando la tele, parece que la telenovela es más importante… No sabemos que cara poner… lo seguiremos intentando… “Caserita” nos pondría unos tómates. ¿Cuánto? ¿En serio? No, gracias. La ciudad es muy turística y en cuanto te ven clarito de piel automáticamente en tu frente pone “gringo con plata”. Por suerte, siempre hay”seños” que te sonríen, preguntan de donde eres,… y te ponen un precio justo para tod@s.

Una de las cosas curiosas de la ciudad es que parece un embudo, al fondo del valle el centro, la parte antigua, y las laderas construidas hasta los topes por barrios perífericos, pero lo más bonito, y emblema del lugar, el Illimani una montaña de 6462 metros que pertenece a la Cordillera Real. Cuando cae la tarde los picos nevados con el sol se convierten en un verdadero espectáculo.

wpid-wp-1437502278187.jpegEs Navidad (aunque el post saldrá no sabemos cuando) y las calles están adornadas, hay
árboles decorados con llamitas y otros motivos, un mercado a lo “Santa Llúcia” con luces, pesebres con jirafas (¡sí! jirafas…), angelitos con chullo, inciensos, melodías… Nos entra la nostalgía… Mucho tiempo fuera de casa y una época señalada. Si miramos atrás, recuerdo no gustarnos mucho el hostel donde estabamos de voluntari@s, no convencernos la ciudad, su gente,… pero ahora quizá no supimos valorar lo que La Paz nos ofrecía… polos de canela (a los que nos hicimos adict@s), vistas espectaculares, olores y colores distintos… Puede que sea cierto lo que dicen que hay que escribir acerca de un lugar cuando un@ ya se fue porque… que mejor lugar que “La Paz” en Navidad.

No podemos estar en La Paz y no conocer el “Mercado de Brujas” con sus hierbas, inciensos, semillas, amuletos, piedras y un sinfin de objetos bizarros. Cajas con wpid-wp-1437502286944.jpegpócimas mágicas que prometen amor, dinero, salud,.. hechicería y magia, combinada con el poder de las plantas. Costumbres heredadas… mucho color, creencias, símbolos,… y fetos de llamas (¡nooo! 😦 ). El ritual dice que si sacrificas el feto de la llama y disecado se lo ofreces a la Pacha Mama y lo entierras en la entrada de la casa es la mejor forma de atraer la buena suerte y alejar las maldiciones. Creo que nosostr@s probaremos otras formas…

A las afueras de La Paz, otra sorpresa, el Valle de la Luna, una formación rocosa bautizada con este nombre por Neil Armstrong (el que piso la luna). Una curiosa formacion de pieda y arcilla que con la erosión del terreno fue convirtiéndose en un desierto de estalagmitas. Es todo de un tono marronoso, las formas de las piedras suaves y completamente de otro mundo. Si dejas volar la imaginación y piensas que no hay gravedad podemos soñar con que hemos ido a la luna. 🙂

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Uno de los medios de transporte, ya que el lugar tiene forma de U, es el teleférico, hay varias líneas:la roja, la verde, la amarilla,… hoy tomamos la roja. Hay una cola impresionante, pero nos hace ilusión. En la cabina, el imponente Illimani al fondo, y a nuestros pies callejuelas asfaltadas, otras de barro, casas muy muy humildes,… y todo bien empinado. Una vez arriba, el mercado del alto, no necesitamos nada en especial pero queríamos curiosear. Para amenizar el paseo un mocochinche, una bebida de durazno seco hervido con azúcar, canela y clavo, servida en bolsa y pajita y con el hueso de la fruta dentro. En este mercado puedes encontrar de todo, viejo o nuevo, pero de todo, ropa, calzado, comidas, muebles, piezas de ordenador, coches, platos, juguetes, chatarra, figuritas, teléfonos viejos y nuevos…

Después de unas tres semanas en la Paz queremos pasar el Año Nuevo, en otro lugar, que no sea una ciudad, queremos ver las estrellas. Nos vamos rumbo a Coroico y para llegar a la terminal tomamos un taxi, todo va bien, hasta que en una calle, de esas que parecen un tobogan, se abre el maletero y sale la mochila rodando. “¡NOOOOOOOO! ¡Mi mochilaaaaaaaaaa!” El taxista para con toda la parsimonia del mundo y bajo lanzada corriendo desesperada por mi mochila. ¡Qué susto! Tengo el corazón acelerado. El taxista mira el maletero y sin cambiar la expresión de la cara, nos dice: “No se como habrá podido pasar…”. Una vez en la terminal, vamos a abrir el maletero y esta bloquado, cuando por fin lo conseguimos y sacamos las mochilas, nos cuenta: “ves, esque pongo este trapo aqui porque si se cierra del todo se bloquea y no se puede abrir” Mmmm… y luego nos dice que no sabía como podría haberse escapado la mochila…

Tomamos una combi donde no cabe ni un alfiler, las cosas atadas arriba, y dentro donde en teoría debería haber unos diez asientos hay veinte, ¡esto si es aprovechar el espacio!. Se ve que aquí deben jugar mucho al tetris… Nos vamos a Coroico, cambiamos el clima andino de las alturas por un clima medio selvático en temporada de lluvias. Para llegar lo hacemos por una ruta nueva, ya que la tradicional es la Carretera de los Yungas o “Carretera de la Muerte” construida por prisioneros paraguayos durante la Guerra del Chaco (sobre 1930). Actualmente, está prohibida la circulación y sólo pueden acceder tours en bici, no sabemos si alegrarnos o entristecernos… nos presentaba mucha curiosidad… pero la verdad, después de leer que había una media de 209 accidentes al año con 96 muertos y que en 1983 un bus se precipitó al vacío dejando 100 muertos… casi que nos alegramos.

La nueva carretera no deja de ser peligrosa, pero por su manera de conducir… se circula por el carril que se quiere (bueno, no sabemos si existe el concepto de carril) y se pita; que hay una curva, se pita; que hay un túnel, se pita; que hay… se pita. La historia consiste en que ya se apartará el otro… Preferimos no fijarnos mucho… A su vez, la carretera es preciosa y hace mucho frío, por suerte vamos todos pegaditos, hay una niebla densa y de pronto las gotas de lluvia se transforman en nieve. ¡Qué hermosura! Esta montaña de vistas infinitas y nevadas… con casitas desperdigadas de adobe que emanan humo por sus chimeneas… La nieve se marcha… y un túnel… es magia, el paisaje ha cambiado completamente ¡estamos en los yungas! donde se unen los andes con la amazonía, una combinación de montaña y selva. Un trozito más y llegamos a Coroico, un pueblo chiquito, entre la montaña, un pueblito entre las nubes. 🙂wpid-dscn9430.jpg

A las afueras, “Los Jardines del Sol” donde nos quedamos de voluntari@s un par de semanas por acampar. El sitio es precioso, nunca podremos saber cuantos pájaros cantaban a la vez… mariposas multicolores, árboles de hojas majestuosas, monitos y colibríes… y mucha lluvia. Llueve de noche, pero a media mañana, el sol espléndido, las gotas de rocío en las flores…

Es fin de año y bajamos a la plaza del pueblo, no sabemos que nos encontraremos… Preparad@s con nuestro kit… pero… que raro, las campanadas no suenan… nuestro reloj imitación casio, comprado en cualquier bazar de Ecuador, nos da las campanadas, entre risas empieza el año, un poco de cerveza y fiesta, alegría y mucha ilusión. Persiguiendo nuestros sueños y continuando el camino.

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Tras el desierto


Llegamos a Chiclayo, una ciudad colonial fundada en el s.XVI, llena de lindas casas blancas bastante señoriales. Una familia muy numerosa nos acoge, pero su casa es enorme, un gran comedor que podría ser tranquilamente una sala de eventos y la habitación donde estmos tan grande que incluso podríamos perdernos en ella, es más tenemos hasta baño privado. Lo que es esta sociedad, ayer en un AAHH y hoy en una casa del Opus. Unos tanto y otros tan poco.

Amanece y nos vamos de excursión a Lambayeque donde en la plaza visitamos la feria del Kin Kong, un dulce que nos maravilla,  capas de una especie de galleta y en medio manjar blanco, dulce de piña y de maní mmmm…

A las afueras visitamos el Museo de las Tumbas Reales de Sipan. Se trata de los restos del Señor de Sipan de la cultura Moche que fue descubierto en 1987. El cual marcó un importante hito en la arquitectura latinoamericana porque se salvó de “guaqueros” y el mercado negro. Los restos son una maravilla, es una tumba al estilo faraónico, un entierro real de una civilización peruana anterior a los incas. En ella se encontraron capas y capas de materiales preciados como oro, plata, cobre dorado y piedras semipreciosas, así como también se hallaron conchas de Spondylus. El Señor de Sipan fue enterrado con todas sus pertenencias: narigueras de oro, orejeras, collares inmensos, sandalias de plata, tejidos preciosos, pectorales, cetros, brazaletes, cascos,… todo de un valor incalculable. Tantas eran sus pertenencias que sus huesos se encontraron hechos pedacitos del peso. Además de todos los tesoros al costado de sus restos hay tres concubinas, un niño, dos guardianes, dos llamas, un perro,…todo lo que le acompañó en vida. Casi no podemos creer todo lo que acabamos de ver… ¡menudo tesoro!

Tras un mercido descanso, un nuevo día, nos vamos al Bosque de Pómac, un bosque seco con un gran árbol milenario que vale contemplar y numerosas huacas construidas por la cultura Sican. Son numerosas pirámides hechas de tierra que a lo lejos forman parte del paisaje y se confunen con las montañas.

Después del paseo por esta extraña naturaleza, regresamos a Chiclayo al Mercado de Brujas, un sinfín de hierbas, piedras, amuletos, alumbre para el susto, objetos extraños,… que sirven como medicina natural y alternativa  y que conservan tradiciones ancestrales de los chamanes. Envuelt@s en este halo de misterio y misticismo nos resultan bien curiosas algunas pócimas ya preparadas en sus cajitas con nombres  como “Amarre de amor”, “Sígueme, sígueme”, … También, si quieren te leen las manos y hacen miles de rituales como traerte tu amor en siete días esté donde esté. 😯

Al salir del mercado, unas paraditas en las esquinas, ¡qué bien huele! una masa frita con forma de pequeños donas bañadas en una deliciosa mezcla de miel con canela e higos. Se llaman picarones, unos dulces típicos de algunas zonas de Perú. Mmmm ¡nos encantan!

Otra vez de excursión, nos vamos a Puerto Etén a ver los pingüinos  de Hamboldt que son una especie de color marrón y de tamaño más chiquito. Aprovechan la corriente de Hamboldt para vivir en el trópico ya que es una corriente de agua muy helada 😕

Tras una hora de micro allá aparecemos. Mucho calor , un aire molestoso que levanta arena, caminamos, no hay nada ni nadie. Parece un desierto. No vemos el fin. Tras tanto caminar encontramos una caseta encima de un mirador, allá nos dicen que es desde acá desde donde se ven los pingüinos. ¡Qué decepción!

Tendremos que confromarnos con estos pequeños, pero que triste verlos encerrados 😦 ¡Habrá que esperar a Patagonia! Pero aún nos queda mucho por recorrer…

 

PD: Las fotos de este post decidieron formar un grupo de rescate y salir en busca de las del anterior