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La masacre de la plata


Hace mucho frío y llueve, acabamos de llegar a Potosí, una de las ciudades más altas del mundo exactamente está a 3900 msnm así que ¡viva la coca para el soroche! Tomamos un busito para llegar al centro, por las ventanas vemos la cotidianidad del lugar, calles de grandes cuestas, puestitos de comida, cholitas con sus cabellos trenzados y grandes polleras… y los edificios majestuosos de piedra o de wpid-wp-1437844888745.jpegtonos pastel descascarillados que muestran el esplendor de antaño pero que se consiguió a cambio de un alto costo.

Llegamos a la placita muy linda y caminamos por una de sus pequeñas calles, al fondo admiramos el Sumaj Orcko o Cerro Rico, precioso, con sus infinitas tonalidades de rojo. La historia de este lugar es muy triste. En el siglo XV Huayna Cápac combatió en estas tierras contra los guaraníes y se maravilló con el Súmac Orco o Hermoso Cerro, que es el nombre que le habían dado inicialmente. Huayna Cápac ordenó la extracción de los materiales preciosos para llevarlos al Templo del Sol en Cusco pero se cree que la montaña rugió y los incas dijeron “Potocsi” , que quiere decir que truena, revienta o explosiona. Ante semejante estruendo los incas consagraron la montaña por lo que no excavaron sus tesoros. En una versión de la leyenda, con enorme influencia española, se cree que cuando la montaña habló a los incas les dijo “No saquéis la plata de este cerro que es para otros dueños” y de este modo se respaldaban de que la plata era para ellos.

Ante semejante hallazgo Potosí nació como “asiento minero” sin plan preestablecido, en un paraje de accidentada topografía con el único objetivo de explotar los recursos de Cerro Rico. De este modo, los españoles sometieron a los indígenas a una explotación infrahumana e imponiéndoles la “Mita”, el cual era un sistema de trabajo obligatorio usado en la zona andina, donde debían trabajar por más de dieciséis horas diarias cavando túneles y extrayendo la plata, donde derrumbes y accidentes eran muy frecuentes y en el caso de rebeliones las ahogaban con sangre y fuego. Sólo durante el 1545 y 1625 murieron más de 15000 indígenas. Pero, las ansias de riqueza, desgraciadamente, no acaban aquí. Con la terrible matanza de los indígenas los colonizadores piden permiso al rey para importar entre 1500 y 2000 esclavos por año. Los esclavos no tenían mejor suerte y en el periodo colonial se enviaron unos 30000 esclavos para trabajar en las minas donde incluso hacían de acémilas porque eran más “baratos” que los burros. ¡Qué crueldad humana! ¡Qué atrocidad! Todo por un trozo de metal…

Desgraciadamente se estima que unos ocho millones de personas han muerto en las minas, y a pesar de que las cosas han cambiado, hoy en día siguen trabajando unas 5000 personas de las cuales 800, son niños. Para ellos el Cerro Rico se llama “La montaña que come hombres vivos”.

Ante semejante realidad decidimos firmemente que no queremos ir a las minas con un tour, creemos que no es un espectáculo, que merecen un profundo respeto. Que el hermoso Cerro Rico es rojo porque brota sangre…

Esto es muy duro. Y sabemos que asimilarlo nos llevará tiempo…

Descansamos, y sin olvidar, queremos continuar. Paseamos por la ciudad, conocemos el mercado, nos encanta conocerlos, ver las comidas, sentir los olores, disfrutar de la gente y sus colores. Al ladito una parada de dulces, nos han recomendado que probemos la “tawa-tawa” un dulce como un bizcochito recubierto de miel, mmmm… ¡está riquísimo!
(parecen los fideillos del pueblo). Nos sentamos en la plaza, la altura como siempre nos hace descansar. El centro es muy tranquilo y nos gusta observar, los chicos que hacen wpid-wp-1437844893143.jpegmalabares, la cholita que nos ofrece dulces, el señor que cruza con prisa, la pequeña que entona una divertida cancioncilla,.. ¡Opps! El fuerte sol andino se transforma, una nube amenazadora, las gotitas de lluvia empiezan a caer y en el tiempo de llegar al hostal un diluvio con granizo incluido que cubre las calles de blanco. Parece que hoy será una tarde tranquila…

Son las ocho y suena el despertador, desayuno energético y preparad@s para nuestra excursión, nos vamos al “Ojo del Inca”. Aunque esta cerca, para llegar primero tomamos una combi del centro a la antigua terminal y después otra combi hasta el pie del camino. De ahí se asciende un poquito por un camino de tierra y en unos veinte minutos hemos wpid-dscn9551.jpgllegado. Las montañas son preciosas, tantos colores que parece un arco iris, pero… ¡no puede ser! ahí, en medio de la naturaleza más bella, escrito en la piedra de la montaña, un anuncio de una compañía de teléfonos. No es la primera vez que lo vemos, publicidad en
los lugares menos pensados… capitalismo en estado puro. Desviamos la mirada y un pequeño lagito con una circunferencia casi perfecta, es el “Ojo del Inca” una laguna de agua termal entre los cerros de origen volcánico. Nos sentamos a admirarla, y aunque no te bañes hay que pagar la respectiva entrada, que aún no sabemos muy bien porque… Nos quedamos en sus orillas y aunque el agua está bien calentita no nos atrevemos a bañarnos, ¡fuera hace mucho frío! miramos a los valientes que se bañan, jugamos con los gatitos y perritos que buscan algo para comer… y nos imaginamos a Huayna Cápac disfrutando de las aguas termales…wpid-wp-1437844881876.jpeg

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